Susana Díaz sonríe durante el Comité Director del PSOE andaluz que analizó su fracaso electoral - FOTO: J. FLores | VÍDEO: EP

Elecciones en Andalucía 2018El PSOE ataca a Vox para bloquear el pacto del cambio tras el vuelco dado en las elecciones andaluzas

Los socialistas tensan en Madrid y Sevilla la censura al partido de Santiago Abascal y a sus votantes

SevillaActualizado:

El PSOE está dispuesto a usar los ataques a Vox como eje de su estrategia política a pesar de las fatídicas consecuencias que la misma le deparó en las elecciones andaluzas. Aunque hay voces críticas dentro del partido sobre el efecto perverso que genera dar al partido de Abascal una visibilidad de la que carecía hace apenas un mes, no hay cargo público socialista que no se haya apuntado a la tarea de criminalizar a Vox y por extensión a sus votantes.

Para los socialistas es el clavo ardiendo para bloquear el pacto de los partidos de centro derecha que han mandatado las urnas en Andalucía y que dejará al PSOE por primera vez en la oposición tras 36 años gobernando su más fiel bastión electoral. La consigna es desgastar a Ciudadanos todo lo posible situando a la formación de Rivera como aliado de la «extrema derecha», con vistas a restarle en futuras contiendas electorales. Si de paso se da la improbable posibilidad de dinamitar el pacto del cambio y propiciar la repetición de las elecciones... miel sobre hojuelas.

La radicalidad del mensaje es directamente proporcional a las escasísimas posibilidades que tienen los socialistas de mantenerse en el poder en Andalucía . Sobre todo desde que ayer el secretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas les devolviera el balón: «la única línea roja para negociar es que el PSOE no vuelva a estar en el Gobierno».

Del ruido al acoso

En esta tesitura, el PSOE andaluz apuesta todo al ruido, al acoso para torcer esa negociación aún a costa de satanizar a los votantes de la formación de Abascal. Las cuentas del PSOE son muy originales: Han ganado las elecciones pero, además, sin los 400.000 votos de Vox sobre el tablero, la izquierda podría gobernar, y hacerlo con mayoría absoluta si los 700.000 «votantes de izquierda» que se quedaron en sus casas hubieran votado. Entonces, el resultado habría sido espectacular. Tan pueril argumento en palabras de un veterano como el secretario de Organización de los socialistas andaluces, Juan Cornejo, da idea de la desesperación del PSOE andaluz.

Este lunes, por medio de su comité director, el PSOE mandató a Susana Díaz abrir una negociación con todos los partidos políticos, excepto Vox, «la ultraderecha que tiene como objetivo dinamitar las instituciones autonómicas».

Perdidas casi todas las opciones de conservar el Gobierno, los socialistas se disponen a intentar amarrar la mayor de las representaciones en la Mesa del Parlamento. Los socialistas ya pidieron este fin de semana la presidencia del Parlamento en función de los resultados electorales y quieren dejar «sin votos y sin voz» a los doce diputados de Vox en la Mesa del Parlamento. Elevando el tono de la presión, Cornejo dijo que PP y Ciudadanos deben aclarar «si por un reparto de sillones van a blanquear y contar los votos de Vox o si están dispuestos a aislar a ese partido, como se ha hecho con la ultraderecha en otros países de Europa». En definitiva, para el PSOE los 400.000 votantes que dieron su confianza a la opción de Vox no cuentan en democracia. Más presión para la negociación que hoy abren PP y Ciudadanos y que incluirá tanto la formación del Gobierno como la composición del Parlamento para prevenir sorpresas.

El acoso a Ciudadanos y al pacto del cambio por la vía rápida de censurar el partido de Abascal y por ende a sus votantes, tuvo este lunes entre otras correas de transmisión a la propia portavoz del Gobierno. Isabel Celaá considera que el pacto andaluz de PP y Ciudadanos es «un riesgo» y una «situación no deseable», porque «esa fuerza de ultraderecha representa un retroceso de 40 años en términos de derechos y libertades». De poco sirve que Vox haya anunciado de antemano que no quiere participar en el Gobierno andaluz y solo haya asegurado su voto a un gobierno de cambio en Andalucía. A esa misma hora, otra ministra, Carmen Calvo decía en Sevilla que «en Andalucía no caben políticas que nos devuelvan al pasado».

La presión mediática

La ofensiva anti Vox tras las elecciones andaluzas tiene su caja de resonancia en determinados medios de comunicación, satélites mediáticos de la izquierda. Ayer, la presentadora de la Sexta Cristina Pardo, pedía disculpas ante el «desafortunado» programa emitido el domingo en el que un equipo de «Liarla Pardo» salía a buscar a los 44 votantes de Vox en Marinaleda, el pueblo sevillano de Sánchez Gordillo en el que desde hace décadas impera el voto a la izquierda más radical. «Ayer nos equivocamos», reconoció Pardo.

El programa generó un intenso debate en redes, con acusaciones a sus autores de intentar señalar la identidad y desvelar los domicilios de los votantes de Vox en una persecución sin precedentes en la etapa democrática. El vicesecretario jurídico de Vox, Pedro Rodríguez consideró que el intento de identificar a los votantes de su formación en Marinaleda «desde el punto de vista penal ha estado rayando en lo delictivo». Rodríguez anunció que denunciarán a quienes señalen con nombres y apellidos a sus votantes.