El millonario tesoro minero que España esconde bajo tierra

Los proyectos de explotación aparcados provocan que nuestro país pierda al menos 6.700 millones en inversión y 28.000 empleos

La falta de investigación y las trabas políticas frenan la riqueza que brindan la tierras raras, el coltán y otros materiales clave en la era digital

MadridActualizado:

España siempre destacó por su gastronomía, su cultura, su gente... Esa dicen que es la riqueza de nuestro país; atrás quedaron los tiempos de la agricultura y todavía se esperan aquellos de bonanza para la industria. Casi 83 millones de turistas dieron el «sí, quiero» a esta España de servicios; lo que no sabían es que su gente, propios y extraños, vive cada día sobre un tesoro mayor. Removiendo la tierra está el botín de los recursos naturales.

En nuestro territorio había a cierre de 2017 -último ejercicio con datos, según el Ministerio para la Transición Ecológica- un total de 2.759 minas, que generaron un valor de producción de 3.280 millones (frente a los 2.890 millones del año anterior, cuando tocó suelo en un lustro). De esas explotaciones, 1.308 millones del valor se generaron en Andalucía, seguida de Cataluña con 404 millones. Además, la minería generó en España 29.640 empleos, de los cuales el 42% están relacionados con productos de cantera.

Sin embargo, en estas estadísticas, permanece en el olvido el «oro» del siglo XXI: las tierras raras, el coltán, el cobalto, el litio... Un cúmulo de materiales -algunos «críticos» y otros no, según la definición de la Comisión Europea- esenciales en el presente y el futuro. Sin ir más lejos, muchos de ellos son parte fundamental de los teléfonos móviles, de máquinas de alta tecnología, artilugios espaciales o vehículos eléctricos/híbridos. Entonces, ¿cuál es el problema si España dispone de reservas en su subsuelo? Que no se explotan por las trabas políticas y falta de investigación.

España tiene un saldo comercial negativo de 3.454 millones en minerales

El caso más paradigmático es el de las tierras raras en el proyecto de Matamulas en Ciudad Real. Las investigaciones de la empresa Quantum Minería detectaron allí un yacimiento -en Europa no existe este recurso-; al solicitar la concesión pertinente, el gobierno de Castilla-La Mancha se la denegó. «En muchos casos, la forma de plantear el tema por parte de algunas empresas quizás no siempre es del todo adecuada y se obvia mucho la comunicación con los grupos de interés. El proyecto de Matamulas no se hizo con todas las reservas que habría que hacerlo», dice Vicente Gutiérrez, director general de la Confederación Nacional de Empresarios de la Minería y de la Metalurgia (Confedem). Se refiere al trato con los grupos ecologistas, que suelen ser los responsables de que se paralicen los proyectos.

Las tierras raras, además, también están presentes en Galicia; Ricardo Prego, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, comentó en el pasado que en la ría de Vigo y la cuenca del río Miño existen estos materiales. De hecho, en esta comunidad autónoma hubo un proyecto de explotación pero la presión social y de las organizaciones ecologistas forzó a la empresa Umbono a desistir. «España tradicionalmente ha sido un país bastante minero, pero los últimos 40 años hay menos minas por la oposición de grupos ecologistas, con argumentos que son razonables. Pero hablamos de que los móviles necesitan estos materiales, los edificios necesitan minerales...los recursos son esenciales para el desarrollo de la gente. El problema es no querer explotar los recursos y sí las ventajas que te permiten el uso de esos recursos en la vida cotidiana», comenta Manuel Regueiro, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG).

Pérdida de empleos

Gutiérrez, de Confedem, añade que, incluso, la explotación de tierras raras «es la más sencilla de todas las que se pueden plantear en España». Los expertos consultados no entienden que nuestro país abandone este material por motivos políticos y presiones. Incluso, el director general de la patronal destacó en 2014 en una comparecencia en el Senado lo que España se estaba perdiendo por meter en un cajón los proyectos mineros. Como mínimo -decía entonces- España está perdiendo 6.700 millones en inversión privada y 28.000 puestos de trabajo directos e indirectos. En otras palabras, estamos hablando de duplicar la contribución de la minería al mercado laboral.

Uno de los principales problemas de la minería en España -y que ahora aflora ante la necesidad por ejemplo de tierras raras y coltán- está en el modelo de gestión. El Estado es el dueño del subsuelo en nuestro país, pero la gestión corresponde a las comunidades autónomas, a lo que hay que sumar la legislación municipal. Entran en juego tres ámbitos competenciales. Así, el proyecto de explotación de tierras raras en Ciudad Real se vio frenado por un gobierno autonómico.

Además, este es un sector con más mala fama que buena. «Hay desconocimiento de cómo la técnica minera ha progresado enormemente estas décadas. No puede ser comparada una operación de esta época con una del siglo XX», afirma Rafael Salgueiro, socio director de la consultora Idemina y profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Sevilla. Pese a ello, las críticas están siempre centradas en que España no ha realizado una apuesta fuerte por este sector, pese a poder disfrutar toda Europa de los minerales «críticos» españoles. «Hay que empezar por investigar, que lo tiene que hacer el Estado. Si no se hace nos quedaremos solo con los indicios de lo que puede ser aprovechable», prosigue este experto.

Regueiro, del ICOG, destaca que contamos con muchos yacimientos de barita -algunos en explotación-, pero muchos otros recursos que solo se intuye: berilio, antimonio, bismuto, cobalto, miobio, tantalio... De todos ellos hay indicios, pero no investigación. Y las tierras raras, hoy día, son un material elemental de entre todos ellos, como recoge Prego, del CSIC, para la fabricación de productos tecnológicos. Por ello, este experto reconoce que España no es el país que puede «salvar» a Europa de su dependencia en estos recursos; la falta de iniciativa y las trabas públicas hacen que nuestro país no esté en el mapa; de esta manera, Prego explica que las esperanzas de la UE están puestas en los países escandinavos y Groenlandia, donde podría haber grandes reservas.

Quizás sea la falta de conocimiento del sector o quizás sea la falta de voluntad política, pero por unas razones u otras, España desdeña la inversión en minería. Tal es así que el capital nacional apenas está presente, como reconoce Salgueiro, de Idemina: «La gente tiene la sensación de que los fondos extranjeros vienen y se aprovechan de la riqueza. La realidad es que para poder explotar una mina tienes que poner una cantidad enorme de dinero y correr muchos riesgos».

Frente a la desconfianza que genera el sector y que frena la investigación sobre minerales estratégicos, Gutiérrez, de Confedem, hace hincapié en que la inversión en el sector por parte del capital foráneo no es algo que llegue para luego abandonar la zona de la inversión. Este experto destaca que para poder llevar a cabo una explotación hace falta construir muchas infraestructuras, carreteras, puentes... y todo queda cuando los recursos se terminan. Además, pone en valor la calidad del empleo creado, sin olvidar que la mayor cantidad de la mano de obra de las minas suponen un impulso a esa España vaciada que estos meses tantos titulares ha copado.

Pero... ¿qué ocurre con las zonas mineras tras finalizar una explotación? Hay casos como el de la mina de As Pontes, en La Coruña: empezó siendo mina de carbón y, décadas más tarde, la han convertido en el lago artificial más grande de Europa. Varios miles de hectáreas en los que la fauna y flora se han multiplicado por cinco, según explican desde Confedem. Y también se encuentra el caso de la mina de carbón Emma, en Puertollano, que se ha reconvertido en zona de cultivos. Concretamente, ha pasado de contar con unos 7.000 olivos a más de 70.000; sin olvidar, también, el aceite con denominación de origen que ha surgido de una empresa en la zona a causa de esa renovación.

Dependencia exterior

España tiene en sus manos -más bien bajo sus pies- la capacidad para hacerse menos dependiente del exterior en recursos minerales. En 2018, bajo el epígrafe de «menas y minerales», nuestro país exportó materiales por valor de 4.843,98 millones de euros, frente a unas importaciones de 8.292,26 millones. Esto arroja un saldo comercial negativo en esta rama de 3.454,28 millones. Los expertos coinciden en que explotar ciertos lugares del territorio con minerales estratégicos haría de nuestro país un territorio sin tanta dependencia exterior de recursos que hoy día son más necesarios que nunca. Además, podrían convertir a España en una referencia europea. Es el caso del cobalto, el cobre, el litio, el coltán -del que disponemos la mayor mina europea y los expertos afirman que puede haber más yacimientos- y las tierras raras, entre otros. Estas últimas, en el caso de Ciudad Real, estaba prevista una producción de 2.100 toneladas/año, lo que haría que España tuviera en su poder más de un 30% del consumo de estos materiales en toda la UE.

Queda mucho por hacer y por investigar, y los analistas no se limitan a hablar solo de la Península Ibérica. En las islas Canarias hay evidencias de telurio, cobalto, lantano y tierras raras, entre otros materiales, pero en sus fondos marinos. Los mares también guardan parte de ese tesoro español desconocido. «Estamos desperdiciando España, su riqueza; ganaríamos en empleo y haríamos al país menos dependiente», dice Gutiérrez, de Confedem.

Asimismo, al proyecto de Matamulas hay que sumar otro también controvertido relacionado con el uranio en Retortillo (Salamanca). Berkeley Energía se ha visto impedido para explotar un yacimiento de ese material, lo que ha derivado en que la compañía se plantee abrir un procedimiento de arbitraje contra España.

Tierras raras, coltán, cobalto, telurio, litio... y un sinfín de materiales en los que España podría tener voz a nivel europeo y mundial. Por razones políticas y sociales, las explotaciones no terminan por salir adelante, aunque uno de los mayores problemas se encuentra en que las mismas instituciones y empresas desconocen el tesoro que puede haber «enterrado» por falta de investigación. La mina más grande de España será aquella que abra la veda a la investigación de un botín aún por descubrir.