Cinco hermanas y un destino

Diario de un viaje muy especial a Roma en el que cinco hermanas comparten de nuevo baño, confidencias y buena comida

Desde que comencé, hace más de dos años, a escribir en el blog, mi propósito ha sido mostrar todas las cosas -materiales e inmateriales- que me gustaría coleccionar en un gabinete de curiosidades, en un cuarto de maravillas: obras de arte, objetos de decoración, lugares con encanto, lecturas que me han dejado huella, momentos especiales, etc. He contado lo que me parecían algunas exposiciones, películas y libros que he leído. He mostrado rincones de algunos bares que me gustaban y de casas de amigas que saben de decoración. He intentado resumir en siete, diez o quince puntos algunas ciudades que he visitado, en un burdo esfuerzo de simplificación. Con la premisa de no dar demasiados datos acerca de mi intimidad. Infructuosamente, claro. Porque, ¿cómo voy a contar un espectáculo flamenco –sabiendo poco del tema- sin expresar lo que siento? Y es que, en el fondo, todos los que escribimos somos unos exhibicionistas: vamos dejando retazos de nuestra alma por aquí y por allí. ¿O se puede escribir de otra manera?

Hoy voy a dejar de disimular y directamente voy a contar que tengo cinco hermanos y cuatro hermanas. Sí, sí, somos diez. Procuramos vernos con frecuencia, gracias a que tenemos unos padres generosos con una casa siempre abierta (posiblemente la casa de Sevilla con más copias de llaves). Las cuatro hermanas que vivimos en la misma ciudad quedamos al menos una vez al mes a tomar una cerveza y contarnos nuestras cosas, pero nunca habíamos hecho un viaje juntas.

Hasta esta semana que hemos ido a visitar a la que vive en Roma. La verdad es que nunca hubiera pensado que seríamos capaces de cuadrarlo todo: la que tiene dos hijos pequeños cerrando horarios con canguros y rezando para que el padre de las criaturas siga estando allí cuando ella vuelva, las demás pidiendo días de permiso en los trabajos y con promesas de compensación a los maridos por el abandono temporal y la romana buscándole planes alternativos al suyo («¿no tenías ganas de ir en moto a Ostia Antica?») para no agobiarle con tanta presencia femenina en su casa. Unos billetes de Ryanair, conseguir la promesa de los cuñados de que se ocuparán de que los niños estudien si el avión se cae… y aterrizando en Fiumicino.

Como esta escapada es una de las cosas que más merecen estar en mi cuarto de maravillas, voy a enumerar algunas de las razones por las que es un privilegio tener tantas hermanas.

Las fotos son de Lucila Vidal-Aragón