Cuarto de maravillas

Expiación, el rescate de los libros olvidados

  • Estilo de vida
  • HACE 3 años, 5 días

Prueba a hacer como nuestra bloguera. Una cesta de picnic, un entorno envidiable y una buena lectura preotoñal

Dicen que el verano es la época del año en la que más se lee. Se dispone de más tiempo libre y las tardes calurosas incitan a tumbarse a la sombra con un libro entre las manos. Por eso, un plan que siempre nos ha gustado hacer con los hijos es pasar la tarde en Fnac eligiendo las lecturas que nos llevaremos en la maleta de vacaciones. Puede ser cualquier librería bien surtida, aunque no en todas puedes sentarte cómoda y tranquilamente a leer antes de pasar por caja.

Algunas veces devoras todo lo que has comprado y tienes que andar mendigando que te presten algo. Pero como se hayan presentado muy movidas las vacaciones, vuelves con libros sin abrir que se van quedando en la parte de atrás de la fila… porque parece que en otoño los gustos cambian.

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Yo me he propuesto este año (septiembre es para mí la época de nuevos propósitos, no pienso bien atragantada de uvas) rescatar de debajo del montón aquéllos libros que, por algún motivo concreto del que ya ni me acuerdo, me parecieron de interés algún día. Uno de ellos es «Expiación», de Ian MacEwan.

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Y como no puedo evitar seguir el juego, busco un lugar idóneo para leer un libro cuya primera frase de la solapa es: «En la gran casa de campo de la familia Tallis todo parece fluir con apacible elegancia en el día más caluroso del verano de 1935…». Así que, aprovecho la invitación de unos amigos a su finca para, libro en mano, buscar una encina entre pastos agostados para sentarme a la sombra. Llevo la cesta de picnic que mi hija le pidió a los Reyes Magos la Navidad pasada y el mantel de patchwork que yo le hice «ad hoc».

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La primera parte empieza al estilo de las novelas de Jane Austen, con una chica inglesa con inquietudes de escritora (Briony) que tiene la cabeza llena de ansias de amor, de afán de protagonismo, de convencionalismos sociales…El lenguaje me parece cursi, (¿quién escribe que la madre «cuchichea en la tensa voluta de la oreja de la niña»? o «Su pureza de espíritu jamás se pondría en duda, aunque ella se moviese en un mundo mancillado»), relamido, excesivamente rebuscado para contar un apacible y caluroso día de verano en la campiña inglesa. La forma minuciosa de describir los detalles de la casa, la vegetación, las indumentarias, las poses, las digresiones mentales de la niña de 13 años… todo me hace pensar que el autor (no había leído antes nada suyo) no es un hombre, sino una mujer encubierta por un pseudónimo, al estilo de Fernán Caballero. Echo en falta cobertura en el móvil para buscar alguna certeza sobre Ian MacEwan.

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En el capítulo 2 nos presenta a Cecilia, la hermana mayor, que acaba de volver de la universidad, y de nuevo el lenguaje utilizado para describir el salón («…los insólitos atriles de palisandro, las pesadas cortinas de terciopelo débilmente sujetas por un cordón con borlas anaranjado y azul…») me parece muy afectado. Y ya estoy segura de que MacEwan es una mujer, porque ¿qué hombre es capaz de llenar dos páginas contando las vueltas que una chica de veinte años puede dar para evitar –o todo lo contrario- coincidir con un muchacho? ¿O de describir con tanta verosimilitud las jaquecas de la madre?

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Cuando estoy empezando a cogerle gusto a expresiones como «sumamente desprovista de encanto» para describir algo o alguien realmente feo (me viene a la cabeza un restaurante de Sevilla donde cené el otro día, muy bien por cierto), empieza a palparse una tensión en la novela que me desconcierta. La prima de 15 años recién llegada del norte no es tan inocente como aparenta (¡Ay, Nabokov!), ni el amigo adinerado invitado a pasar unos días por el hermano mayor, ni Cecilia pasa tanto del hijo de la asistenta, ni siquiera el padre de familia es el intachable y trabajador funcionario de alto nivel que parece. Y por fin a la hora de la cena se desencadena el drama que en las horas previas se venía gestando. Una violación en la oscuridad, una acusación y la detención de Robby, son el final de la primera parte y de mi idea de novela victoriana y femenina. ¿Quién es Ian MacEwan?

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Levanto la mirada del libro y la fijo en el paisaje que se extiende frente a mí: frondosas encinas conforman una dehesa poblada, que se hace más tupida a medida que asciende en las colinas. Un berrido de venado me llega amortiguado. La tensión sexual también les ha alcanzado de lleno.

Empiezo la segunda parte y me sorprende el tono y el lenguaje: de una forma cruda y fría se nos cuenta la retirada hacia el Canal de dos cabos y un soldado (Robby Turner) a través de unos terrenos bombardeados permanentemente por la aviación alemana. Estamos en plena Segunda Guerra Mundial, en el norte de Francia. Las tropas aliadas se repliegan desordenadamente hacia Dunkerque, ciudad portuaria donde pretenden embarcar hacia las islas británicas. En ese horror de pueblos arrasados, cadáveres en las cunetas, mutilaciones y hambre, el protagonista lucha por volver, aferrado al recuerdo de Cecilia y a su promesa de que le esperará. Ya no hay nada femenino en el relato, ni concesiones al sentimentalismo, tan solo una hercúlea determinación de sobrevivir.

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Unos tiros parecen salir del libro (lo del 3D va en serio), pero alzo la vista y me doy cuanta de que son escopetas lejanas plomeando a las palomas migratorias que se dejan engañar por el cimbel (¡y yo casi esperando que apareciera Ralph Fiennes con uniforme de las SS!). Bebo agua y cojo una manzana que he traído en la cesta de picnic comprada en Cristina Oria (funciona bien su página on-line) y me adentro en la tercera parte.

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De verdad que solo me comí la manzana, el bizcochito es para la foto.

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Briony vuelve a ser la protagonista, ya madura aunque sólo cinco o seis años después. El sueño de ser escritora subyace encerrado en un cajón, mientras su realidad de enfermera en prácticas en un hospital londinense sustituye a la niña imaginativa que fue. Pero lo que se abre paso sobre todo ello es su necesidad imperiosa de expiar una culpa.

Y ahí lo dejo. Porque no se debe contar todo de una novela. Y porque la tarde se está echando en la sierra de Córdoba, hace fresco y la berrea empieza a cobrar fuerza. Pero esto os lo cuento otro día.

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PD1: Ian MacEwan (dice Wikipedia) es UN novelista inglés nacido en Hampshire el 21 de junio de 1941. ¡Es géminis, ya lo entiendo todo!

Ian McEwan. EFE

PD2: creo que hay una película de esta novela, pero no pienso verla.

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