Cinco flores que merecen un viaje

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  • HACE 5 meses

Tulipanes, edelweiss, cerezo en flor, lavanda y camelia. Flores que esconden rutas y experiencias tan especiales que no podrás dejar de planear

A medida que se van cumpliendo años los intereses cambian. No quieres abarcar mucho, acumular experiencias corre que corre, sino que buscas aprovechar más el tiempo y exprimir las cosas para aprehender su esencia, para extraerle un jugo que va más allá de lo que se percibe a simple vista.

Traducido a los viajes, ya no vas tachando nombres de tu mapamundi imaginario, porque no te vale un sitio de cualquier manera ni en cualquier momento. A veces quieres pisar por donde han pisado otros, seguir las huellas de alguien: la ruta de Magallanes, el camino del Inca, la Inglaterra de Jane Austen… Puede que lo que te mueva sea la gastronomía: la feria de la cerveza en Munich o de la trufa en algún lugar de Italia…O las fiestas, o los cultos, o la música, o, por qué no, los jardines.

Os cuento la lista de sitios que me gustaría visitar –por primera, segunda o enésima vez- y la fecha adecuada, en busca del momento prístino de una flor.

Camelias

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Quiero descubrir los camelios en flor en los jardines del norte de Portugal. La camelia, bella, enigmática y símbolo de elegancia, llegó a la península ibérica desde oriente traída por los navegantes portugueses y desde el siglo XIX es parte importante de los más emblemáticos jardines del norte en ambos países.

Lo ideal es ir acompañado de un experto paisajista como Jesús Moraime, aunque este año ya está cerrado el curso que ofrece @youtopíamadrid del 7 al 9 de marzo. Pionero en estudiar paisajismo en España, está especializado en restauración de jardines históricos, especialmente musulmanes y cristianos. Ha firmado proyectos importantes en el país vecino -jardín botánico de Coimbra, los jardines de la tienda de Massimo Dutti en Lisboa, etc.-, por lo que ver de su mano palacios, quintas, monasterios y jardines en Oporto, Vila Real, Braga, Ponte de Lima, Amarante y Guimaraes debe ser una maravilla (el próximo año estaré rápida para apuntarme).

Si eres de los que prefiere viajar por tu cuenta, hay una página web portuguesa estupenda donde podrás localizar los palacios y quintas (algunos son hoteles encantadores) donde ver esta flor exquisita. Si prefieres en nuestro país, Galicia es tu destino.

Cerezo en flor

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Quiero ver de nuevo los cerezos en flor en el Valle del Jerte. Pero esta vez me gustaría hacer la ruta circular que proponen en la web de turismo: Valdastillas, Piornal, Barrado, Cabrero, Casas del Castañar, El Torno y Rebollar –unos cincuenta km. de recorrido-, aunque luego me encantaría volver a dormir en la casa rural – a saber si sigue existiendo- en Cuacos de Yuste de la que aún recuerdo las gitanillas colgando de los balcones.

La floración de los cerezos varía de fecha cada año, dependiendo de la meteorología, aunque suele ser a finales de marzo o principio de abril. La pena es que solo duran diez días las flores, así que hay que estar fino en la elección del fin de semana –o tener mucha capacidad de reacción. El espectáculo de los miles de cerezos en laderas aterrazadas y cubiertos de blanco es de los que te deja sin respiración y, por unos segundos, te hace creer que estás frente a un paisaje nevado.

Lavanda

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Quiero ver las matas de lavanda rebosantes de malva rodear la abadía de Sénanque y repetir el picnic que hicimos en septiembre del año pasado con vistas a Bonnieux, tomar nuevamente quesos y patés comprados en Avignon, pero esta vez oliendo a lavanda.

Aunque como no se puede ir todos los años a la Provenza, tal vez me conforme con visitar Brihuega, en la provincia de Guadalajara, a unos cien kilómetros de Madrid, donde cada año en julio también florecen miles de matas de lavanda. Y es que desde hace tres décadas, en los alrededores de Brihuega se plantan unas mil hectáreas de este arbusto aromático de cuyas preciosas flores azuladas se extrae la esencia para la producción de perfumes ¡de aquí sale ya el diez por ciento de la producción mundial! El 19 ó 20 de julio habrá un concierto entre las flores (eso sí, la etiqueta exige vestir de blanco).

Tulipanes

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Quiero pasear entre miles de tulipanes en Holanda. Esta flor con forma de turbante llega en el siglo XVI procedente del Imperio Otomano, de la mano de un botánico flamenco, Clusius. Los bulbos se convirtieron rápidamente en objeto de deseo, hasta el punto de protagonizar la primera gran burbuja económica que conocemos.

La mayor parte de los campos de tulipanes de Holanda está en el polder Noordoostpolder, en la provincia de Flavoland, aunque también los hay por la costa de La Haya y Leiden Hasta Alkmaar, en el norte. Aunque el parque floral más grande del mundo, donde existe una mayor concentración de bulbos (se plantan 7 millones de bulbos cada año), es Keukenhof, a quince minutos en coche desde Leiden y a media hora de Amsterdam. Se abre del 21 de marzo al 19 de mayo durante todo el día. ¡Yo no veo el momento de ir! Pero no os preocupéis si vuestro presupuesto está tiritando: siempre nos quedará el Real Jardín Botánico de Madrid donde podremos dejarnos llevar –por poco dinero- por la tulipomanía.

Edelweiss

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Quiero hacer una ruta de senderismo en el Zermatt suizo en busca de edelweiss. Esta flor blanca, que florece de julio a septiembre, alcanza menos de 10 cm de altura. Crece en grupos en roquedos y praderas en los Alpes (es la flor nacional de Suiza y Austria) siempre a más de 1.500 m. de altitud. Las brácteas (lo que crece justo debajo de la flor y se confunde con el pétalo) son gruesas, carnosas y recubiertas de una pelusa blanca, que le da ese aspecto de flor nevada y sirve para protegerla de la radiación ultravioleta, de la sequedad y del frío.

Aparentemente frágil, esconde una fortaleza enorme, capaz de resistir a más de 3.000 m de altitud y soportar frío extremo. En España se pueden localizar en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Hay varias rutas creadas por el equipo de Zermatt: la Edelweiss Path (un trail educacional para amantes de la botánica), el Flower Trail y la Via Ferrata. Es importante recordar que en el país helvético está prohibido cogerlas con graves multas.

Viajes para soñar, ¿verdad? Pero no puedo acabar este post sin reseñar que hay una flor minúscula, exquisita, fragante, efímera y gratis que florece en marzo y está ineludiblemente unida a la iconografía olfativa de cualquier sevillano. Arropa nuestro primer beso, nuestras primeras lágrimas, nuestras oraciones bajo un manto verde bordado en oro. Si eres de fuera y quieres conocerla, ven a Sevilla en primavera. Pero no tardes, el azahar no espera.

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