La diputada almeriense de Ciudadanos Marta Bosquet momentos antes de prestar juramento - EFE
Nuevo Parlamento en Andalucía

El centro derecha controla el Parlamento de Andalucía por primera vez en 36 años

Cs se hace con la presidencia, Vox logra un puesto y Adelante Andalucía se queda fuera de la Mesa en una sesión marcada por la bronca de la izquierda

SevillaActualizado:

El centro derecha toma el control del poder legislativo. Ha tenido que esperar 36 años y ver pasar a cinco jefes del Gobierno andaluz y a nueve presidentes del Parlamento andaluz distintos para que el centro de gravedad de la actividad parlamentaria deje de girar en torno al PSOE, que pasará a la oposición. Tras un acuerdo al que se adhirió al filo de la medianoche el partido de Santiago Abascal, PP, Ciudadanos y Vox se han hecho con cinco de los siete asientos en la Mesa del Parlamento, entre ellas la presidencia de la Cámara, que ha recaído en la diputada almeriense Marta Bosquet. Los dos restantes fueron para el PSOE.

La nueva correlación de fuerzas que ha salido de las urnas, donde PP, Cs y Vox suman 59 de los 109 escaños, es la antesala del cambio que va a llegar, a mediados de enero, al Palacio de San Telmo, con el desalojo de la última inquilina socialista, Susana Díaz, y su reemplazo por Juanma Moreno en la Presidencia de la Junta de Andalucía.

La «foto finish» del inicio de la undécima legislatura del pasado jueves fue el broche a una jornada precedida por estrategias, nervios y desconfianza.En el PP se guardaban varios planes de votación en la recámara en expectativa de los posibles ases en la manga que pudiera sacar el PSOE, cuya diputada María Luisa Bustinduy presidía la Mesa de Edad.

Con la izquierda dividida y las cuentas hechas en la bancada de la derecha, el guion se desarrolló de forma eficaz, con precisión de cirujano. Cuatro diputados del PP votaron a Cs para que lograra la vicepresidencia tercera y Vox le prestó sus 12 votos al partido de Moreno para hacerse con otra vicepresidencia, la primera. A cambio, los populares se repartieron los votos con Cs para dar una secretaría a Vox.

La histórica sesión constitutiva acabó algo velada por la bronca política. Puede ser un preludio del enconamiento que reine en el nuevo mapa parlamentario. Antonio Maíllo montó en cólera porque Adelante Andalucía se quedó fuera de la Mesa tras rechazar la vicepresidencia tercera que les habría cedido Ciudadanos. Hay que recordar que en la anterior legislatura Podemos no presentó candidato a la secretaría de la Mesa para facilitar que el partido naranja ocupara un puesto, la secretaría tercera, en el órgano de gobierno de la institución.

Pero a la confluencia de IU y Podemos no le gustó que el dirigente naranja Juan Marín hiciera pública la oferta el día anterior. A los de Albert Rivera el gesto les permitía proyectarse como una tercera vía entre las izquierdas y las derechas, para contrarrestar el necesario apoyo de Vox a Cs para presidir el Parlamento. Esta publicidad del acuerdo y un ataque de escrúpulos de los dirigentes comunistas, que no estaban dispuestos a «blanquear a Vox», explican la exclusión de Adelante Andalucía de la Mesa encargada de tramitar las iniciativas que presentan los grupos y marcar la agenda legislativa.

Esta decisión fue cuestionada por algunos miembros de Podemos aunque prefirieron no airear sus diferencias en público. A los 17 diputados del grupo de Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo les habría bastado con votarse a sí mismos para entrar en la Mesa de la Cámara, pero habían decidido quedarse fuera.

Bustinduy recordó a Maíllo que el Constitucional valida la composición del órgano de gobierno

Desoyendo las ofertas de acuerdo, PSOE y Adelante Andalucía, en su reñida disputa por liderar el dique de contención de «la ultraderecha», se entregaron a la propaganda de los gestos. Maíllo protestó calificando de «grave escándalo» que su grupo se quedara fuera de la Mesa del Parlamento, aferrándose al artículo 36 del Parlamento del Reglamento de la Cámara, que establece que todos los grupos tienen derecho a estar en el órgano de gobierno de la institución. El coordinador de IU en Andalucía alegó que el Constitucional no sometió a examen el citado artículo.

La presidenta de la Mesa de Edad, tras las oportunas consultas al letrado del Parlamento, le recordó que una sentencia del Tribunal Constitucional de 2016 «confirmaría que la Mesa del Parlamento está legalmente constituida», sin perjuicio de lo que pueda disponer con posterioridad.Adelantereclama una vocalía, con voz y sin voto, como la que se creó para IUtras el polémico fallo del Alto Tribunal.

La resolución judicial era nítida y vino a enmendar una jugada del veterano diputado socialista Luis Pizarro, quien como presidente de la Mesa de Edad en la anterior legislatura decidió quitarle la secretaría a la diputada del PP Patricia del Pozo para cedérsela a IU. El Constitucional declaró que se había vulnerado su derecho a ejercer sus funciones representativas al haber obtenido más votos.

Mario Jiménez, portavoz del PSOE, no quiso quedarse fuera de la polémica. Apelando al artículo 78 del reglamento interno, solicitó que la Mesa del Parlamento se reúna «hoy mismo» [por ayer] para que ponga en marcha «los procedimientos que sean convenientes» para que todos los grupos estén en el órgano de gobierno.

Con los ánimos caldeados, la bronca continuó. Marta Bosquet se estrenó como presidenta ordenando que, en aras de la agilidad del trámite, los 109 diputados juraran o prometieran sus cargos desde su escaño evitando desplazarse a la tribuna. Maíllo volvió a protestar. El diputado de Adelante Andalucía José Luis Cano Palomino desoyó la directriz de la presidenta y se subió al atril pese a la llamada al orden. Hubo mucha sobreactuación. Teresa Rodríguez (Podemos), clavando su mirada en los diputados de Vox, prometió defender a los «más débiles» de «la xenofobia, la transfobia, de la homofobia y del machismo». Los diputados comunistas prometieron ante la Constitución «por imperativo legal», mientras los de Vox optaron por un marcial «juro por España».

La recién elegida presidenta del Parlamento pidió a los grupos que primen la «lealtad institucional sobre el fragor de la batalla política». Pese a su llamada a la concordia, lo ocurrido ayer hace pensar a que va a predominar lo segundo.