Mano tendida al PSOE sobre Cataluña y menos impuestos a las clases medias
Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados - ignacio gil

Mano tendida al PSOE sobre Cataluña y menos impuestos a las clases medias

Pese a que la cercanía del 25-M no relajará el debate, Rajoy quiere tender puentes con el PSOE en Cataluña y reconquistar a los descontentos

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Termina enero y Rajoy habla con Rubalcaba. Quiere fijar el debate del estado de la nación para la última semana de febrero. Por delante, veinte días largos para preparar con tranquilidad, y sin perder ojo al Madrid-Elche de ayer, su segunda alocución de política general desde que asumió la presidencia en 2011. «Estamos en el ecuador de la legislatura, hay que dar un nuevo impulso político y el jefe del Ejecutivo va a aprovechar para presentar los resultados de las difíciles reformas que hemos puesto en marcha», revela el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, a ABC. Es uno de los miembros del Gabinete que ha asaeteado con datos, cifras y resultados el relato parlamentario que presentará el presidente este próximo martes en el Congreso. También Montoro. Y De Guindos.

Cuando los lectores se asomen a esta crónica, Rajoy estará ultimando un discurso que sus colaboradores califican de «genuinamente político» y a la antigua usanza, en el que rendirá cuentas sobre las reformas ejecutadas: su Gobierno tuvo que pedir esfuerzos importantes a los españoles y esos esfuerzos han dado resultados, proclamará el presidente. Eso sí, Moncloa no lanzará las campanas al vuelo tras haber superado una situación «de vértigo». Por ello, llamará a no relajar las políticas de austeridad, la contención del déficit y el control presupuestario. Claro, con la premisa de que los «sacrificios extraordinarios» no se tienen que mantener indefinidamente. Y en este punto, el Gobierno enmarcará el anuncio de una reforma fiscal dirigida fundamentalmente a recuperar buena parte del granero electoral perdido: las clases medias sin cuyo favor los populares no revalidarían el poder. El nuevo sistema tributario, que entrará en vigor a primeros de 2015 y sobre el que avanzará detalles Rajoy, favorecerá la protección de las familias, menoscabadas por la subida impositiva. Será, según Moncloa, el momento de iniciar el nuevo ciclo de la creación de empleo y la recuperación económica.

El día que Rubalcaba recibe la propuesta de Rajoy de retrasar el debate no le parece mal y agradece que la tradición de consultar con el jefe de la oposición esa fecha clave no se interrumpa a pesar de la tensión. No sabe el líder socialista que su interlocutor está a punto de propinarle un par de días después (2 de febrero) y en la convención de Valladolid, una andanada digna de colarse por méritos propios en las portadas. Para ese día, calcula Rubalcaba, ya tendrá a Elena [Valenciano] designada como cabeza de lista europea. Dispuesta a inmolarse. O a consagrar (o no, dicen algunos) a su jefe antes de que el tsunami de las primarias pueda empaparle.

De tsunamis hablan los dos líderes. Ambos se la juegan en el debate que arranca pasado mañana. Están a las puertas -25 de mayo- de una primavera en la que las urnas europeas hablarán por primera vez desde que el PP desalojó al PSOE de Moncloa con la prima por encima de los 600 puntos, España en riesgo y los destrozos de la crisis en las portadas dickensianas del New York Times. Y el que estemos a tres meses de las urnas separa a los dos partidos por la tensión que introduce en el debate pero los une en el horizonte oscuro que comparten frente a un puñado de fuerzas inconexas y vociferantes pero con tirón popular y poca afición por la estabilidad de España.

La encuesta de GAD3 para ABC reveló esta semana que en las elecciones europeas, que ganaría por 2 escaños el PP, la suma de las dos formaciones solo alcanzaría 38 de los 54 diputados que corresponden a España, mientras que cinco años antes el bipartidismo se apuntó 47 europarlamentarios. Malas noticias. Por eso, Rajoy y Rubalcaba hablan de ese horizonte fúnebre para la estabilidad institucional de España. Y esa preocupación marcará también sus interpelaciones de esta semana. De hecho, ABC ha podido saber que a los dos intranquiliza el bloqueo político que marca las relaciones entre ambas orillas del arco político. «El presidente ofrecerá ampliar el terreno para llegar a consensos básicos. Eso favorecerá al país, más allá de los partidos», explica una fuente parlamentaria. Para ello, lo primero que se hará es identificar aquellos ámbitos que todavía quedan para el entendimiento sin los cuales la estabilidad institucional seguirá lastrada. Y no solo ellos están preocupados. La propia presidenta de Andalucía, Susana Díaz, también ha hablado con ambos de la desafección popular hacia PP y PSOE y reclamado la urgencia de reforzar la credibilidad de los dos partidos. «Un arco parlamentario en el que las dos formaciones no superen cuando lleguen los comicios generales los 140 escaños es una muy mala noticia para España», alerta. Por ello, el presidente va a tender la mano el martes a Rubalcaba. Sabe, según un portavoz parlamentario socialista, que «sobre economía no podemos llegar a muchos puntos de acercamiento, pero en el terreno de las instituciones sí». Y ahí es donde el jefe del Ejecutivo quiere fertilizar un acuerdo con la oposición.

El futuro de Cataluña preocupa a Rajoy y a Rubalcaba. Por ello, el debate más importante del año servirá para que el PP proponga a los socialistas que «se marche conjuntamente en la dirección de sacar a la sociedad catalana del callejón sin salida en el que le han metido sus dirigentes», según revela un alto cargo del Gobierno popular. El mismo que advierte «del error estratégico que ha cometido Artur Mas al definir la fecha para el referéndum ilegal». Y en este punto, el jefe de la oposición escuchará del PP una propuesta para caminar de la mano con el objetivo de salvar a los catalanes del marasmo al que están abocados. De hecho, a Rajoy lo que más le preocupa ahora, casi por encima de la economía, es la salida que como presidente tiene que ofrecer a la sociedad catalana y para ello necesita del apoyo socialista. Rubalcaba, según su entorno, estará receptivo «y propondrá la apertura de una etapa de diálogo, que tiene que tener su reflejo en el Parlamento ya que Cataluña y el resto de España pasan por momentos muy difíciles». De hecho ha trasladado a sus colaboradores la «necesidad de aplicar a este asunto grandes dosis de diálogo». No será la primera vez que se lo diga al presidente, pues ambos mantienen una interlocución discreta sobre ese asunto capital para España. Proximidad que permitió que el pasado jueves ocho de cada diez diputados votaran en contra del secesionismo.

Si el debate de 2013 se celebró en un clima espeso de tensión por ambas partes y el resto de grupos -20 días antes había estallado el caso Bárcenas y se conoció que el extesorero popular cobró una nómina del partido hasta ese momento- en Moncloa y Ferraz se confía en que este año pueda bajar de decibelios, si bien nadie prevé parlamentos «de guante blanco». Menos, con la pantomima del desarme de ETA y la corrupción en la agenda pública.