Dávila Miura, Rufino Parra y Luis Miguel Martín Rubio
Dávila Miura, Rufino Parra y Luis Miguel Martín Rubio - ROCÍO RUZ
LIDERAZGO

«Solo fracasa el que no lo intenta»... Seis lecciones de Dávila Miura al mundo empresarial

El diestro sevillano explica sus experiencias a un grupo de empresarios y directivos

SEVILLAActualizado:

Perder el miedo al fracaso; gestionar la incertidumbre; no rehuir el compromiso; afrontar los momentos decisivos con una minuciosa preparación y mentalización;comunicar y ser humilde en la gestión de equipos... Estas son algunas de las lecciones que Eduardo Dávila Miura ha extraído de su experiencia como torero para aplicarlas al mundo de la empresa. «Solo fracasan los que no lo intentan», afirmó el diestro sevillano en un encuentro de la Asociación de Directivos de Andalucía (Adacem).

Dávila Miura estudiaba ingeniería agrónoma en Córdoba y, volviendo a casa, observó a un grupo de novilleros entrenando en el Parque de Cruzconde. «Tenía veinte años, una edad avanzada para empezar a torear, pero al ver la escena comprendí que donde realmente quería estar era allí entrenando», recordó, y añadió:«Me daba miedo llegar a los 44 años, mi edad actual, y preguntarme si hubiera sido capaz de ser torero». Así empezó su carrera de novillero, convenciendo a su familia —en la que a pesar de la tradición ganadera no había ningún torero— y en abril de 1997 se convirtió en matador en la plaza de Sevilla.

Estas son las lecciones que ha extraído de su experiencia como torero que son aplicables al mundo empresarial.

1. Mentalización

«Diez años después, con 32 años y más de 400 corridas, tomé la decisión de retirarme; mi capacidad de asumir riesgos no era la misma que cuando había empezado, así que por respeto a la profesión, consideré que lo más honesto era dejar de vestirme de luces», recuerda el torero. Fue entonces cuando en 2007 la consultora de Jorge Valdano y Juan Antonio Corbalán contactó con él para que ofreciera su experiencia a directivos de empresa.

¿Qué le aporta un torero al mundo de los profesionales? «Joselito el Gallo decía que en la vida todo se torea, si algo tengo claro es que todos -tanto en el toreo como en la empresa- buscan cumplir sus objetivos con éxito». Dávila Miura cree que «el mayor miedo de un torero no es perder la vida, sino el fracaso». Un diestro, al igual que un empresario, siente dudas. Antes de salir a la plaza no son pocos los toreros que se preguntan, ¿realmente merece la pena todo esto? «Desde que el torero se viste en el hotel hasta que llega a la plaza hay un proceso de transformación, de preparación, de mentalización, que es lo que yo desgrano y pongo sobre la mesa cuando quiero ayudar a un empresario a conocer las claves del éxito».

En el mundo de los negocios se habla de incertidumbre. Pero, ¿hay un mundo donde se conviva más con la incertidumbre que en el toreo? «Cuando sales del hotel no sabes si volverás; y ese no es el mayor miedo... el temor está en desconocer cómo saldrá el toro, cómo será la recepción del público, como será la meteorología de la tarde… Todo eso se debe afrontar con un proceso de mentalización y concentración».

2. Compromiso

Después de años dando conferencias, un día en la plaza de toros de Sevilla, Dávila Miura contempló el azulejo en el que se homenajeaba a su abuelo porque la ganadería Miura había estado 50 años ininterrumpidos en la Feria de Sevilla. «Hice números y vi que quedaba poco para cumplir el 75 aniversario». Había hablado ante numerosos foros para explicar a empresarios y profesionales que el éxito está dentro de cada uno, que el convencimiento personal es la base para que las cosas salgan bien, y que ello requería compromiso. «Ante ese azulejo sentí la llamada del compromiso, pude coger el camino fácil y rehuirlo, pero decidí seguir por el más incómodo pero también el más gratificante y reaparecer en Sevilla tras nueve años retirado con una corrida para conmemorar la efeméride». La recompensa estuvo por encima de lo esperado. «Quizá no fue mi mejor tarde como torero, pero sí la más importante; y no por el triunfo, si no por todo lo que aprendí: cómo recorrer bien el camino para tener éxito». Una vez más, recordé la frase de que «solo fracasan los que no lo intentan».

Dávila Miura
Dávila Miura- R. R.

3. Preparación

«El maestro Antonio Ordóñez decía que un torero debe asumir que hay siete u ocho tardes en las que al salir del hotel un torero debe estar dispuesto a no volver». Igual que los directivos identifican negociaciones decisivas, los toreros se juegan su futuro profesional en plazas como Sevilla, Madrid, Bilbao o Pamplona. «Son tardes en las que hay que mentalizarse para estar bien sí o sí, no fallar, jugarse la vida de verdad». Un torero puede matar a un toro sin exponer nada y sin correr riesgos, pero también conoce bien «dónde está ese preciso límite en las que el toro le puede coger y, a su vez, hace que el triunfo esté más cerca». Hay que estar muy mentalizado y preparado para cruzar esa línea. «Creo mucho en la preparación mental y en cómo se forja minuciosamente el compromiso», relató. Cuando un empresario se prepara bien para acometer una decisión relevante, valora en conciencia todas las consecuencias y decide seguir adelante con valentía, es más normal que así las cosas salgan bien. «La tarde en la que volví a Sevilla nueve años después, cuando abrieron el cerrojo y se inició el paseíllo, tuve una sensación que muy pocas veces he tenido como torero, y aún no había salido a la plaza; llovía y hacía viento… pero interiormente sabía que todo saldría bien». Dávila Miura parte del convencimiento de que «la suerte es la preparación esmerada y meditada de cada detalle». Y aquella tarde «había cuidado todos los detalles: preparación, motivación, ilusión, la composición del equipo y el trabajo con la cuadrilla».

4. Las buenas sensaciones se transmiten

A pesar de la incertidumbre y de las dudas, cuando uno está convencido de que hará bien las cosas, esa sensación se transmite. «Un torero se pone delante de un animal irracional, y le debe mostrar que el que manda es él». También se convence con actitud a las miles de personas que concurren en una plaza. «A veces me ponía al lado de los compañeros, que en cierto modo también son competencia, y al saludarlos les convencía de que esa tarde el que triunfaba sería yo», rememoró. Y a veces ocurría lo contrario, «ves a otro torero y sabes por su actitud, por su mirada y por su determinación que aquella será su tarde, no la tuya». El fruto de la preparación, la mentalización y el compromiso es «una actitud que ayuda al abogado, por ejemplo, a convencer a un juez y al comercial a ganar un cliente».

5. ¿Cuál es la peor de las cornadas?

Los toreros distinguen, al menos, entre dos tipos de cornadas. «Una es normal, la aceptas y la asumes, es cuando pasas esa línea del riesgo, en una plaza importante, te le juegas, sabes perfectamente que el toro, por carácter y agresividad, te puede herir». Esas heridas te engrandecen. Pero también hay cornadas por falta de preparación. «Recuerdo un toro que me cogió en Bayona porque el día de antes había estado en Santander, no había dormido bien, había cenado con unos amigos, salí a la plaza y cuando me di cuenta estaba con las piernas por encima». Esa es la cornada que «te genera desconfianza y te quita de tu sitio, porque no tendría que haber llegado».

Dávila Miura en su reaparición en la Maestranza
Dávila Miura en su reaparición en la Maestranza

6. Comunicación y humildad con el equipo

A la hora de la verdad estás solo delante del toro, pero «detrás hay un equipo con banderilleros y picadores, mozos de espadas, el apoderado… y para liderar ese equipo, como en una empresa, lo importante es hablar claro y afrontar las cosas muy rápido con buenas habilidades de comunicación». Hay que intentar ser respetuoso en la plaza con el equipo, aunque la tensión y el miedo no siempre lo permitan. Y a la hora de elegir el equipo, «aunque el nivel de sintonía personal es importante, eso no debe impedir que intentes rodearte siempre de los mejores». Cuando Dávila Miura volvió a torear en Sevilla nueve años después, pensó en llamar a banderilleros y picadores que le habían acompañado anteriormente. «Un buen amigo me dijo: no te equivoques, lleva a los mejores». Fue un buen consejo. «Cuando llegué a la plaza y miré atrás, sentí una enorme tranquilidad». Además de comunicar bien, otra exigencia es la humildad. «Los toreros pecan a veces de soberbia, no aceptan críticas de su equipo; pero cuando algo ha salido mal y el problema has sido tú, necesitas a alguien que te lo diga para mejorar en la siguiente ocasión... Eso se consigue con humildad e imprimiendo confianza en el equipo». Y esta última lección es perfectamente aplicable, de nuevo, al mundo empresarial.