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El petróleo en 2018: un paso adelante y dos para atrás

Es imposible prever su evolución en 2019 por las incertidumbres económicas y políticas

MadridActualizado:

El petróleo ha tenido en 2018, y como casi todos los años, un comportamiento impredecible. El tipo Brent, de referencia para Europa, empezó el año en el entorno de los 66 dólares el barril. Fue subiendo lentamente a lo largo de los meses, hasta que alcanzó un máximo de 86,29 dólares el pasado 3 de octubre. Y, ahora, acaba el año en mínimos de hace 16 meses.

La cotización del petróleo fue aumentando mientras estaba en vigor el recorte de la producción aprobado en noviembre de 2016 por la OPEP y sus aliados, entre los que están Rusia y México. Sin embargo, en junio de este año las directrices cambiaron: decidieron aumentar la producción para contener los precios, aunque no tuvo el efecto deseado. Desde octubre ha caído más de un 40%. Y eso que en aquellas fechas algún experto se preguntaba incluso si el crudo iba camino de los 100 dólares el barril, como en 2011.

Los motivos de este fuerte descenso son varios. El principal, los signos de desaceleración que muestran los países más industrializados, así como los estados emergentes.

Asimismo, están influyendo la guerra comercial entre Estados Unidos y China y el conflicto del Brexit entre el Reino Unido y la Unión Europea. A todo ello hay que sumar las decisiones que se están tomando en algunos países, como en la mayoría de Europa, para reducir drásticamente el consumo de hidrocarburos entre 2030 y 2050; el coto al diésel y la gasolina.

Incluso, llama la atención que el descenso más pronunciado del precio suceda en diciembre, justo después de que la OPEP y sus aliados decidieran volver a recortar la producción en 1,2 millones de barriles diarios para forzar una nueva subida de la cotización.

En este punto hay que subrayar que el principal enemigo de la OPEP está en su propio seno. La indisciplina de sus miembros es histórica y los mercados no se creen que ese recorte sea real y efectivo. Dicha indisciplina tiene su lógica, ya que Arabia Saudí, el mayor productor mundial de crudo, no tiene los mismos intereses que el resto de países que integran este cártel. La razón: que más del 90% de sus ingresos proceden de la venta de petróleo.

Además, prever la tendencia de 2019 es tarea imposible por la incógnita de cuál será la producción Venezuela y la de Irán a lo largo del ejercicio. El primero, por sus graves problemas políticos y económicos. El segundo, por el impacto del embargo impuesto por Estados Unidos a sus exportaciones de crudo. Todo ello sumado a cómo afecta a los precios del petróleo el «fracking» en Norteamérica. A partir de los 60 dólares el barril, esta industria es rentable, por lo que a EE.UU. tampoco le interesa que la cotización del crudo se desplome por debajo de ese nivel. En juego están miles de empleos e inversiones millonarias.

Y a ello se unen para el próximo año las consecuencias que podría tener el plan del nuevo presidente mexicano, López Obrador, para potenciar la industria petrolera del país, uno de los principales productores mundiales.