Pedro Sánchez, en el Senado
Pedro Sánchez, en el Senado - ÁNGEL DE ANTONIO
Elecciones Generales

Ni PP ni Vox podrían frenar la reforma de la Constitución

El apoyo de Ciudadanos a iniciativas de PSOE y Podemos bastaría para activar los cambios

MadridActualizado:

Con su derrumbe en las urnas, el Partido Popular acaba de perder toda oportunidad de bloquear cualquier reforma constitucional en el Congreso y siquiera en el Senado, una facultad esta última consustancial a la mayoría en la Cámara Alta que han venido manteniendo desde 1995 y que habría podido ejercer frente a los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y el de Pedro Sánchez posterior a la moción de censura. Pero no a partir de ahora, máxime cuando a estos efectos tampoco salen las cuentas con Vox, lo que se convierte en una de las peores consecuencias que ha traído la división de la derecha.

Con 66 escaños en la Cámara Baja el PP y 24 Vox configuran una suma de 90 asientos, irrelevante a la hora de neutralizar intentos de cambiar la Carta Magna. Los de Santiago Abascal no han logrado representación en la Cámara Alta. Allí, los populares, con 56 senadores, a los que puede sumar en este momento otros 18 por designación de distintos parlamentos regionales -representación que podría disminuir tras los comicios autonómicos en vista de la tendencia a la baja de la formación- reúne ahora solo 74 votos, un quórum insuficiente para frenar ningún cambio en la Ley Fundamental. Ya sean los promovidos por la vía general del artículo 167 de la propia Constitución, que el PP podrían paralizar teniendo a partir de los 106 votos; ya sean los activados por el procedimiento agravado del artículo 168, que afecta a los Títulos Preliminar, el Capítulo Segundo de la Sección Primera del Título I (derechos fundamentales) o al Título II, referido a La Corona. En este segundo supuesto, el PP necesitaría tener en la Cámara Alta al menos 88 senadores, cifra de la que se ha quedado lejos.

Recomienda la prudencia política no abordar reforma constitucional alguna que no esté precedida por un consenso, lo que en España ha remitido tradicionalmente al mínimo común denominador imprescindible del acuerdo de los dos grandes partidos: PSOE y PP. Juntos y solos -con el único añadido de dos votos de UPN, marca de los populares en Navarra- aprobaron en 2011 la modificación del artículo 135 que consagró la estabilidad presupuestaria en la Carta Magna tal y como exigía la UE. Pero en un tiempo en que escenarios políticos antes impensables se suceden y las reglas están permanentemente cuestionadas, nada garantiza que los socialistas y las nuevas fuerzas parlamentarias vayan a inhibirse de introducir cambios en el texto fundamental sólo porque los de Pablo Casado estén en contra.

El PSOE reclama desde hace años como un mantra su deseo de reformar el marco constitucional de 1978. Podemos no ha ocultado en ningún momento su vocación incluso de alumbrar unas Cortes constituyentes y partir de cero.

Aforamientos y la Corona

Con sus respectivos grupos en el Congreso -123 diputados los de Pedro Sánchez, otros 35 en la cuenta liderada por Pablo Iglesias más los 7 de su confluencia Guanyem-, sólo haría falta la voluntad de Ciudadanos y sus 57 escaños para sumar 222, suficientes para poner en marcha la maquinaria reformista por la vía del 167, que necesita mayoría de tres quintos ( 210 votos) en la Cámara Baja. En este contexto, juntos podrían impulsar la eliminación de los aforamientos, que Cs lleva expresamente en su programa. Una vez en el Senado, esa iniciativa requeriría el apoyo de otras tres quintas partes del hemiciclo (159 votos), que con toda seguridad sería posible alcanzar a partir de los 142 que suma el PSOE incluido el senador de Asociación Socialista Gomera (ASG) y los designados por las autonomías (19 actualmente) más apoyos nacionalistas. El PP no podría frenarlo.

Ciudadanos también defiende eliminar la preferencia del varón en la sucesión a la Corona, que PSOE y Podemos comparten. Se trata, no obstante, de una modificación referida al Título II protegido por el procedimiento del 168 de la Constitución, lo que implica no solo que hay que contar con una mayoría de voto que las tres fuerzas no reúnen -aunque no les costaría añadir respaldo de grupos menores-, sino también con una posterior disolución de las Cortes, elecciones y nueva votación. Demasiado complejo y demasiado riesgo, aunque conviene no olvidar que este artículo 168 puede a su vez cambiarse según la receta del 167, y por tanto extraer el Título de la Corona de los contenidos blindados de la Constitución. El PP tampoco podría evitarlo.