Elecciones Andalucía 2018

Qué opciones de gobierno se dan tras las elecciones andaluzas

Todo aboca a un acuerdo entre los tres partidos a la derecha del PSOE para desbancar a éste de la Junta de Andalucía

Resultados elecciones andaluzas: ganador y reacciones en directo

SevillaActualizado:

El corrimiento de tierras que ha desencadenado el resultado electoral del 2 de diciembre tiene que trasladarse ahora al Gobierno de la Junta de Andalucía, cuando quede constituido el Parlamento el próximo 27 de diciembre.

Será una buena ocasión para calibrar el entendimiento entre las fuerzas alternativas al PSOE a la hora de la composición de la Mesa de la Cámara, que debe reflejar la nueva correlación de fuerzas en Andalucía. Puede que el PP permita a Ciudadanos asumir la Presidencia del hemiciclo como anticipo de un ulterior pacto de legislatura como sucedió cuando PP e Izquierda Unida acordaron en 1994 poner en aprietos la minoría de Manuel Chaves. Pero en 2012, cuando PSOE e Izquierda Unida pactaron contra el PP de Javier Arenas, vencedor sin mayoría absoluta, los socialistas retuvieron el cargo.

¿Qué posibilidades tiene cada partido a partir de ahora? Veámoslo uno a uno:

PSOE: Gana perdiendo.

No hay otra lectura posible. El socialismo es el gran rival a batir por todos los partidos. Para seguir gobernando Andalucía, necesitaría de un descabellado tripartito en el que a los insuficientes 17 escaños de Izquierda Unida, se sumara otra formación política. El PP lo rubricó ante notario; Vox es el demonio para la izquierda; y Ciudadanos se hartó de decir en campaña por activa y por pasiva que no volvería a pactar con Susana Díaz.

Al PSOE andaluz, el «partido natural» de esta comunidad, no le queda otra que intentar a la desesperada una gran coalición revestida de pacto contra la ultraderecha como propuso descaradamente Susana Díaz en la noche electoral. Una quimera, se mire por donde se mire.

Al PSOE-A, otrora una maquinaria imbatible que ha ocupado todos los resquicios del poder durante cuatro décadas, no le queda otro camino lógico que el desolladero. Y a su líder, Susana Díaz, una retirada más o menos honrosa de la política, fracasados sus intentos de asaltar la organización federal del PSOE y la perpetuación en el poder en la Junta de Andalucía.

PP: Pierde ganando

Tiene en su mano lo que jamás tuvo. Lo acarició hace seis años, pero al final ha llegado a la cima de desbancar al PSOE de la institución gubernamental por el camino más insospechado. En términos de alpinismo, diríamos que en vez de una única cordada, han hecho falta tres distintas por tres caras diferentes de la montaña sagrada para hacer cumbre.

Juanma Moreno la ha hecho. Y puede ser el hombre que pase a la historia como el primer presidente andaluz que no debe obediencia al PSOE. A la luz de esta posibilidad, todo lo demás -su retroceso electoral, el desfondamiento en las provincias de Sevilla y Cádiz, las alarmantes señales de agotamiento del partido- palidece.

El PP está llamado a gobernar Andalucía. Necesita ahormar un pacto para sumar en favor de su candidato los 21 escaños de Ciudadanos y los 12 de Vox. Tienen que juntar voluntades estos tres partidos si Juanma Moreno quiere ser investido. Suponiendo que PSOE y Adelante Andalucía sumarán una minoría de bloqueo de 50 votos en el Parlamento, no hay otra opción que recibir al menos 51 votos favorables a su presidencia. Esto sólo se consigue con un acuerdo tripartito. No hay otro camino.

Gobernar en solitario con sólo 26 diputados es una temeridad que nadie en su sano juicio puede intentar. Por eso el PP tiene que ofrecer suculentas tajadas del poder que va a amasar a sus socios. Está por ver si éstos la aceptan, pero el ofrecimiento tiene que existir.

Ciudadanos

Por mucho que en la noche electoral lanzara su candidatura para despistar y ganar tiempo, la formación de Albert Rivera sabe que no tiene otra salida que hacer a Moreno Bonilla presidente. Una gran coalición de tres en la que la presidencia la ejerza el tercero en número de votos es un disparate aquí y en cualquier democracia. Esto, que se puede llegar a ver en ayuntamientos, no es propio de una institución con el peso de un Parlamento regional. Sencillamente es irrealizable.

Ciudadanos puede enredar poniendo condiciones. Incluso fantaseando con la posibilidad de votar por el PSOE si descabalga a Susana Díaz y extravagancias de este tenor, pero a la postre el único camino que le queda es armar un pacto de legislatura con el PP e implicarse en el Gobierno de la Junta, esa hercúlea tarea de desmontar la red clientelar tejida por el PSOE durante los últimos cuarenta años. Todo lo demás es farfolla.

Juan Marín puede esgrimir que es el que más crece y que su estrella va al alza, pero es consciente de que el objetivo que se fijó en estas elecciones no lo ha cumplido: sobrepasar al PP y disputarle la primogenitura en el centroderecha. A partir de ahí, no hay más.

Adelante Andalucía

Perdedor sin paliativos. No puede hacer otra lectura que no sea negativa. Obtiene tres diputados menos que hace cuatro años, cuando Podemos e Izquierda Unida concurrieron por separado. Ni siquiera la convergencia izquierdista fue capaz de reunir todo el voto disperso a la siniestra del PSOE. Probablemente, los cegó la soberbia de verse en el momento justo para cobrarse un alto precio por acudir en auxilio de Susana Díaz. Pero no contaban con que los cadáveres, aunque sean políticos, no precisan de asistencia.

Adelante Andalucía se queda sin nada. No suma con el PSOE y eso lo deja en tierra de nadie. Tendrá, eso sí, camino expedito para hacer oposición frontal al bloque de derechas y capitalizar el rechazo a Vox, pero es un triste consuelo más moral que efectivo.

Vox

Hizo saltar el candado socialista que atenazaba el Gobierno de Andalucía durante 37 años. Ese es su mérito. Ahora tiene que maniobrar con mucha inteligencia y no poca astucia para no verse arrastrado por su hermano mayor en la fe antisocialista, el PP del que se ha desgajado.

Tiene que votar al Partido Popular para cumplir la principal misión que le ha encomendado sus votantes: desalojar al PSOE de las instituciones y airear los cerrados salones de la Junta de Andalucía. Pero a partir de ahí se le abren dos opciones.

Puede firmar un pacto de investidura y retirarse a la oposición una vez tome posesión del cargo Juanma Moreno para mantenerse vigilante a la expectativa, denunciando incumplimientos y sesgos de lo que llegue a pedir por escrito, especialmente en materia social, que es donde más pueden evidenciarse las diferencias.

O puede suscribir un pacto de legislatura y pasar a formar parte del Gobierno de la Junta de Andalucía, haciéndose así partícipe de los aciertos y los errores de Juanma Moreno. Eso está ya en su mano.