El consejero andaluz de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano
El consejero andaluz de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano - EFE
TRIBUNA

Universidad y empresa: protagonistas del I+D+i

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España es miembro de un selecto club de países capaces de generar conocimiento, de aportar a la actividad científica y no ir a rebufo de aquel «que inventen ellos» de Unamuno. Pero datos como los que recientemente publicaba el INE sobre I+D en 2016 nos dejan ver que corremos el riesgo de quedarnos fuera si no ponemos freno. Algo que, en Andalucía, hemos asumido como una prioridad.

El gasto español en investigación y desarrollo no llega a números rojos gracias al esfuerzo de las empresas, llamadas a ser la protagonistas del cambio en I+D. Hasta aquí la buena noticia. Es en la parte pública donde tenemos un problema.

Apenas se han recuperado dos de cada diez euros del recorte de 2.600 millones aplicado a los Presupuestos del Estado para ciencia entre 2012 y 2013. Al menos sobre el papel. Cambiar los incentivos por créditos blandos, incluso para las Universidades, y la baja ejecución de estas partidas indican que la pérdida ha sido aún mayor.

En Andalucía, los datos nos sitúan por debajo del 1% de inversión respecto al PIB por primera vez en muchos años. Nuestra comunidad conserva la tercera comunidad en gasto global, con casi 1.360 millones de euros, pero el ligero descenso registrado y la buena marcha de la economía hacen que, en proporción, la caída sea más aguda. El sector público se retrae, aunque se sigue comportando mejor que en el resto del país y aporta el grueso de los recursos.

Andalucía está ligeramente por detrás de la media nacional en gasto en I+D, esto es 0,92 frente al 1,19 por ciento del PIB regional. Pero el esfuerzo público es superior al registrado en el conjunto del estado: 0,58 ante el 0,55 por ciento español. Es en el sector de las empresas donde tenemos aún un amplio margen de mejora (0,34 frente a 0,64 por ciento del PIB).

Nuestro tejido productivo sigue sin ver claro el retorno que obtiene al invertir en I+D y ahí tenemos nuestro principal hándicap. En las regiones más avanzadas del mundo, son las empresas quienes ejercen de tractoras de la investigación asumiendo 2 de cada 3 euros invertidos. Aprovechan todo el potencial del sistema público, que en el caso andaluz es mucho.

Al detalle, sin embargo, el INE apunta a un cambio de tendencia. Dentro del tejido andaluz están ganando peso otros actores, que compensan con su inversión la pérdida que, debido a la coyuntura de los últimos años, registran empresas que tradicionalmente han confiado en la investigación.

Se trata de una muestra de que nuestro sector privado se renueva y gana fortaleza, gracias sin duda a su apuesta decidida por la internacionalización. Se mueve en otro escenario, donde invertir en I+D+i significa transformar el conocimiento en riqueza económica y social.

Para apoyar esta tendencia, el Gobierno andaluz aprobó el PAIDI 2020. Un plan estratégico que apuesta por la investigación excelente y, en especial, por aquella con aplicación en el día a día. Queremos que el conocimiento llegue a la sociedad en forma de servicios, soluciones y, desde luego, en forma de empleo de calidad.

Tras un periodo de transición, en el que hemos agilizado las ayudas aún abiertas en el anterior marco de incentivos, en 2017 hemos abierto un nuevo rumbo en la I+D que, sin duda, se dejará notar en la siguiente edición de la encuesta del INE.

En su conjunto, la Junta de Andalucía ha abierto convocatorias y activado ayudas por un valor que ronda los 640 millones de euros. Financiación que ha servido para iniciar proyectos de I+D biomédica, para aplicar la innovación a la sostenibilidad energética, modernizar las pymes o incentivar la transferencia del conocimiento en sectores como el agroalimentario.

Desde la Consejería de Economía y Conocimiento pusimos en marcha el pasado año mecanismos para afianzar la actividad científica. Hemos ampliado la financiación básica de las universidades con una partida para investigación, que sostiene el trabajo de los grupos de I+D con ayudas directas y con más personal (2.300 contratos a jóvenes, en un programa cofinanciado por el Fondo Social Europeo).

Además, hemos creado una batería de planes para favorecer la excelencia científica universitaria. Entre ellos están un programa para la captación y retención del talento, un plan de acceso a infraestructuras científicas o el apoyo a los Campus de Excelencia, que convierte a Andalucía en la única región que ofrece continuidad a estos valiosos proyectos.

Antes de concluir el año, se han movilizado 36 millones de euros cuyo destino son consolidar los centros de investigación punteros y propiciar el necesario acercamiento con la empresa. El impulso definitivo llegará con la nueva convocatoria de proyectos de excelencia en pocas semanas, que gestionarán por primera vez las universidades con el fin de iniciar nuevas líneas de trabajo en ámbitos de especial interés en el ámbito productivo.

La conexión entre empresa y universidad es clave. Ambas son las protagonistas del cambio que requiere nuestra I+D. La primera, actuando como tractora desde la innovación. La segunda, generando una base de conocimiento que aporte respuestas a los retos de la sociedad andaluza. Juntas son nuestra mejor baza para alcanzar el progreso y la prosperidad como región.