Los «millenials» y la generación «zeta» están dispuestos a gastar más que sus predecesores
Los «millenials» y la generación «zeta» están dispuestos a gastar más que sus predecesores - E. SAN BERNARDO

El turista digital gasta más para vivir emociones

La transformación del turismo, condicionada por la caída de la demanda extranjera, obliga al sector a cambiar el modelo de negocio

MadridActualizado:

El hecho de que el PIB turístico evolucione por debajo del crecimiento de la economía española evidencia la desaceleración de un sector que supone más del 15% del PIB y el 13% del empleo nacional. Y es que, tras los últimos cuatro años de bonanza, la demanda extranjera en España se ha resentido.

La pernoctación media ha disminuido, dada la democratización del transporte aéreo que ha permitido que los viajes sean más cortos, favoreciendo el turismo urbano en detrimento de los destinos de sol y playa. Y, sin embargo, el gasto medio por viajero ha crecido. «Tenemos un turista que viene menos días pero gasta más», cuenta el socio responsable del sector turismo y ocio de KPMG, Luis Buzzi.

Además, hay que atender a otro tipo de visitante, que desestima las vacacionales tradicionales. Las nuevas generaciones, los «millenials» y los «zetas», están dispuestos a gastar más que sus predecesores; un nuevo perfil de turista que ya no busca el destino familiar de sol y playa, sino una oferta diversificada de ocio y cultura.

Para estos «viajeros digitales» se requiere un modelo de comunicación diferente, pues están acostumbrados a comparar online, a seguir las tendencias en las redes sociales y a decidir sus viajes a última hora. «Están dispuestos a gastar para vivir emociones», asegura Buzzi.

Transformar el modelo de negocio

Después de la crisis, las grandes compañías hoteleras aprovecharon el momento y reposicionaron sus activos. Esta inversión oportunista —acompañada de una ola de turistas— les ha permitido aumentar sus ingresos en los últimos cuatro años.

Pero solo algunas firmas siguieron esta estrategia, e invirtieron cantidades que oscilan entre los 600 y los 800 millones de euros, con lo que redujeron su deuda —desde entonces, Grupo Barceló tiene sus cuentas saneadas—. Así, «los modelos de negocio de los distintos agentes tienen que cambiar», apunta Buzzi.

Las estrategias de las compañías hoteleras son muy variadas, algo excepcional del sector turístico. Mientras los grupos de máximo nivel apuestan por reinvertir sus ingresos en nuevos hoteles y destinos (en lugares más desconocidos de Asia y África), otras cadenas no contemplan la inversión propia y operan bajo contratos de arrendamiento.

Aquí entran en juego las alianzas y los inversores, que optan por destinos más cercanos con nuevas oportunidades de rentabilidad, en países como Montenegro o Albania. «Los inversores piden contratos de alquiler porque quieren rentas aseguradas», explica el socio responsable de inmobiliario de KPMG, Ramón Gayol, que añade que «en el sector hotelero los tenedores de activos están muy atomizados y no es fácil ganar carteras importantes». Además, estos gestores piden estrategias de crecimiento: diversificación, monetizar los activos para conseguir liquidez y asociarse así con terceros con el objetivo de crecer en otros países.

Próximos desafíos

Ante el cambio climático, muchos países optan por gravar aquellas prácticas que consideran nocivas para el medio ambiente, como el impuesto a la aviación anunciado por el Gobierno francés. «La tasa en sí misma nunca es un elemento dinamizador de la economía», sostiene Buzzi, quien destaca que los hoteleros cumplen con las políticas medioambientales y están dispuestos a invertir en favor de un servicio más eficiente —el caso de Iberostar, que asume los costes de eliminar el plástico—.

En cuanto al modelo de alquiler turístico, que también ha hecho mella en el sector, los expertos opinan que debe exigirse lo mismo tanto a los pisos como a los hoteles. «No puedes jugar con reglas diferentes», zanja Buzzi.

Y el reto por excelencia: que el turismo se perciba como algo positivo. «Hay que hacer entender a los ciudadanos que los turistas son elementos generadores de riqueza y que la saturación es el menor de los inconvenientes», afirma Buzzi.