Pedro Sánchez en el mitin de cierre de campaña ayer en Valencia
Pedro Sánchez en el mitin de cierre de campaña ayer en Valencia - Rober Solsona
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Elecciones GeneralesLa Moncloa advierte de un repunte de Vox y Sánchez pide un voto de excepción para el PSOE

Busca su redención con un triunfo que impida a Podemos y Cs bloquear su Gobierno

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ValenciaActualizado:

Pedro Sánchez es presidente del Gobierno pero nunca ha ganado unas elecciones. Algo que en democracia solo tiene el precedente de Leopoldo Calvo Sotelo. Si no logra revalidar la presidencia también le arrebatará al sucesor de Adolfo Suárez la condición de presidente más breve. Este domingo el líder socialista busca su redención, librarse de un estigma que provocó muchas de las hostilidades contra él en el PSOE. Ganar las elecciones el próximo domingo tiene también esa lectura en clave interna para Sánchez. El PSOE no gana unas elecciones desde 2008. Salvo hecatombe de los sondeos los socialistas van a aumentar su representación parlamentaria por primera vez en mucho tiempo.

Pero nada de eso es suficiente. En diciembre la dirección federal le espetó a Susana Díaz que era la posibilidad de gobernar lo que determinaba «el éxito de un proyecto político». Ese listón persigue ahora a Sánchez. Aunque en su entorno se insiste en que la situación de Díaz y la de Sánchez «no tiene nada que ver, porque ella baja y él sube». Al presidente se le ha preguntado estos días si dimitiría en caso de no reeditar la presidencia. Y él, atónito, responde que es como preguntarle a un torero si va a sufrir una cornada antes de salir a la plaza. Evidentemente no lo hará. A nadie se le ha pasado por la cabeza en el PSOE.

Pero lo cierto es que ese «ganar es gobernar» que enunció por primera vez esta campaña Adriana Lastra es, más allá de consideraciones de vida orgánica, lo único que determina el éxito o el fracaso. No hay más. El ejemplo andaluz ha estado muy presente ya desde la precampaña. Con el viento de cola de las encuestas podría decirse que la caída de Díaz estaba proporcionando a Sánchez su ansiado relato electoral y catapultándolo hacia la reelección. Todo un dos en uno para Sánchez.

Últimos movimientos

Pero algo ha cambiado en los últimos días. El uso y abuso del discurso del miedo ha empezado a generar dudas. En el PSOE dicen contar con sondeos que sitúan a Vox en tercera posición. Algo que ningún instituto demoscópico privado ha detectado. Admiten que es «casi imposible» calibrar el resultado de la formación de Santiago Abascal. De tanto decir que «el riesgo de que estos tres sumen es real» ha empezado a extenderse en las filas socialistas cierta incertidumbre. Amplificada además por que los propios socialistas reconocen que Pablo Iglesias hizo dos debates que le sirvieron para decantar a su favor parte de los numerosos indecisos que dudaban entre Unidas Podemos y el PSOE.

La campaña de Sánchez, con muchos mítines pero muy poca exposición en formatos incómodos, ha consistido básicamente en esa apelación al PSOE como único dique de contención ante «el trío de Colón». Pero en las últimas horas los encendidos alegatos tornaron más bien en súplicas. «Ganar no significa gobernar. Es más, si no gobernamos no ganamos».

Ese fue el mensaje que Sánchez repitió ayer en un sprint final que lo llevó desde Toledo hasta Valencia pasando por Madrid. Y ante esos datos que apuntan a una cierta recuperación de Unidos Podemos, el presidente del Gobierno pidió ayer que «en esta ocasión» hay que votar al PSOE porque «hay una amenaza real».

Los cálculos de Moncloa son que una participación por encima del 70% será positivo para ellos. Pero también saben que una resolución poco propicia de las bolsas de indecisos, teniendo en cuenta que el PSOE tiene muchas fronteras de voto, puede provocar algún susto. «A todos aquellos que andan indecisos entre el PSOE y Podemos, entre el PSOE y Ciudadanos o entre el PSOE y la abstención les decimos que el bloque de la involución no tiene ninguna duda. Así que no especulemos con el voto. Si queremos futuro hay que votar al PSOE», dijo ayer Sánchez.

Esa ha sido su campaña. Extremadamente polarizada. Futuro o pasado. Avanzar o retroceder. Le ha faltado presentar las elecciones como un choque entre el bien y el mal. Pero ese ha sido el fondo de una campaña que ha jugado con el fantasma de «un retroceso de 40 años», intentando convertir las elecciones en un plebiscito en el que Sánchez representa la democracia y el resto la involución. No ha dudado Sánchez en atribuirse para sí la estabilidad, el sentido común o la representatividad de «la buena gente».

El papel de Ciudadanos

La intención de Sánchez es buscar una suma a partir del próximo lunes con Unidas Podemos y a poder ser solo con el PNV. Los indecisos entre PSOE y Ciudadanos son objeto declarado de Sánchez durante todas estas semanas. Quien tenga éxito en esa disputa puede ser clave para determinar las mayorías de Gobierno, ya que es la única bolsa de votos que trasciende los ejes ideológicos.

En las últimas horas Sánchez ha atacado los caladeros de Ciudadanos por su «viraje derechista» y volviendo a impostar «cierta decepción» porque entiende que ya no puede representar un mensaje de regeneración política.

Sánchez intenta entrar en ese espacio electoral subiendo el tono respecto a los independentistas. «No quiero que descanse la gobernabilidad y la estabilidad en las fuerzas independentistas. Lo que tiene que hacer el independentismo es reivindicar el autogobierno». Por eso ayer planteó que Albert Rivera tiene que «valorar mucho qué hacer a partir del lunes» y que «ojalá recapacite» y adopte «una posición constructiva».

Pedro Sánchez coquetea con la combinación de un triunfo suyo y un mal resultado de Rivera para que, con el miedo a una repetición electoral, Ciudadanos apueste por no bloquear su investidura.