Trabajadores de Inés Rosales durante el proceso de moldeado de la torta de aceite
Trabajadores de Inés Rosales durante el proceso de moldeado de la torta de aceite - ABC
ECONOMÍA

¿Cómo pasó Inés Rosales de hacer cada día a mano 240 tortas de aceite a 400.000?

La empresa sevillana nació en 1910 en Castilleja de la Cuesta y en 1985 estuvo a punto de desaparecer al estar en bancarrota

SevillaActualizado:

La fábrica de Inés Rosales, ubicada en el municipio sevillano de Huévar, fabrica 400.000 tortas cada día con una plantilla de 138 trabajadores, la mayoría mujeres. La empresa, que nació hace más de cien años en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) factura hoy 16 millones de euros y sus tortas hechas a mano se venden en tiendas de 38 países: desde España a Corea. Detrás de esta historia de éxito está una mujer, Inés Rosales, y un hombre, su actual presidente, el gaditano Juan Tocino. Inés Rosales puso la semilla de la actual compañía con una fórmula original con la que comenzó fabricando unas 240 tortas diarias para venderlas en Camas (Sevilla); Juan Moreno sacó a la compañía de la bancarrota en 1985, cuando estuvo a punto de desaparecer y la marca estaba desahuciada.

El primer hito de la compañía tuvo lugar en 1910, «cuando la sevillana Inés Rosales, agobiada por problemas familiares económicos decide usar una receta familiar, la de las tortas de aceite. Pide fiado para comprar aceite, harina, matalahúva y ajonjolí. Hizo 20 docenas de tortas, se fue a Pañoleta, en Camas, y las vendió todas. Ese es el arranque de lo que hoy es la marca Inés Rosales», señala el presidente de la compañía.

Fábrica original de Inés rosales en Castilleja de la Cuesta
Fábrica original de Inés rosales en Castilleja de la Cuesta - ABC

En 1934 murió Inés Rosales y un hermano suyo se hace cargo de la fábrica porque su hijo, Francisco Adorna Rosales, es aún pequeño. «Las tortas de Inés Rosales fueron el primer dulce manufacturado sevillano que se vendía fuera de la provincia y se convirtieron en los años de la carestía en un producto de regalo. Se produjo una expansión natural de las tortas, ayudando así a su distribución y conocimiento de la marca más allá de Andalucía».

«La tensiones sindicales y las exigencias legales para la fabricación generaron dificultades para las que Francisco Adorna no estaba preparado para afrontar. En 1982, con la compañía sumida en una gran crisis, decidió venderla a un grupo de inversores sevillanos a los que deslumbró la marca Inés Rosales. Pensaron que la empresa rodaría sola pero no fue así», añade Juan Moreno.

Lo primero que hicieron los nuevos socios de Inés Rosales fue modernizar la presentación, haciendo desaparecer la parafina de su envoltorio y con ello la magia de abrir el paquete y comerlo dentro de ese papel. Se cambió la presentación con la idea de modernizar el producto después de 75 años, algo que no fue bien entendido por los consumidores.

En 1985, Inés Rosales vuelve a cambiar de propietarios, entre los que se encontraba Juan Moreno, un marino mercante que había navegado por medio mundo. Él compró un 25% del accionariado y se encargó de la dirección de la compañía. En marzo de 2002, el resto de los accionistas pierden interés en la compañía y terminan por vender el otro 75% a la familia Moreno. Entonces se amasaba, se hacían la tortas y se cocían de manera aún muy artesanal. La economía de la compañía no era precisamente boyante: las ventas sólo daban para pagar las nóminas pero no a los proveedores.

Operario amasando en 1985 la harina con la que se hacían las tortas de Inés Rosales
Operario amasando en 1985 la harina con la que se hacían las tortas de Inés Rosales - ABC

«Lo primero que comprendimos -dice el presidente de Inés Rosales- es que había que aumentar la productividad, cambiar los procesos fabriles para incrementar la rentabilidad de la empresa y recuperar la credibilidad de la marca y el papel parafinado del envoltorio de las tortas. Sabíamos que no podíamos vender ningún producto nuevo mientras hubiera tortas antiguas en el mercado. Decidimos que había que retirar las tortas que estaban caducadas, rancias y con presentaciones antiguas. Nos gastamos cinco millones de pesetas recorriendo España en abril de 1985 con mi hermano y un trabajador, y comprando todas las tortas antiguas de Inés Rosales que había en el mercado. Eso es fácil para una multinacional, pero no para una pyme. Era un gasto arriesgado y un acto de valentía pero dio confianza a los clientes, que nos abrieron las puertas cuando volvimos con las tortas con un envase tradicional de papel parafinado. Cuando las comía, inmediatamente la gente decía: "Estas son como las de antes". En junio de 1985 ya estábamos haciendo horas extras para atender la demanda y, lo que era mejor, la gente nos pagaba por adelantado los pedidos. Eso nos permitió no tener que recurrir a financiación externa».

Cada trabajadora moldea 5.797 tortas cada día

En 1991, Inés Rosales traslada su producción de Castilleja de la Cuesta a Huévar del Aljarafe, donde levanta una fábrica moderna de 8.000 metros cuadrados. «En 1985, la capacidad de producción por empleado en una jornada de ocho horas era de 813 tortas. Hoy es de 5.797 tortas por operario en un día», añade Moreno, quien destaca que se ha aumentado la capacidad de producción por empleado sin variar la forma de elaborar las tortas. «Esas trabajadoras saben que todo el patrimonio de la torta reside en sus manos», explica el presidente de Inés Rosales.

¿Cómo se logró multiplicar por ocho la capacidad de producción? La empresa ha cambiado la operaciones, la organización, la comecialización, el marketing y se ha hecho internacional, lo que le permite fabricar cada día 400.000 tortas. Así, en su fábrica se amasa automáticamente la masa y del recipiente donde cada trabajadora cogía un «pellizco» de masa para moldear la torta se ha pasado a una cinta transportadora en la que aparecen ya las bolitas de masa para que cada operaria las coja, las moldee a mano y las pase por azúcar, dejándolas a continuación en la misma cinta en dirección al horno.

Además, ahora Inés Rosales tiene hornos inteligentes que cuecen cada torta de 36 gramos en siete minutos y dispone de maquinaria que envuelve las tortas en papel de parafina, reduciendo los movimientos de doblado de 22 a 16. Los procesos de automatización no han supuesto reducciones de plantilla, subraya el presidente de la fábrica de tortas.

Tortas de aceite de Inés Rosales saliendo de los hornos inteligentes de la compañía
Tortas de aceite de Inés Rosales saliendo de los hornos inteligentes de la compañía - ABC

Pero el cuello de botella sigue siendo el moldeado manual de la torta. ¿Una empresa del siglo XXI puede estar soportado por este modelo de elaboración artesanal? «Es complicado -admite Juan Moreno- porque mantener ese modelo es de una exigencia empresarial grandísima porque todos los cuellos de botella que había en la producción han desaparecido, salvo el del modelado a mano de la torta. Algún día encontraremos la manera de solventarlo pero teniendo muy claro que no puede cambiarse nada. No sé cómo vamos a hacerlo pero estamos estudiando un modelo diferente de producción en un departamento de I + D + i que hemos creado en la fábrica».

De las 400.000 tortas que fabrica cada día Inés Rosales, el 25% de las cuales se destina al mercado exterior, como Estados Unidos, donde ya vende un millón de euros en tortas y tiene delegación propia. Ahora ha entrado en el mercado coreano, por lo que prevé incrementar su producción. Como no tiene capacidad ociosa en su fábrica, creará una nueva unidad productiva en la misma planta de Huévar del Aljarafe, que le permitirá duplicar la fabricación de tortas y alcanzar las 800.000 tortas cada día si el mercado lo exige. Para ello, la fábrica cuenta con espacio suficiente, ya que sólo ha usado 8.000 de los 22.000 metros cuadrados que tiene en Huévar.

Moderna fábrica de Inés Rosales, ubicada ahora en Huévar (Sevilla)
Moderna fábrica de Inés Rosales, ubicada ahora en Huévar (Sevilla) - ABC

Juan Tocino declara que tuvo la suerte de tropezar con «una marca potente como era Inés Rosales, lo cual era una garantía de que las acciones e incluso los errores de los empresarios fueram minimizados». La marca ha crecido, según su presidente, apoyada en «la emoción, la tradición y la fidelidad de los clientes». Para muchos españoles, la torta de Inés Rosales ha sido como la famosa magdalena de Marcel Proust, un modo de evocación de recuerdos de la infancia. En EE.UU. hay incluso clubs de fans que han colgado en internet tutoriales para enseñar cómo se come una torta de Inés Rosales.

Aunque Inés Rosales ha innovado desde hace 25 años se cuida mucho ahora de no modificar sus ingredientes, su modo de elaboración y la presentación de sus tortas. El presidente de la compañía reconoce que cuando se abandonaron los valores fundamentales de estas tortas de aceite «la compañía estuvo en riesgo de desaparecer».

Ahora Inés Rosales estudia la posibilidad de hacer una planta para producir energía junto a la fábrica de Huévar y reducir así sus costes. Quizá en unos años podamos comer tortas de aceite cocidas con energía solar.