Abengoa diseñó un sistema diferenciado de acciones A y Bpara salir a cotizar al Nasdaq
Abengoa diseñó un sistema diferenciado de acciones A y Bpara salir a cotizar al Nasdaq - ABC

El día en el que Inversión Corporativa aceptó caer al 1% de Abengoa

Con solo un 20% del capital de la compañía, las familias fundadoras han controlado la negociación

SEVILLAActualizado:

En abril de 2011 Abengoa adoptó una decisión que, cinco años después, ha sido la que ha marcado la dura negociación con sus acreedores financieros. La compañía dividió entonces su capital en dos clases de acciones, las tipo A (que son las que dan derechos de voto en la junta de accionistas) y las B (con los mismos derechos económicos pero sin capacidad de influir en las decisiones de la empresa). Eran los meses en los que esta multinacional se lanzó a captar fondos para mantener su apuesta por la energía termosolar, lo que también condujo a la venta de Telvent y posteriormente Befesa. «Tenemos la oportunidad de liderar un sector de las renovables como es la termosolar y hay que aprovecharla, no nos puede ocurrir lo mismo que con la energía eólica», argumentó entonces Felipe Benjumea a uno de sus colaboradores en Telvent (a la que nunca dejó de llamar Sainco, su nombre original).

Acciones de la discordia

Tras colocar sus dos filiales emblemáticas, el objetivo fue captar fondos vendiendo una parte de la matriz pero sin perder el control, de ahí la decisión de crear títulos A y B. La primera operación fue la entrada del fondo First Reserve, que se hizo con el 16% con estos nuevos títulos. En 2013 llegó la ampliación de capital en el Nasdaq de 430 millones de euros. Inversión Corporativa, la sociedad que agrupa a más de 300 accionistas de la segunda y tercera generación de las familias fundadoras (Benjumea, Aya, Abaurre, Solís y Sundhein), había logrado su objetivo: controlar casi el 60% de la junta de accionistas cuando, en realidad, ya habían dejado de ser los dueños del 54% y para pasar a controlar el 35% del capital. Esta disociación entre propiedad y control ha distorsionado ahora el proceso de negociación.

Inversión Corporativa ha llegado al preconcurso con apenas un 20% del capital de Abengoa —algunas entidades financieras ejecutaron garantías sobre acciones pignoradas— pero con más del 50% de los votos. Con estos mimbres, Benjumea ha tenido estos meses un doble objetivo. Por un lado, presentar un plan de negocio que mantuviera, en esencia, la estructura actual de la compañía, sin grandes desinversiones y amputando solo aquellas divisiones claramente deficitarias (lo que reduciría tan solo un tercio de los ingresos, hasta 5.000 millones). Esta pretensión, que favorecía el mantenimiento del empleo y la actividad, tenía una segunda derivada. Y esta otra meta era que el 100% de los actuales propietarios de Abengoa redujeran su participación (tras las quitas y capitalizaciones por parte de los acreedores de casi 7.000 millones) a un 12,5%, y que este porcentaje pudiera elevarse al 30% si se cumplían los hitos del plan de viabilidad. Sobre el papel, Inversión Corporativa podría aspirar en cinco años a tener así el 10% de una empresa que estaría valorada en 5.000 millones, con lo cual también solucionaría la crisis patrimonial de los accionistas históricos (Inversión Corporativa también está en preconcurso con una deuda de 70 millones de euros). Ésta es la propuesta que defendió a partir de enero el entonces presidente José Domínguez Abascal.

Crece la tensión

Sin embargo, a medida que avanzaron las negociaciones se diferenciaron claramente los intereses entre los propietarios del 20% del capital y los empleados y proveedores. De hecho, la pretensión de elevar la participación de Inversión Corporativa si se cumplían los planes de negocio se produciría a cambio de elevar los tipos de interés del nuevo dinero que entrara en la compañía. Con lo cual, lo que las familias fundadoras ganarían por un lado lo pagaría la futura empresa por otro.

El auditor jubilado Antonio Fornieles ha entablado una relación de confianza con Felipe Benjumea

Era el punto de discrepancia para lograr un acuerdo que, por otro lado, era posible. En este contexto es cuando se generó una situación de tensión en el seno del consejo de administración. Cuando a finales de febrero, a apenas un mes del fin del preconcurso, los bancos lanzaron un ultimátum y exigieron el desarme de Inversión Corporativa (la renuncia a la división de acciones A y B y conformarse con el 1% de la futura Abengoa), Felipe Benjumea consideró que José Domínguez Abascal, el hombre que había encauzado en parte el acuerdo, no defendía convenientemente sus intereses. De hecho, desde enero Benjumea ya se estaba apoyando en el auditor jubilado Antonio Forniles para tratar asuntos relevantes, puenteando así al presidente de la compañía. Esta fría relación se da en un contexto muy complicado para el expresidente, ya que en el proceso que investiga la Audiencia Nacional tras la demanda de un grupo de bonistas, Benjumea —plenamente dedicado al plan de reflotamiento de la empresa— aparece retratado en muchos medios como un villano, mientras que Domínguez Abascal emerge en esos mismos medios como la figura salvadora.

Pacto con los acreedores

En el consejo de administración del 1 de marzo, los miembros de Inversión Corporativa deciden claudicar ante el órdago de la banca y aceptan eliminar la división de acciones A y B, renuncian a recuperar una parte significativa del capital y finalizan el contrato como asesor de Felipe Benjumea, pero también piden la dimisión de Domínguez Abascal, a quien acusan de no haber defendido los intereses de las familias históricas. Este catedrático de ingeniería se compromete a dimitir el 28 de marzo, cuando termine el cometido para el que fue designado (el acuerdo estaba prácticamente hecho), pero finalmente es relevado por Antonio Fornieles (que ha entablado una estrecha relación de confianza en los últimos meses con Benjumea). En cualquier caso, el margen de actuación del nuevo presidente es ya muy estrecho y, tras aceptar las condiciones de la banca, una semana después se firma el acuerdo con un 40% de los acreedores financieros. El 100% de los actuales accionistas se conformará con un 5%, de los cuales un 1% será para Inversión Corporativa (existe la opción de doblar los porcentajes si se cumple el plan de viabilidad).

La firma tiene ahora dos semanas para recabar el apoyo de otro 35% de los acreedores, ya que termina el preconcurso. Si se consigue el objetivo, los nuevos dueños serán fondos de inversión como Centerbridge, BlackRock o TCI. Los apellidos que fundaron la mayor empresa andaluza de la historia reciente han resistido hasta el final en un proceso que les llevará a tener apenas el 1%.