Las sociedades sólidas y cohesionadas necesitan de una clase media fuerte

«En materia social, una clase media existosa y amplia es el pilar mas sólido para la cohesion social, la estabilidad política y el buen gobierno»

Gabriela Ramos
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En la mayoría de nuestros países, pertenecer a la clase media es una aspiración y un logro. Es la principal fuente de movilidad social. Es también la fotografía que todos queremos tener, con perspectivas de mejorías para nuestros hijos y una mediana tranquilidad de que contamos con los recursos suficientes para enfrentarnos a los múltiples gastos familiares. En materia social, una clase media exitosa y amplia es el pilar mas sólido para la cohesion social, la estabilidad política y el buen gobierno. Sin clase media no puede haber proyecto-país. El contrato social se diluye y termina por desaparecer, minando a la propia democracia. En materia económica, la clase media es la principal responsable del consumo y de los impuestos que financian la inversión en educación, salud, vivienda, protección social, e infraestructuras. No hay desarrollo económico sin la consecuente ampliación de los individuos que pertenecen a este grupo social.

Durante muchos años, pertenecer a la clase media significó tener una vivienda propia y un trabajo digno para mantener un nivel de vida relativamente cómodo, con la perspectiva de dar un mejor futuro a los hijos y las generaciones venideras. Sin embargo, para muchos la realidad está hoy muy lejos de esos sueños.

En la OCDE hemos venido documentando la creciente desigualdad de los ingresos y las oportunidades y el sentimiento de injusticia que esto genera. Nuesto último análisis, "Bajo presión: la exprimida clase media" confirma que este grupo de población lo está pasando mal, y lo tiene cada vez más difícil para llegar a final de mes. También confirma que el tamaño de la clase media ha venido disminuyendo y la probabilidad de pertenecer a ella por parte de los jóvenes “milenials” es menor en comparación con las generaciones que les precedieron, como los “baby boomers”. A mediados de los años 80, en los países de la OCDE el 64% de los hogares era considerado como de ingresos medios, un porcentaje que cayó al 61% en el 2010. Tres puntos puede no parecer mucho a primera vista, pero es lo es en tan solo 25 años, y lo promedios esconden diferencias mas marcadas. En España la caída fue aún mayor, y sobre niveles totales más bajos: los hogares de ingresos medios pasaron del 59% al 55% en este mismo período.

¿Qué ha ocurrido? ¿Qué explica este deterioro? Nuestro informe identifica tres factores principales: justicia, costo de la vida creciente e incertidumbre laboral. En primer lugar, nuestro modelo económico no ha sido justo para la clase media. Los ingresos medios apenas han crecido en términos reales en los últimos 10 años y desde luego lo han hecho mucho más despacio que los grupos de altos ingresos. En España, la recuperación del ingreso medio real tras la crisis de 2008 ha sido casi un tercio más lenta que la del 10% de los que más ganan.

En segundo lugar, el coste de vida de la clase media ha aumentado significativamente y sigue aumentand. En los últimos 25 años, el precio que pagamos por servicios como la educación, la atención médica y especialmente, la vivienda han aumentado muy por encima de la inflación. En todos los países de la OCDE, la media del gasto en vivienda de los hogares de clase media aumentó del 25% a 32%. El caso de España es significativo, el peso del gasto en vivienda en el presupuesto familiar de los hogares de renta media aumentó del 24% en 1995 al 33% en 2015.

Debido a este incremento en los gastos, las familias han incurrido en deudas para mantener sus niveles de vida. Efectivamente, con precios cada vez más altos e ingresos cada vez menores, nuestra clase media lo tiene cade vez más difícil para ahorrar o incluso mantenerse al nivel. Esto es una fuente de estrés y desesperación. En España, prácticamente uno de cada tres hogares de ingresos medios se gasta más de lo que gana, frente a uno de cada cinco de media de los países pertenecientes a la OCDE. Tristemente, para muchos hogares españoles y de otros países de nuestro entorno, los deshaucios y la presión de las deudas son cada vez una realidad más presente.

En tercer lugar, nuestro informe destaca la creciente incertidumbre que debido principalmente a la revolución tecnológica afecta principalmente a la clase media en el mercado laboral,. Esta revolución amenaza los empleos de perfiles medios, que normalmente son los que tienen este grupo de la población. Más allá de realidades de hoy como los contratos de baja calidad y el llamado precariado, preocupan además las perspectivas futuras: uno de cada cuatro trabajadores españoles de ingresos medios trabaja en la actualidad en un empleo con alto riesgo de automatización, una vulnerabilidad mucho mayor que la de aquellos que disfrutan de un elevado nivel de ingresos.

Ante este panorama, es fundamental que los responsables de diseñar e implemenar las políticas públicas tomen las medidas necesarias para aliviar estas presiones y corregirlas. La desigualdad económica y la pauperización de nuestras familias tiene que ser la prioridad número uno. Una clase media próspera es el corazón y el motor del crecimiento incluyente que necesitan nuestros países. Desde la OCDE venimos destacando desde hace tiempo la necesidad de que nuestros sistemas fiscales sean más progresivos y efectivos, aliviando los impuestos a la actividad laboral y subiendo la presión a los dividendos del capital, la propiedad y las sucesiones, así como a las actividades contaminantes. Esto será especialmente importante en España, donde una ingente proporción de los ingresos tributarios vienen del trabajo, especialmente de las contribuciones a la seguridad social. La lucha contra la evasión y la elusión fiscal, que ha sido una prioridad para la OCDE es fundamental, para dotar a los gobiernos de los recursos necesarios para invertir en educación, salud y vivienda de calidad.

Además, los países deberán hacer frente al aumento del coste de la vivienda, la educación y la atención médica. Para ello serán necesarias medidas como el aumento de la oferta de vivienda asequible o ayudas específicas al acceso a la misma, ya sea en materia de alquiler o de regímenes hipotecarios más favorables para el comprador.

Por último, nuestro informe destaca la importancia de invertir en educación. Sin educación no hay futuro para la clase media. Garantizar el acceso continuo a una educación de calidad, a todos los niveles, el desarrollo de una Formación Profesional atractiva y el fortalecimiento de la formación continua y de adultos serán cruciales para mejorar la empleabilidad en un mundo laboral cambiante. Pero también hay que asegurar servicios de calidad para la infancia temprana, particularmente de cero a los 4 años de edad, para asegurar que los chicos de familias desfavorecidas tengan un entorno de cuidado y desarrollo.

En muchos países, incluida España, existe una creciente sensación de injusticia en segmentos cada vez más amplios de la población. Hay que entender las raíces de este fenómeno y darles respuesta. Nuestro último estudio es una llamada urgente a la acción. Una llamada para apoyar a nuestra “exprimida” y decreciente clase media y promover un crecimiento económico incluyente, que dé a las personas los recursos, las habilidades y las oportunidades para desarrollarse plenamente y poder ser felices.

Gabriela Ramos es directora de Gabinete de la OCDE

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