Road trip de 7 días por Grecia central y el Peloponeso

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  • HACE 2 meses, 12 días

Los 10 lugares imprescindibles si quieres conocer de verdad los secretos que esconde Grecia

Cuando preguntas a los conocidos que han estado en la Grecia continental, la mayoría de ellos hablan de decepción. Los monumentos son ruinas y su estado es casi de abandono. Atenas está sucia y descuidada, los efectos de la crisis económica se notan y, para colmo, hace un calor insoportable. Hay que gestionar las expectativas, nos advierten. Bueno, pensé yo, al menos intentaré empaparme de ese pasado remoto en el que Atenas fue la capital del mundo conocido.

En nuestro afán por documentarnos antes del viaje, además de leer las guías de rigor y algún que otro libro de viajes (otra vez Reverte, Kapuscinski, Durrell), pedimos algún tip a Alexandre, un amigo griego de mi hija. «Si queréis conocer la Grecia auténtica, recorred las carreteras, atravesad los montes y visitad los lagos. Y tened en cuenta que puede hacer mucho frío, no os engañéis: podéis encontrar nieve». Nos mandó unos itinerarios trazados en un plano que revelan su condición de arquitecto y fotógrafo. Y el resultado de nuestro viaje de siete días fue de lo más sorprendente.

Os cuento lo que más nos gustó de nuestro road trip por Grecia central y el Peloponeso.

  1. El Monasterio de Hossios Lukas.

A 150 km. de Atenas en dirección noroeste se encuentra un monasterio del siglo XI, aún en uso, cuya planta octogonal sirvió de modelo en la arquitectura bizantina tardía. Voy a confesaros que iba leyendo la guía y no vi el primer escalón (¡del primer monumento de mi primer día en Grecia!), y me caí de bruces, torciéndome un pie que a los dos minutos parecía una morcilla.

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Menos mal que mi hijo es grande y, apoyándome en él, pude disfrutar de los preciosos mosaicos de fondo dorado, de las pinturas murales de la cripta, los iconos y las maravillosas vistas del valle que se extiende a los pies del complejo. Aunque luego me tuve que ir a un hospital.

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  1. El Monte Parnaso.

El lugar elegido por Apolo para vivir con sus nueve musas no podía ser anodino. Con sus 2.457 metros de altitud, se nos apareció envuelto en una nube a modo de orla y vestido de nieve. El pueblo más cercano, deslizándose parsimoniosamente por su ladera, es Arachova, con una calle principal llena de cafés y tiendas encantadoras desde el que se pueden organizar excursiones de senderismo en verano y de esquí en invierno.

  1. Delfos.

En la ladera del monte Parnaso se encuentran las ruinas de Delfos, el santuario dedicado al dios de las artes y la belleza donde antaño acudían los griegos en masa para escuchar los oráculos de la pitia y actualmente los turistas para descubrir la belleza de unas ruinas ocres entre pinos, olivos y cipreses. A mí la pitia me dijo que si recorría la vía sagrada hacia el templo de Apolo me tendrían que amputar el pie, así que me quedé sentada sobre un muro contemplando el paisaje e intentando que me auguraran cuándo podría volver.

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  1. Meteora.

Las increíbles formaciones rocosas que sirven de pedestal a los monasterios bizantinos justifican por sí solas el viaje a Grecia. Nosotros tuvimos que dejar nuestro coche de alquiler y localizar un taxi preparado para la nieve que se atreviera a subirnos a los dos únicos monasterios que abrían con la enorme nevada: Agios Stefanos y Roussanou (Santa Bárbara), ambos de monjas.

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Al primero de ellos, sobre un peñón separado de la montaña, se accede por un puente, y al segundo subiendo unas empinadas escaleras. A pesar de que el suelo helado bajaba la inflamación de mi pie y me permitió subir, hubiera preferido utilizar el sistema de cestas colgantes que usaban los monjes para subir ellos y sus viandas.

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  1. Ioannina.

A orillas de un lago y rodeada de montañas nevadas se encuentra esta ciudad con recinto amurallado y aire otomano.

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Es una delicia pasear por sus callejas entre universitarios y parar a tomar un vino y un queso feta picante al grill para entrar en calor antes de dirigirnos al Peloponeso.

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6. Olimpia.

La carretera que va de Patras hasta Olimpia bordeando el Mar Jónico pasa por el castillo de Chlemoutsi, el castillo franco más famoso de Grecia donde se acuñaron monedas en el medievo. Es de 1219 y desde arriba se ven las islas jónicas y la llanura costera. Se conserva bastante bien la sala del trono con su bóveda apuntada.

Cada cuatro años, entre junio de septiembre, con luna llena y durante doce siglos se reunían en Olimpia los atletas más destacados de las ciudades griegas, amigas o enemigas, para lo que se decretaba la tregua sagrada. Hoy nos conformamos con pasear por unas románticas ruinas con el suelo cubierto de hojas de roble ocres y amarillas, entre las columnas que quedan erguidas de la palestra, asombrándonos del tamaño de las rodajas de las columnas que componían el templo de Zeus.

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7. La garganta del Lusios.

Cruzar La Arcadia de oeste a este, atravesando la garganta de Lusios por carreteras de montañas repletas de abetos, es un increíble espectáculo a 1000 m altitud. La nevada que caía apenas nos dejó intuir la altura de los cortados y los monasterios bizantinos que salpican las crestas de la garganta, pero fue suficiente para entender que los antiguos asociaran la Arcadia con la felicidad pastoril y, en nuestro caso, nos hiciera prometer que volveríamos en alguna primavera para repetir este camino y, de paso, visitar la zona sur del Peloponeso. La ventaja de la nevada era que no me faltó hielo para ponerme en el pie hinchado.

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  1. Nauplia.

Bonita ciudad en el golfo Argólico que combina de manera increíblemente homogénea casas medievales, venecianas, mansiones neoclásicas, iglesias cristianas y mezquitas… como apostando por ser una síntesis de la convulsa historia del país.

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Las vistas a las montañas nevadas desde cualquier punto, pero especialmente desde el castillo, junto con el restaurante de María, Pidalio Mezedopoleio, hacen que quieras quedarte un mes entero.

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  1. Epidauro.

En el corazón de la Argólida, tras pasar por una campiña de suaves colinas, nos encontramos el sanatorio más famoso de la antigüedad dedicado al dios Asclepio. A él acudían desde todos los rincones de la Hélade enfermos en busca de curación. De todo el complejo (hoteles, templos, etc.) solo queda intacto el teatro de Epidauro, el más perfecto jamás construido.

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Rodeado de pinos y olivos, la acústica es impresionante, tanto, que estando en la parte más alta de las gradas oímos de pronto un rumor muy desagradable, que resultó ser un pequeño dron que un muchacho volaba en el escenario. Hasta que una vigilante se le abalanzó furiosa para confiscarle el aparatito y echarle una monumental bronca. Con razón, por perturbar la paz de un lugar destinado a sanar el alma.

Desde allí en dirección a Nauplia la carretera es un vergel de mandarinos y naranjos desde el que se ve el macizo nevado de la Arcadia.

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  1. Micenas.

Sobre una colina pedregosa y en medio de unas murallas ciclópeas, se alza la puerta de los Leones, orgulloso acceso al palacio de Agamenón (s.XIII aC.).

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Imprescindible pasear tranquilamente por las ruinas observando la vasta llanura a su alrededor e imaginar esa sociedad habilidosa en los trabajos de metales preciosos, pero también protagonista de la más sangrienta tragedia griega (acordaos de Helena y Paris, etc.).

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De allí pusimos rumbo a Atenas, atravesando el canal de Corinto iniciado por Nerón con una pala de oro y terminado en 1882.

No sólo se cumplió la profecía de Alexandre -«¡qué frío hemos pasado!»- sino que descubrimos un país insospechado, de montañas altísimas cubiertas de abetos, fértiles valles de cítricos, olivos y cipreses por doquier arropando piedras milenarias.

Las fotos son de Lucila Vidal-Aragón

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