¿Ha caducado la escuela sevillana de baile flamenco?

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  • HACE 2 años, 1 mes

Análisis de los espectáculos de las bailaoras Isabel Bayón (Djú-Djú) y Pastora Galván (Mírame) en la Bienal de Flamenco

La recta final de la Bienal de Flamenco ha reunido a dos de las bailaoras más jóvenes –pero ya consagradas- nacidas en Sevilla: Isabel Bayón (1969) y Pastora Galván (1980). Esta última presenta el espectáculo «Mírame», donde recupera alguna de sus coreografías que más éxito han tenido y hace un planteamiento de lo que piensa hacer en el futuro. Isabel Bayón nos muestra un nuevo montaje: «Djú-Djú», de la mano de Israel Galván, hermano de la anterior. Las dos se echan en los brazos del mismo hombre. (Sevilla es muy endogámica).

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Un escenario vacío, con un arbolito blanco de navidad, espantoso y cutre, nos inquieta. ¿Dónde están las sillas de enea para guitarrista y cantaor? Esperamos un poco… ¿esto ha empezado ya? ¡Vamos, Isabel!

Árboles de Navidad que se mueven solos por el escenario. Muñecos diabólicos que suben y bajan con un gesto de un mesías de túnica blanca (sin una manga). Brujas haciendo conjuros al ritmo de graznidos de cuervos. Viajes en escoba que evocan orgasmos. Cantaores que son la personificación de El Grito de Munch (¡Dios mío, menos mal que se tapó la cara, qué lejos está la estremecedora farruca de David Lagos en la pasada Bienal!). Un gato de porcelana blanca que corre sobre unos ruedines. Graznidos de fondo y sonidos de bosques de los Hermanos Grimm. Brujas gigantes, enanas, a veces grotescas, a veces tiernas, como las hadas de Blancanieves, revoloteando y peleándose por lanzar sortilegios…

Dju Dju, espectáculo de Isabel Bayón- Foto: JM Serrano Dju Dju, espectáculo de Isabel Bayón- Foto: JM Serrano Dju Dju, espectáculo de Isabel Bayón- Foto: JM Serrano

Isabel tiene personalidad, de eso no cabe duda. Además de un cuerpo menudo, delicado y bello (a pesar de que el vestuario les ha costado menos que a mí la entrada), nos demuestra que tiene una vis cómica importante: gruñe, grazna, canta disfrazada de pop-star ochentera de barrio –«asalvajada estoy»- pare un mantón entre quejas estridentes… en definitiva, se presta a lo grotesco que emana de la mente calenturienta de Israel Galván. Es camaleónica, hasta el punto de aparecer a años luz -¿dos mujeres?- de la Isabel de la Bienal de 2014. Irreconocible. Aún así, es capaz de componer imágenes bellas.

Pastora Galván en el espectáculo Mírame. JM Serrano
Pastora Galván en el espectáculo «Mírame»

Pastora, como es su hermana, le puede decir tranquilamente «Te quiei ya» sin que Israel se enfade. Que con un visionario en la familia ya es suficiente. Pero no se lo dice. Se presta a bailar, con una bata de cola roja con la que se pelea, el bolero de Ravel mezclado con el «Non Rien de Rien» de Édith Piaf cantado por Jeromo Segura. Se deja disfrazar de hortera cani y mover sus caderas enfundada en unos vaqueros a punto de estallar al ritmo de no se sabe qué estridentes graznidos (con la ayuda de un acordeón y un chelo). Otra vez lo grotesco.

¡Otra reina de las cabras! Con una camiseta blanca de tirantes y un pañuelo rojo al cuello, parece la versión trianera de Olivia Newton-Jones en «Grease». Que se transforma en la hermana gemela de la mujer de Mohamed VI de Marruecos cuando se cambia el atuendo y se coloca un caftán negro y dorado. Menos mal que Angelita Montoya se lamenta en árabe casi mejor que en español. ¡Ay, Pastora!

Pastora Galván en el espectáculo Mírame. JM Serrano
Pastora Galván en el espectáculo «Mírame»

Quiero quedarme con la Pastora que baila como lo hará dentro de treinta años, como las viejas gitanas de un corral de Triana, descalza, vestida de canastera, con batita corta de volantes, mandil a la cintura y mantoncillo en los hombros. Moviendo las caderas desvergonzadamente y haciendo desplantes.

Quiero quedarme con la imagen de la pitonisa Isabel que deshace su turbante lentamente, primero dejándolo caer por la espalda como una cola de caballo bordada, después colocado a modo de velo en su cabeza, de manto protector con el que se abriga. Con su movimiento de caderas (ha mandado a fregar a Shakira), con su versatilidad: lo mismo baila la danza del vientre, que un raeggeton, que una jota (aunque me gustó más la de Barullo en Santa Clara), que una seguirilla a la pata coja (¡con lo bien que le saldría si Israel le hubiera dejado apoyar los dos pies!) Pero sobre todo, quiero quedarme con la Isabel Bayón sobria, elegante, perfecta, de sus Caprichos del Tiempo de hace dos años.

¿Se aburren los artistas? ¿Necesitan experimentar, transgredir, para continuar con su desarrollo personal? ¿Le preguntamos a Farruquito?

Fotos: J.M, Serrano

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