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Asturias, una tierra verde esmeralda

Los amantes de los paisajes de ensueño encontrarán muchos en el Principado. Acércate cualquier fin de semana del año

josé antonio garcía muñiz
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A una hora de avión desde Madrid o hora y media desde Londres, Asturias espera al visitante velada tras su perenne manto de niebla y lluvia. Los amantes de los paisajes de ensueño encontrarán muchos en el Principado. Desde agrestes y lunares paisajes de montaña, hasta acantilados de vértigo, pasando por bosques misteriosos y suaves colinas de un intenso verde esmeralda.

Y como no solo de paisajes hermosos vive el hombre, el visitante encontrará en las tierras astures una cultura rica y auténtica, fruto de milenios de una historia fecunda que apela a las esencias de la Europa atlántica.

Pero si Asturias está llena de lugares que asombrarán al visitante, la injustamente desconocida costa occidental de Asturias le llevará al más absoluto éxtasis.

Arrancando desde el aeropuerto del Principado, el visitante puede hacer una primera parada en San Esteban de Pravia, en el concejo de Muros. Esta villa, en la desembocadura del río Nalón, acogió a finales del siglo XIX la escuela pictórica de La Pumariega, formada por pintores impresionistas. Los pinceles del asturiano Tomás García Sampedro o del alcarreño Casto Plasencia, encontraron en las riveras del Nalón los paisajes inspiradores que estos posrománticos necesitaban para desencadenar su genio. Estos artistas introdujeron en España las corrientes vanguardistas que colegas como Claude Monet o Auguste Renoir implantaron en aquella Europa de finales del XIX, a través de la escuela pictórica de Barbizón.

No lejos de esta villa de San Esteban, se encuentra Pravia, antiguo poblado romano, que allá por el siglo VIII, fue capital del Reino de Asturias. En sus cercanías, se edificó la Iglesia de Santianes de Pravia, muestra privilegiada de ese arte tan especial y único que fue el prerrománico asturiano. Con sus muros austeros, de sobria piedra tallada por las expertas manos de los canteros altomedievales, el prerrománico asturiano fue un movimiento arquitectónico precursor y adelantado al Románico europeo. Su desarrollo se produjo durante los siglos VIII, IX y X, en los que la monarquía de Asturias fue renacimiento de la Cristiandad y reino de postín en el orden político europeo junto al Imperio Carolingio y al Bizantino.

Próxima se encuentra la localidad de Cudillero, con su Quinta de Selgas, palacio de estilo historicista construido a finales del siglo XIX, y que alberga cuadros de Goya, El Greco, Luca Giordano, Corrado Giaquinto y Vicente Carducho. El palacio de la familia Selgas fue construido por encargo de Ezequiel y Fortunato Selgas, asturianos hechos a sí mismos que hicieron fortuna como socios del Marqués de Salamanca, en la construcción del afamado barrio madrileño. Fortunato fue además un notable historiador, escritor y mecenas, que construyó en la Quinta una escuela con un avanzado modelo de enseñanza que se dedicaba a dar una enseñanza de élite a los niños de la comarca, muchos de ellos sin recursos.

Andando un poco más hacia el occidente, por carreteras y caminos que discurren entre praderas de infinitas tonalidades de verde, el viajero llegará a Luarca. Villa marinera en la que vio la luz el Premio Nobel Severo Ochoa, y en la que descansan sus restos. En su puerto podrá conocer el visitante las tradiciones democráticas de los marineros medievales, que en días de galerna votaban la salida a la mar. Los mismos marineros que constituyeron, junto a sus compañeros de las otras villas costeras del norte, la Armada Española medieval.

Cerca de Luarca, se encuentra la aldea de Cadavedo, la playa del silencio y el cabo Busto, lugares paradisíacos que transportan al viajero a un mundo de druidas, princesas astures, xanas y trasgos. Mitología asturiana que entronca con los pueblos célticos del Atlántico.

Y si para entonces, el viajero no ha comprendido que se encuentra en una Irlanda sureña, terminará de comprenderlo al visitar los castros de Coaña, ciudad de la cultura castreña de la protohistoria, propia de los pueblos célticos del arco atlántico europeo y que evoca a algún Asterix asturiano resistiendo frente a los locos romanos.

En el mismo municipio de Coaña, en la pequeña aldea costera de Ortiguera, nos encontramos con paisajes y arquitecturas propias de la campiña inglesa y con una casona o palacio de indiano construido por don José María Jardón y Trelles quien, tras hacer fortuna en Argentina, regresó a España instalándose en Madrid. Su hijo, don Fernando Jardón Perissé fue el constructor de la madrileña plaza de toros de las Ventas.

Cerca del palacio de los Jardón, se encuentra otro castro, el de Mohías, que si la costa oriental de Asturias es tierra de cuevas y arte prehistórico, la costa occidental de Asturias es tierra de castros protohistóricos, como para recordar que esa tierra tiene una firme solera histórica.

La atalaya de Jovellanos

Si al viajero aún le quedan fuerzas deberá acudir a Puerto de Vega, que se asoma a su atalaya sobre el Atlántico y en la que murió don Gaspar Melchor de Jovellanos, escritor, pensador, ministro y padre fundador de la moderna nación española liberal en las cortes de Cádiz de 1812. En la casa donde murió se recuerda la memoria de tan insigne convecino, como se honra la memoria de otro ilustre hijo de la villa, Álvaro Navia Osorio, Marqués de Santa Cruz de Marcenado, maestro de estrategas militares, pereció en 1732 en la defensa de Orán. Sus Reflexiones Militares fueron libro de cabecera de Federico de Prusia y de Napoleón Bonaparte.

Al final de esta senda le espera al viajero la recoleta Castropol, en la desembocadura de la ría del Eo, frontera entre Asturias y Galicia, tierras primas y hermanas que se funden aquí en un abrazo eterno. Unidas y separadas por este fiordo que forma el Eo al llegar al Océano.