En el hotel Inglaterra se debatió más de lo que Vox no debería ser
En el hotel Inglaterra se debatió más de lo que Vox no debería ser - ROMUALDO MAESTRE
Elecciones en Andalucía 2018

El origen de Vox en Andalucía: Santiago Abascal subido en un banco de Sevilla

El 14 de febrero de 2014 el líder de Vox explicó a nueve personas en un restaurante privado de Sevilla las bases de su proyecto político: sin juventudes ni estructura regional

SevillaActualizado:

El salón de actos del Hotel Inglaterra de Sevilla ese 14 de febrero de 2014 estaba lleno. Dos jóvenes hablaban de un proyecto político nuevo. Uno de ellos se presentó con una barba desaliñada, nada que ver con el corte afilado estilo los 300 espartanos que lleva ahora. Por las melenas al aire desordenadas y el nombre del evento, bien podía parecer otra ong al uso: Vox. Allí Santiago Abascal desgranó ante un auditorio un tanto incrédulo su idea de España como un estado unitario, sin autonomías que menoscabasen el entendimiento y la igualdad entre los españoles. «No podemos caer en el fatalismo ni en la resignación» señalaba el exmilitante del PP que quería crear algo distinto. «La Constitución necesita una profunda reforma desde el diálogo pacífico, los partidos políticos han ocupado mucho más espacio del que les corresponde, no hay una ley de transparencia que los vigile para que no se corrompan, se ha perdido el respeto a la familia, el culto a la vida, la democracia verdadera», explicaba el líder de la naciente formación. Le acompañaba el entonces jefe provincial, Javier Cortés, economista y empleado de banca. Luego se abrió un turno de preguntas entre los asistentes, unos doscientos, donde se plantearon más cuestiones sobre lo que no debería ser Vox que de lo que allí surgiría, porque muy claro no había quedado si era algo completamente rompedor o deja vu.

La Casa 36

Acabado este acto nueve personas cenaron con Santiago Abascal en un restaurante privado, la Casa 36 de la calle Real de la Carretería. El comedor de una antigua vivienda se convertía por una noche en un espacio íntimo donde sólo un cocinero y una camarera servían la comida de sus clientes. «Nada de estructuras regionales, ni de juventudes, allí es donde empiezan las malas artes de los chavales que quieren vivir sólo de la política, profesionales y provincias, todo el poder del partido tiene que sustentarse en una base local, municipal», argumentaba Abascal a los que previamente había preguntado de dónde venían y por qué estaban allí. El popurrí era poco menos que sorprendente: liberales, antiguos militantes del PP, gente de izquierdas que no habían encontrado una formación patriótica, antiguos falangistas y varias personas que se acercaban a la política por primera vez. Se habló de todo, de lo divino y de lo humano. De que no se podía crear una organización que no tuviera en cuenta el sufrimiento de las personas, «yo mismo he perdido mi casa por la burbuja inmobiliaria», apuntó Abascal. «Si logramos crear una formación de 3.000 afiliados en España sentaremos las bases de algo nuevo», concluyó en Sevilla un mes después de la fundación de Podemos en toda España.

Abascal, subidoen un banco
Abascal, subidoen un banco- ABC

Al año siguiente, sin apenas estructura, medios, ni siquiera sede (era el bajo de un local prestado temporalmente), deciden presentarse a las elecciones andaluzas de 2015. El paso lo dieron al tener un candidato conocido en los medios. Un polémico juez de familia que había concedido un día de la custodia de la madre al padre porque el chaval quería salir de nazareno en su cofradía. Toda su campaña se centró en Sevilla por donde se presentó Francisco Serrano y había esperanzas de que fuera elegido. Solamente hubo un mitin fuera de la provincia, en Málaga y por compromiso. La experiencia fue un desastre. Ni porque en la misma lista estaban tres catedráticos de Universidad ni por lo novedoso del asunto. Javier Cortés, el antiguo jefe provincial de Vox en Sevilla, relata a este redactor la jornada electoral que inauguraba la X legislatura de la comunidad. «Yo estaba de apoderado de Vox en un barrio muy de derechas, Heliópolis, en la avenida Reina Mercedes, allí me había mandado Santiago Abascal para que le «cantara» el recuento de los primeros cinco minutos. A las cincuenta papeletas le llamé. ¿Cuántos tenemos?, me preguntó. Tres. Eso es un desastre absoluto, me contestó, no te quedes si quieres allí y vente para la sede», continúa Cortés. Sacaron 18.017 votos en toda Andalucía, el 0,45 por ciento. Un poco más de la mitad que sus anteriores contrincantes, los animalistas del Pacma. «La gente prefirió votar a sus mascotas antes que a nosotros», se ríe Cortés. «Abascal me estaba esperando en la sede con los ojos casi rojos, a punto de llorar, el ambiente era desolador, primero me dijo que hablara yo a los militantes como presidente del partido en Sevilla. Cuando vio que no me salían las palabras, me pasó una mano por el hombro, me excusó y lo hizo él por mí. Tenemos la simpatía de los españoles, pero no sus votos, hay que empezar de nuevo», afirma Cortés que dijo Santiago Abascal una de las noches más desoladoras y tristes que recuerda. Nada que ver con el pasado 2-D.