Rocío Crusset vuelve a vestirse de novia: así ha sido su segunda boda con Charlie Schein en Ibiza

La hija de Carlos Herrera y Mariló Montero reunió en Ibiza a los amigos que no pudieron acompañarla en su enlace de Nueva York

Apenas dos meses después de darse el “sí, quiero” en Nueva York han vuelto a reunir a familiares y amigos en Ibiza para compartir una celebración mucho más distendida, concebida como una gran fiesta de verano junto al mar. La pareja ya había optado por un enlace íntimo el pasado 30 de mayo en Estados Unidos, reservado únicamente para un reducido grupo de allegados. Sin embargo, muchos de sus amigos más cercanos no pudieron desplazarse hasta Nueva York, por lo que ambos decidieron organizar una segunda celebración en España, concretamente en una isla especialmente vinculada a la familia de la modelo. El resultado ha sido una boda completamente diferente a la primera, tanto por el escenario como por el ambiente y, sobre todo, por el estilismo elegido por Rocío Crusset, que volvió a vestirse de novia con una propuesta muy distinta a la que lució durante la ceremonia religiosa.

Dos vestidos para dos bodas completamente diferentes

Si en Nueva York Rocío Crusset apostó por un vestido diseñado por ella misma, elaborado en encaje floral y con una marcada inspiración romántica, para la fiesta celebrada en Ibiza dio un giro radical a su imagen. La modelo eligió un vestido blanco satinado de líneas limpias, silueta entallada y escote drapeado que resumía una de las grandes tendencias nupciales del momento: el minimalismo elegante. Sin mangas, con una caída fluida y un patrón que apenas necesitaba adornos, el diseño demostraba que la sofisticación también puede construirse desde la sencillez. Frente al volumen, los encajes y las transparencias del primer vestido, esta segunda propuesta apostaba por el equilibrio, la naturalidad y la calidad del tejido como principales protagonistas.

El vestido se integraba perfectamente en el entorno elegido para la celebración. Rocío Crusset llevó la melena suelta, peinada con ondas suaves y recogida parcialmente mediante una delicada flor blanca colocada sobre un lateral del cabello. Un gesto sencillo que sustituía al tradicional velo y reforzaba el carácter desenfadado de la fiesta. El maquillaje siguió la misma filosofía. Piel luminosa, acabado muy natural, labios en tonos neutros y unos discretos pendientes completaban un estilismo donde menos significaba claramente más. Charlie Schein también se alejó del protocolo clásico. El novio apostó por un conjunto de lino negro, ligero y cómodo, en consonancia con la estética mediterránea de una celebración concebida para disfrutarse al aire libre.

Una fiesta con esencia ibicenca

Las imágenes compartidas por algunos invitados muestran una celebración organizada frente al mar, rodeada de vegetación y con una decoración inspirada en los elementos más característicos del Mediterráneo. En lugar de grandes montajes florales o una puesta en escena excesivamente formal, la pareja apostó por materiales naturales, madera, iluminación cálida y largas mesas de aperitivos donde no faltaban quesos artesanos, embutidos, panes, frutas frescas, aceitunas y otros productos típicos de la gastronomía mediterránea. Antes de la fiesta, los invitados disfrutaron además de una jornada en barco por la costa ibicenca, una experiencia que sirvió para dar comienzo a un fin de semana pensado para compartir tiempo con amigos más que para seguir el protocolo habitual de una boda. Uno de los elementos más comentados de la celebración fue el detalle que Rocío Crusset mostró horas antes a través de sus redes sociales. La modelo enseñó una gorra diseñada expresamente para el evento, bordada con una ilustración de la pareja rodeada de motivos veraniegos y acompañada de sus nombres. Un recuerdo personalizado que reflejaba el tono cercano e informal con el que ambos quisieron plantear la celebración.

La fiesta en Ibiza llegaba después del enlace celebrado el pasado 30 de mayo en la iglesia jesuita de San Ignacio de Loyola, en Park Avenue, Nueva York. Aquella ceremonia reunió únicamente a unas decenas de invitados, entre ellos Carlos Herrera, Mariló Montero, el hermano de la novia, Alberto Herrera, y el círculo más cercano de ambos. Tras la ceremonia religiosa, la celebración continuó en un conocido restaurante del Upper East Side, donde el menú incluyó varios guiños a las raíces españolas de la novia, con productos como jamón ibérico, vinos nacionales y manzanilla de Sanlúcar. También aquel vestido reflejaba otra faceta completamente distinta de Rocío Crusset. Diseñado por ella misma y confeccionado posteriormente por una amiga modista, el modelo incorporaba encaje floral, mangas vaporosas, volantes asimétricos, un profundo escote en la espalda y un delicado velo de tul acompañado por un pequeño ramo de lirios del valle.

Aunque Rocío Crusset desarrolla parte de su actividad pública como modelo y diseñadora de joyas, siempre ha protegido especialmente su vida privada. Lo mismo ocurre con Charlie Schein, financiero estadounidense que durante años permaneció prácticamente alejado del foco mediático. La pareja reside en Nueva York desde hace tiempo y ha construido allí gran parte de su vida en común. Sin embargo, mantienen un fuerte vínculo con España y, especialmente, con Andalucía e Ibiza, dos lugares muy presentes en la historia familiar de la modelo. Precisamente esa doble identidad explica la decisión de celebrar dos bodas distintas. Una íntima, en la ciudad donde viven; otra festiva, junto al Mediterráneo y rodeados de quienes forman parte de su vida en España.