Con la Feria de Abril en pleno apogeo, el debate sobre el papel de las influencers y el uso de los trajes de flamenca ha saltado de los tablados a los talleres. La diseñadora Ana Morón, uno de los referentes más innovadores de la moda flamenca, ha hablado sin tapujos sobre una práctica cada vez más común: las famosas que piden vestidos de colección a cambio de visibilidad, pero sin pasar por caja.
La anécdota del “traje verde”
La diseñadora ha compartido una anécdota reciente que ilustra a la perfección esta tensión entre el marketing digital y el trabajo artesanal. Tras finalizar uno de sus desfiles, una conocida influencer le escribió por Instagram interesada en lucir uno de sus diseños más destacados —un traje verde— para el Miércoles de Feria.
La respuesta de Ana fue tan elegante como contundente: “Me encantaría atenderte en nuestro atelier, y su precio es tal”. Para la creadora, no se trata de una falta de interés en que figuras públicas luzcan sus prendas, sino de una cuestión de viabilidad económica. “Yo no tengo dinero para regalarte un traje, ni puedo permitir que uses un diseño el día de Feria y me lo devuelvas usado“, sentencia con firmeza.
Horas de mano de obra frente a un “post” en redes
El argumento de Ana Morón se basa en el valor del trabajo manual que esconde cada una de sus piezas. Un vestido de flamenca de alta costura implica una inversión en tejidos, metros de organdil y, sobre todo, cientos de horas de mano de obra especializada. Para una empresa pequeña con una producción artesanal y limitada, el “préstamo” de un traje el día de máxima afluencia en el Real supone un riesgo que no siempre compensa.
“Es una locura“, confiesa la diseñadora, refiriéndose al desgaste que sufre un traje entre el albero, el rebujito y el baile. Mientras que las grandes empresas pueden permitirse ceder prendas como parte de su estrategia de comunicación, las firmas de autor como la de Ana Morón deben priorizar la venta y el respeto al taller.
El mundo artesano y el marketing de influencers
Ana reconoce que “el mundo está así, te guste o no”, aceptando que la promoción digital es una realidad innegable. Sin embargo, marca una línea roja basada en la identidad de su empresa. Aunque cede sus creaciones a artistas para proyectos puntuales, considera que el cliente —tenga muchos o pocos seguidores— debe comprender que detrás de un volante hay una limitación como artesana.
“Cuando le dices a una influencer famosa: ‘esto vale tanto‘, entonces dicen ‘okay’ o no”, explica. Esta sinceridad de Ana Morón ha sido muy aplaudida en el sector, poniendo el foco en la necesidad de proteger la moda flamenca como artesanía y no solo como un producto efímero de consumo para una foto de Instagram.