Juan Gutiérrez Casillas y Mercedes Alaya
Juan Gutiérrez Casillas y Mercedes Alaya - abc

Alaya y Casillas, dos jueces frente al abuso del poder político en Andalucía

Mercedes Alaya y Juan Gutiérrez Casillas suman casi todos los procesos por el desvío de fondos

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El Gobierno que encabeza desde el pasado septiembre la socialista Susana Díaz va a iniciar el año 2014 con un pesado lastre judicial de trece causas abiertas. Dos jueces de la capital andaluza tienen en el punto de mira la «distracción» de decenas de millones de euros de dinero público ocurrida durante las legislaturas que encabezaron Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Mercedes Alaya

Poco queda por decir de Mercedes Alaya, la juez de instrucción número 6 de Sevilla, que en tres años se ha convertido en estrella a golpe de autos que ponían de los nervios al Ejecutivo autonómico por cuanto comprometían a José Antonio Griñán. Su ascenso ha ido parejo a un distanciamiento cada vez mayor con los fiscales Anticorrupción (con los que ha tenido varios rifirrafes) y a presiones por parte del PSOE y hasta de la cúpula judicial, que han ido in crescendo y que obligaron al CGPJ a salir en su defensa. Ha logrado eximirse del reparto ordinario y dispone de un juez de apoyo y de escoltas a diario. Nunca llega antes de las 10.30 a su despacho; se baja del taxi (uno fijo) y «hace el paseíllo» con su inseparable trolley mientras las cámaras ruedan. Pero ella no cambia su rictus. Se encierra hasta las tantas y dicta largos y contundentes autos.

Juan Gutiérrez Casillas

Nacido en Almendralejo hace 53 años, Juan Gutiérrez de la Barreda y Casillas es noble de familia (su hermano es conde de Osilo). Profesionalmente, es la antítesis de su compañera Mercedes Alaya. Llega a las 7.30 y no toma café. Si acaso, un vaso de leche de la máquina. Se marcha a la 13.30 junto a su funcionario de cabecera, Miguel. Se lleva de maravilla con los fiscales Anticorrupción, no tiene apoyos extra y no abusa de los autos. Prefiere escuetas providencias y mantiene un exquisito trato con la prensa. Y lo mismo hace con los imputados: para bajar la tensión les gasta una broma. Casado y padre de un hijo (perdió a otro), está en el Foro Judicial, pero no acude a los actos. Sevillista y melómano, su pasión son los conciertos de música barroca. Le sirven para relajarse tras los 240.000 folios que tiene en su mesa y los que se le vienen encima, que le dejan sin vacaciones de Navidad.