El presidente del BCE, Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi - REUTERS

El BCE quiere dejar un final abierto a sus compras de activos

Mario Draghi medirá su retórica sobre la normalización, después de años de fuertes estímulos

ROSALÍA SÁNCHEZ
CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

No se esperan grandes cambios de la reunión del Banco Central Europeo, pero sí podrían producirse algunos ajustes. Mario Draghi medirá su retórica sobre la normalización, después de años de fuertes estímulos, y podría hacer referencia a su disposición para incrementar el volumen o duración del programa de recompra de activos antes de anunciar en otoño cómo y cuándo comenzará a ir reduciendo las compras de bonos, pero tras la reacción al discurso de Sintra, en el que abría la posibilidad de cambios, será más cauteloso. Nadie desea hacer saltar todas las alarmas sobre un repliegue de sus políticas en mitad de las vacaciones de verano de los inversores.

Las declaraciones de Draghi en Sintra hicieron subir notablemente al euro y la rentabilidad de los bonos, y provocaron cierta matización. Esos ajustes graduales en la comunicación de Draghi podrían continuar hoy, con un cambio de postura hacia una más neutral, ya que el BCE tratará de suavizar el camino hacia el próximo anuncio de retirada gradual de estímulos en otoño. El objetivo es allanar el camino de retirada sin asustar demasiado al mercado de bonos. Hasta ahora, el BCE ha dicho que sus compras “seguirán ejecutándose al ritmo actual hasta diciembre de 2017 o más allá, si fuese necesario".

El principal problema del plan de Draghi es que, mientras que el crecimiento de la zona euro está en su mejor momento desde el inicio de la crisis financiera global hace una década y el desempleo está cayendo más rápido de lo esperado, el anémico crecimiento de los salarios sigue anclando la inflación muy por debajo de la meta del 2%, que según el plan de Frankfurt debería estar ya en el bolsillo. Las previsiones actuales indican que la inflación seguirá siendo débil al menos hasta finales de 2019 y se produce un desajuste temporal con la hoja de ruta.

Ese es uno de los motivos por el que el Consejo del BCE se inclinará seguramente por mantener un final abierto para sus compras de activos, en lugar de fijar una fecha frontera para terminar las adquisiciones de bonos. De esta manera, conseguiría preservar la flexibilidad del organismo en caso de que empeore el panorama económico de la zona euro o la inflación siga resistiéndose. En ese caso, el discurso de Draghi debería subrayar que no hay un curso prefijado para su programa de estímulo y que cualquier cambio sigue dependiendo de los datos económicos, con un enfoque especial en los salarios.

Si es necesario poner tantos paños calientes al cambio de política del BCE es porque este ha alcanzado una enorme dimensión. Según los últimos registros, por ejemplo, la institución presidida por Mario Draghi ha superado los 100.000 millones de euros solo en su programa más joven: el de la adquisición de deuda corporativa (CSPP). Este plan, anunciado en marzo del pasado año y puesto en marcha de forma efectiva en junio, ha comprado deuda colocada por diferentes empresas de la zona euro y, a pesar de no anunciar un volumen mensual efectivo, la media mensual de las compras de deuda corporativa del BCE se ha situado en los 7.500 millones de euros. En España son muchas las empresas que han logrado beneficiarse de forma directa a través de la compra de deuda por parte del BCE, como Telefónica, Gas Natural, Iberdrola, Red Eléctrica, Repsol, DIA, Redexis, Amadeus, Enagás, Merlin Properties, Madrileña Red de Gas, Cellnex, Mapfre, Abertis o Ferrovial, además de pymes que han visto cómo se abarataba la curva de costes.

En los últimos meses, sin embargo, el organismo ha encontrado serias dificultades a la hora de mantener el ritmo de las compras, una desaceleración que no le ha impedido superar esta simbólica cifra y situarse en los 100.338 millones de euros, prueba de que se está quedando sin deuda que comprar y de la retirada de estímulos debería estar cerca.

Aún así, Mario Draghi tendrá que extremar el cuidado sobre sus palabras porque diga lo que diga el efecto será pronunciado. Los analistas de Barclays Capital Research advierten: "una confirmación del lenguaje duro que el presidente Draghi utilizó en Sintra, cuando sugirió que el banco central puede acompañar la recuperación mediante el ajuste de los parámetros de política monetaria, debería producir un sell-off en los tipos a corto, con moderados riesgos alcistas para el euro/dólar. Por otro lado, un lenguaje más suave podría tener un efecto más marcado en el euro, pues los inversores tendrían que reevaluar sus expectativas de aumentos en las tasas de depósitos, y en la compra de activos".

También puede tener consecuencia para el euro, como le ha sucedido al dólar tras el cambio de discurso de la Reserva Federal y ante la perspectiva de la siguiente subida de tipos en EEUU, unque no llegará hasta finales de año. La divisa europea apenas ha mostrado reacción alguna después de la publicación del dato de la inflación del mes de junio, a la espera de que Draghi comience a hablar.