El ministro de Finanzas portugués, Mário Centeno, ha sido elegido nuevo presidente del Eurogrupo
El ministro de Finanzas portugués, Mário Centeno, ha sido elegido nuevo presidente del Eurogrupo - EPA

Los sospechosos del sur se reivindican con Mário Centeno como presidente del Eurogrupo

La llegada de un ministro luso a la presidencia del Eurogrupo es el símbolo de la estabilización de los PIGS, los antiguos enfermos de la Eurozona

MADRIDActualizado:

El estigma de los PIGS se diluye. La llegada de Mário Centeno, el ministro de Finanzas portugués, a la presidencia del Eurogrupo tiene un indudable carácter simbólico. El máximo responsable de la economía de uno de los países rescatados durante la gran crisis de deuda europea está ahora al frente del órgano que coordina las politicas económicas de los Estados de la Eurozona. Y eso, no es solo un espaldarazo a las políticas del «Ronaldo de la economía», sino un paso adelante hacia el restablecimiento de la confianza en los países del sur de Europa, los grandes señalados en los años de vértigo y caída al abismo que a punto estuvieron de arrasar con la casa común europea.

España, Portugal, Grecia e Italia fueron sospechosos habituales por evidencias incontrovertibles, pero el acrónimo sangrante que los envolvió bajo el mismo remoquete ya escondía una buena ración de prejuicios y sangrantes tópicos. El propio presidente saliente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, no se privó hace apenas nueve meses de asegurar que «uno no puede gastarse todo el dinero en copas y mujeres y luego pedir que se le ayude». Un prepotente exabrupto que confirmaba que hay marcas y manchas que resultan casi indelebles.

Pero los «enfermos de Europa» parecen comenzar a respirar al fin con normalidad. Con tareas pendientes y algunos problemas estructurales aún enquistados, sus economías ya dan al menos señales de unas constantes vitales estabilizadas. España lidera el crecimiento de la Eurozona con tasas anuales superiores al 3%, Portugal ha conseguido esquivar el procedimiento por déficil excesivo y vive en un ambiente de desconocido optimismo, Grecia ha vuelto a los mercados financieros y ha acabado con nueve años de recesión e Italia también crece en torno al 1,5% a pesar de lo que se esconde debajo de las alfombras de su sistema financiero. Puede parecer poco, pero basta recordar el punto de partida para entender que los avances no han sido pequeños.

La abultada deuda, los problemas para contener el déficit, la escasa competitividad, el paro y la baja calidad del empleo son elementos repetidos en los viejos compañeros de acrónimo, pero la desconfianza ya no acompaña cada uno de sus pasos. Es cierto que su rehabilitación hubiera sido imposible sin la mejora económica generalizada, el apoyo financiero previo y la política monetaria del BCE, pero también que, por convencimiento u obligación, los gobiernos de distinto color han abordado reformas que convenía hacer. Solo el tiempo y los cambios de ciclo confirmarán si han sido suficientes. De momento, con el efecto Centeno como símbolo, el sur se reivindica y comienza a espantar las viejas sospechas.