Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE)
Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE) - REUTERS

El testamento de Mario Draghi antes de dejar la presidencia del BCE

Los nuevos pronósticos de crecimiento e inflación serán las principales pistas para averiguar si su política se mantendrá en el tiempo incluso después de su jubilación

BerlínActualizado:

Draghi ha mantenido el tipo hasta después de las elecciones europeas. Una nueva etapa está a punto de comenzar y el italiano pasará a la historia por haber sorteado la madre de todas las crisis financieras a base de estirar el estatuto del BCE y eliminar las similitudes que en su nacimiento se establecieron con el Bundesbank alemán.

Su cargo es uno de los muchos que los líderes europeos están ya negociando con uñas y dientes y cuando haga públicas las condiciones de sus nuevas inyecciones de liquidez a largo plazo, no solamente estará leyendo el protocolo de la última reunión del Consejo, sino también su propio testamento al frente de la institución. Se espera sean muy atractivas y que el Consejo mantenga el periodo de tipos cero, tal y como estaba previsto. Los nuevos pronósticos de crecimiento e inflación serán las principales pistas para averiguar si la política Draghi se mantendrá en el tiempo incluso después de su jubilación.

El Consejo de Gobierno del BCE, por cierto, se reúne este jueves en Vilna debido a que tradicionalmente celebra una vez al año su reunión de política monetaria fuera de su sede central en Fráncfort. Allí se decidirán las condiciones de la tercera ronda de operaciones de financiación a largo plazo, que comenzará en septiembre, con el viejo objetivo de que los bancos presten a la economía real, a las empresas y hogares.

El BCE dejó de comprar en enero deuda pública y privada de la zona del euro, aunque sigue reinvirtiendo el principal de los bonos que vencen. En marzo decidió posponer la primera subida de los tipos de interés hasta 2020 y dejó claro que, cuando comience a subir los tipos de interés, incrementará primero la tasa de interés a los depósitos bancarios, que es negativa, del -0,4%. A causa de la baja inflación y crecimiento, el BCE podría anunciar que mantendrá los tipos de interés también en 2020 y que introducirá un sistema de tipos de interés negativos escalonado a los depósitos, pero la caída de las expectativas de inflación aumentaría el riesgo de que el BCE vuelva a cambiar la orientación sobre la política monetaria.

Una de las peores piedras en el zapato que ha tenido que sobrellevar Draghi durante su mandato ha sido la situación de su propio país, Italia, donde en las relecciones europeas ha triunfado la derecha radical de La Liga, que vuelve a mantener un pulso con la Comisión Europea por su presupuesto. El asunto será abordado por el Consejo en Vilna y su dictamen será tenido en cuenta por las autoridades europeas. La preocupación por el presupuesto de Italia ha presionado a la baja la cotización del euro, aunque desde el martes ha recuperado posiciones por las expectativas de bajadas de las tasas de interés en EEUU.

Pero Draghi siempre se ha atenido al principio básico: «El BCE es el regulador de todos los países del euro, independientemente de la nacionalidad de sus funcionarios», y su principal intención ahora esdejar atadas las directrices de la política monetaria tras su marcha, al menos, a corto plazo.

Los últimos informes internos del todopoderoso servicio de estudios del BCE inciden en la preocupación de los inversores, que parecen haber perdido confianza en un despegue de la actividad. Los datos certifican que los efectos de los estímulos monetarios, básicamente la adquisición masiva de deuda soberana, corporativa y financiera por valor de 3 billones de euros desde junio de 2015 hasta su supresión a principios de año, han surtido efecto.

Los créditos privados formalizados en los mercados inmobiliarios y para la financiación de empresas se mantienen estables o ligeramente al alza, al igual que la masa monetaria en circulación. Pero también revelan que la zona del euro se siente cómoda con los tipos de interés próximos a cero y Draghi tratará de atornillar cuanto pueda esa medida a pesar de las quejas de los bancos, muy especialmente los alemanes, que repudian una anomalía que perjudica su negocio esencial y que mengua sus beneficios.

Draghi expondrá además la opción de rescatar políticas de estímulo si la economía del euro sigue de capa caída o si las amenazas globales se tornan en conflictos mayores. Sobre todo con previsiones de inflación claramente por debajo del objetivo del BCE del 2%. En realidad, la continuidad de su obra al frente de la entidad dependen de una carambola. Si la pinza entre liberales y socialdemócratas tumba la pretensión de los conservadores de convertir al alemán Manfred Weber en el próximo presidente del Ejecutivo comunitario, su cargo sería para el actual presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, el mayor obstáculo con el que se ha encontrado Draghi en sus ocho años de mandato. Si finalmente ha de ser Weidmann el albacea de su testamento, el italiano no puede albergar muchas esperanzas de que sus últimas voluntades sean cumplidas en el BCE.