Lección de flamenco con José Valencia

  • Estilo de vida
  • HACE 2 meses, 5 días

Qué bonito es aprender a disfrutar del flamenco de la mano de los grandes, y qué lujo poder disfrutar de ellos en esta XX Bienal

El aprendizaje del flamenco requiere un proceso lento. Es como con la arquitectura, que no basta con saber levantar un plano. Tienes que haberte parado media mañana a rezar en un banco de Sant ´Andrea al Quirinale y la otra media en San Carlo alle Quattro Fontane mientras te imaginas las disputas entre Bernini y Borromini; o esperar a que llueva en el Panteón de Roma para comprobar si cae agua por el óculo de la enorme cúpula diseñada por los romanos en el siglo II. Para ser un experto en flamenco tienes que acumular horas y más horas de espectáculos, noches de charlas con gitanos alrededor de una -o mejor varias- botellas de Jerez, veladas que empiezan siendo una cosa y se transforman en otras…y beber de los maestros. Todo ello al alcance de pocos elegidos. Pero como yo no soy Luis Ibarra ni tengo su edad (¡qué viejo eres en esto, Luis!) sólo puedo aspirar a disfrutar sintiéndolo, escuchándolo, consciente de que la falta de conocimientos limita enormemente el goce. Aunque intente sacarle todo el partido que pueda al porcentaje que me queda.

foto1
foto2

Mi Bienal 2018 se ha acabado ya. Ya voy mal con eso del aprendizaje. Un viaje imprevisto y otra serie de circunstancias que no vienen al caso hacen que este año la cosa haya ido corta. Tal vez Grilo o Bayón, en esta bienal donde el baile tiene mucha más fuerza que el cante (¿dónde estáis, Poveda, Mercé, Arcángel, Heredia, Fernández, Reyes, Morente, Mendez?) Pero si ya me daba con un canto en los dientes por haber asistido en el Teatro de la Maestranza al baile de Farruquito el pasado sábado (ya has dejado de tener edad, Juan Fernández Montoya, ya eres inmortal), ayer, en el Alcázar, se produjo el segundo milagro.

foto3

El patio de la Montería es un espectáculo en sí mismo, a pesar de que el juego de luces no me termina de convencer. ¿Necesita artificios una mujer guapísima? Además, habría que advertir a los que están detrás de los setos que sus movimientos se reflejan en los arcos y distraen de la escena. Menos mal el que estaba arriba es tan grande que no pasaban de ser el vuelo de una mosca.

El artista lebrijano es de los pocos que estrena espectáculo: Bashavel, que en romanés significa “reunión” o “encuentro”. El de dos civilizaciones, la gitana y la paya, milenarias ambas. Reivindica la poesía gitana de autores de todo el mundo, en cualquier idioma. Aunque lo del idioma casi que da igual, porque como me decía un chico joven a la salida, no entendía ni una palabra de lo que José cantaba, aún en castellano. Eso que pasa con casi todos los cantaores, con él se acentúa. Y es que desfigura las palabras, estirando las sílabas a voluntad o comiéndoselas de golpe y sustituyéndolas por un desplante de brazo. Lo mismo que hace con los palos. Inventándose unas bulerías, “Antes que nosotros”, que me cuesta identificar hasta que oigo palmas (¿veis por qué no se puede ser tan inculta?). Pero sin necesidad de identificar el compás de doce, la cadencia lebrijana de palmas pesadas o de entender “…la tierra estaba preñada y nadie se atrevía a tocar su alma…” sientes que es un reconocimiento, que es un tributo, que es un lamento. Como el maravilloso poema del gitano yugoslavo “L´Luludí Merinasque, que hace que tengas ganas de llorar, que te cueste respirar. De una sensibilidad que apabulla. ¡Qué más da lo que diga!

foto4
foto5

Y es que José, en esto de respirar, no es normal, parece que se ha tomado un trozo de la mandrágora mágica de Harry Potter, para poder dejar de hacerlo cuando él quiera. Juega a voluntad con su voz y sus pulmones. Y con sus brazos, con los que manda callar al resto de músicos –buenísimos- que le acompañan, o parar en seco a la bailaora. También como si tuviera una varita mágica para detener, durante una centésima de compás -o lo que él quiera-, al resto de los mortales. “¡Impedimenta!”. Diciéndonos que además de cantaor es un gran músico.

foto6

Foto de Óscar Romero

foto7

Foto de Óscar Romero

Su forma de cantar al baile también es mucho más que eso. Karime Amaya baila con arte y mucha garra, tanta que las peinas y las flores salen volando a la primera de cambio…y me acuerdo de Manuela Carrasco. Pero la forma de jalear, de darle el soniquete de Valencia se convierte en protagonista y en lugar de mirar los pies rapidísimos de la bailaora me doy cuenta de que estoy pendiente de los disfrutones “así”, “ámonos”, “mírala”, etc… que demuestran que cantar al baile no siempre es un cante de atrás. Valencia es tan generoso y va tan sobrado que intenta dejarle el protagonismo a Karime… aunque no lo consiga. Si siempre ha ido pasado de voz, ahora ya no necesita demostrarlo, ya puede modular, equilibrar los quejíos para fuera con los para dentro, y conseguir que todo sea tan armónico que alcanza la perfección, la madurez, el clasicismo. Perfectamente redondo, como la cúpula del Panteón. Lo mismo que le pasa a Farruquito.

Tengo que confesaros una cosa. Cuando me estaba tomando la cerveza con amigos posterior al concierto, en un bar de pinchos recientemente abierto de la calle San Tomás, aparecieron los artistas. Primero el percusionista, Paco González, después el guitarrista, Juan Requena, con su melenita, y así uno tras otro, hasta que apareció José Valencia, guapo, más delgado, ya relajado… Y sin yo quererlo, una especie de resorte me obligó a levantarme de la banqueta y acercarme a él (¡ya lo sé, como una quinceañera cualquiera delante de Aitana!). Su sonrisa enorme me hizo soltar la lengua y acabé confesándole que además de soñar de vez en cuando con el cuplé por bulerías que le cantó a la Yerbabuena (“se nos rompió el amor”- me interrumpió él) a partir de ahora lo tendría que alternar con el poema yugoeslavo. (La foto que nos hicimos no os la enseño… ¿o queréis verla?)

PD. En este enlace os cuento cómo viví yo el cuplé que le cantó a la Yerbabuena. Hay una grabación bastante mala en youtube de ese momento. Ya sé que está prohibido grabar, pero espero que alguien, en algún momento, cuelgue el L´Luludí Merinasque. Me ayudará a conservar esta nueva maravilla en mi Cuarto.

 

Cuarto de maravillas
«Cuarto de maravillas» es un blog sobre cultura y estilo de vida. Un sitio donde descubrir curiosidades.

Más en Estilo de vida