El precio de la vivienda se ha disparado en zonas como la industrial Shenzhen
El precio de la vivienda se ha disparado en zonas como la industrial Shenzhen - PABLO M. DÍEZ

Las oportunidades de la desenfrenada urbanización en China

La burbuja inmobiliaria en el gigante asiático se infla en las grandes ciudades y estalla en las pequeñas

Mientras los precios se disparan en Pekín y Shanghái, hay millones de pisos vacíos en urbes de provincias

PABLO M.DÍEZ
Corresponsal en PekínActualizado:

Li Xiaobin, un empresario hostelero de Pekín, compró en 1999 un piso nuevo de dos habitaciones y 103 metros cuadrados cerca de Guomao, en el entonces incipiente distrito de oficinas de la capital china. A 8.400 yuanes por metro cuadrado, que en esa época equivalían a unos 760 euros (ni siquiera en circulación en ese momento), le costó 865.200 yuanes (78.654 euros). Lo acaba de vender por 5,8 millones de yuanes (795.000 euros). Más rentable aún le ha resultado la inversión en otro apartamento de una habitación y 60 metros cuadrados cerca de la Torre del Tambor, que compró en 2003 por 330.000 yuanes (33.000 euros). El precio de su metro cuadrado, que entonces era de 5.500 yuanes (550 euros de la época), se ha disparado ahora hasta los 80.000 yuanes (10.975 euros) por ubicarse junto a la Escuela Número 171 de Pekín, una de las que mejor prepara a sus alumnos para el «gaokao», la Selectividad china. Por 4,8 millones de yuanes (658.537 euros), Li Xiaobin se lo vendió hace unos meses a una pareja que quería llevar a su hijo a dicho colegio. «Como la economía se está ralentizando, la gente joven y con estudios se muda a las grandes ciudades porque en las medianas y pequeñas no hay oportunidades para trabajar», razona Li Xiaobin.

Las dos inversiones de este avispado empresario demuestran la descomunal burbuja inmobiliaria de las grandes ciudades chinas, donde los precios de la vivienda experimentaron en febrero su mayor subida desde junio de 2014. Según el Buró Nacional de Estadísticas, que recopila los precios en 70 ciudades, el incremento medio fue del 3,6%, muy por encima del 2,5% registrado en enero. Pero en Pekín y Shanghái llegó al 12,9 y 20,6%, respectivamente, y en Shenzhen, una próspera megalópolis industrial y tecnológica fronteriza con Hong Kong, alcanzó el 56,9%.

Mientras tanto, y debido a la abundancia de promociones de viviendas, los precios se han desplomado en las ciudades secundarias y, sobre todo, en las de tercer nivel, donde hay millones de pisos vacíos. «Como otros lugares son menos rentables, el dinero se concentra en Pekín, Shanghái, Shenzhen y Cantón (Guangzhou) y los precios se están acelerando porque hay inversores que se arrepienten de no haber comprado antes», explica Ning Zhu, profesor del Instituto Avanzado de Finanzas de Shanghái, en la presentación de su libro «La burbuja garantizada de China».

En él sostiene que «entre los chinos hay un sentimiento muy fuerte de que el Gobierno central debe garantizar sus inversiones por el bien de la estabilidad social», que es una de las máximas prioridades del régimen, junto al crecimiento económico, para legitimar su modelo autoritario. Por ese motivo, Ning Zhu asegura que «los inversores especulan todo lo que pueden con la Bolsa y la propiedad inmobiliaria» y «protestan, en ocasiones de forma violenta, cuando bajan los precios de las acciones y los pisos». Pero también advierte de que «si se pierde mucho dinero, las autoridades no van a estar ahí para devolverlo y la burbuja acabará estallando».

La industria del «ladrillo»

Acosado por la ralentización económica, la sobrecapacidad productiva, la caída de la inversión y el endeudamiento de gobiernos locales y empresas estatales, el régimen de Pekín se enfrenta ahora a un nuevo problema: la estabilidad del mercado inmobiliario. Una peligrosa bomba de relojería porque el «ladrillo» y su medio centenar de industrias relacionadas generan el 15% del Producto Interior Bruto (PIB) chino.

«Tras el desplome de las acciones del año pasado, el dinero busca refugio en el ladrillo»

Espoleada por el frenético crecimiento económico del país y su rápida urbanización, la burbuja inmobiliaria se disparó entre 2004 y 2009, pero, tras el estallido de la crisis, los precios bajaron en 2011 entre un 20 y 30% en Pekín y Shanghái. A partir del año siguiente volvieron a subir y, en mayo de 2014, sufrieron una nueva caída, ya que muchos inversores prefirieron meter sus ahorros en la Bolsa. Tras el desplome de las acciones el año pasado, el dinero busca refugio en el «ladrillo», concentrándose además en las plazas más seguras.

Mientras, en China abundan las «ciudades fantasma» donde millones de pisos siguen vacíos. A tenor del Buró de Estadísticas, en 2015 ocupaban una superficie total de 657 kilómetros cuadrados, el equivalente a la isla de Singapur, donde viven 5,5 millones de personas.

Contraste

La vivienda en Shenzhen, megalópolis industrial fronteriza con Hong Kong, ha subido un 56,9% en febrero. Mientras, la venta de suelo es una de las principales herramientas de financiación de las endeudadas administraciones locales, que han construido ciudades fantasma como Ordos, en Mongolia Interior.