Acto de campaña socialista en San Sebastián con la presencia del presidente del gobierno y candidato del PSOE, Pedro Sánchez - EP / Vídeo: Sánchez irá a los debates «con guante blanco»
Elecciones Generales

Elecciones generales 2019Sánchez polariza la campaña con el miedo a Vox para crecer a costa de Rivera e Iglesias

La Moncloa cree que ha logrado imponer el marco de la campaña: O Sánchez o la derecha

San SebastiánActualizado:

El conflicto en torno a la celebración del debate electoral, que ha destapado la sumisión de RTVE a los designios del presidente del Gobierno y los cambios de criterio de los socialistas, han sacado al PSOE de la placidez con la que venían navegando en esta primera parte de la campaña electoral.

La gestión del debate ha puesto de manifiesto la intención de Sánchez por insuflar oxígeno a Vox. De ahí su interés por que el debate fuese con ellos. Decisión que sigue manteniendo aunque para ello tenga que criticar una resolución de la Junta Electoral Central. No es que la formación de Santiago Abascal no fuese a ser ya protagonista de la campaña. Pero lo cierto es que la estrategia socialista pasa en buena medida por inflamar, exagerar y dramatizar esta realidad.

«Avanzar o retroceder». El miedo a la «involución» y a que España «retroceda 40 años». En esos términos está planteando Sánchez la campaña. En una extrema polarización. El presidente del Gobierno no ha mencionado en un solo mitin a Pablo Iglesias, su aliado estos últimos meses y potencial socio a partir del 28 de abril. Sin embargo son multitud las veces que ha mencionado a Blas Piñar a cuenta del auge de Vox. Para Sánchez, Vox es franquismo y entre Vox y PP y Ciudadanos no hay diferencia porque son «una derecha con tres siglas». Y, por consiguiente, estas elecciones solo deben responder a una sola cosa: O Sánchez o franquismo. Esa es la extrema polarización que alimenta Sánchez, conduciendo a los españoles a un callejón sin salida para pedir el voto incluso a quienes nunca han votado al PSOE.

Sánchez no se sale del guión. Lleva una decena de mensajes/chascarrillos fuertes que quiere que calen en el electorado y los repite en cada mitin. Hasta el punto que en ese esfuerzo memorístico en algún mitin de estos últimos días ha repetido consignas que había dicho minutos antes.

El patinazo del debate

La organización del debate electoral, que ya generó división interna desde hace tres semanas en el momento de elegir entonces el formato, ha sacudido la campaña y ha sacado a muchos socialistas de la nube en la que viajaban estos días. En privado nadie defiende que la gestión haya sido positiva para el partido. Ni en términos de decisión, aunque se intenta justificar un relato, ni en términos de comunicación. Otra cosa es que se resta importancia a la incidencia electoral que puede tener: «El eje de la campaña no es ese. La gente no va a dejar de votar por esto», asegura convencido un dirigente autonómico.

Pero una inquietud planea en el ambiente. En forma de abstención. ¿Qué sucede si el electorado no compra el artificio que Sánchez está intentando colocar? ¿Podrían incluso penalizar una campaña tan plana y monótona? Todo recuerda demasiado a Andalucía. Aunque en la dirección federal siempre insisten en que allí había unos «elementos de desgaste propios» fruto de las más de tres décadas de Gobierno.

Un dirigente socialista curtido en el análisis de los sondeos insiste en que «más allá de la consigna oficial» es cierto que «todo puede pasar». Explica este cargo que con el PSOE en índices de fidelidad de voto altos en los sondeos y con apenas el 60% de voto declarado y con presencia en las bolsas de indecisión más importantes, «es normal que salgan los números que están saliendo». Pero advierte que si el PSOE no gana la batalla entre los indecisos «podemos llevarnos un susto a la hora de contar escaños».

Satisfacción

En el partido en general existe una satisfacción por ver que el marco sobre el que se desarrolla la campaña es el que ellos han planteado. Creen que con este marco pueden seguir sumando votos a costa de Unidos Podemos y de Ciudadanos. Pero el fondo persiste el temor a que suceda cómo en Andalucía. Y a qué la ventaja que en términos de voto tienen PP, Cs y Vox sobre PSOE y Unidas Podemos sí termine trasladándose a escaños.

En La Moncloa insisten en que esos no son sus cálculos. Pero el laboratorio de análisis de sondeos que Sánchez tiene dentro de la estructura de presidencia del Gobierno también falló con estrépito en el análisis andaluz. La Moncloa cree que con más de un 70% de participación podrán gobernar con toda seguridad.