Aunque su uso más visible se produce durante la Semana Santa, la mantilla forma parte de un patrimonio cultural que se mantiene vivo en distintos contextos. Procesiones, bodas o corridas de toros son algunos de los escenarios donde sigue teniendo protagonismo, adaptándose en cada caso a un estilo y a un protocolo concreto. Así lo explica Mila, experta en mantillas de Lina, que señala que esta prenda “forma parte de nuestra cultura y se transmite de generación en generación”.
Negro o beige: los colores tradicionales
En el ámbito de las mantillas, los colores tradicionales siguen siendo dos: el negro y el beige, también conocido como color natural. Aunque en el mercado existen mantillas teñidas en distintos tonos, estas dos tonalidades continúan siendo las más utilizadas. La mantilla negra es la más vinculada a la Semana Santa y a las madrinas de boda, especialmente en ceremonias de tarde o noche. El color beige, por su parte, suele utilizarse en celebraciones diurnas o en determinados actos religiosos como coronaciones de vírgenes o procesiones estivales. También es frecuente verla en el mundo taurino, especialmente en los palcos de las plazas de toros.
Uno de los aspectos que más influye en el valor de una mantilla es su proceso de elaboración. Las mantillas artesanales se realizan a mano o mediante técnicas semimanuales en máquinas tradicionales, con bordados que posteriormente se terminan manualmente. Este trabajo minucioso se refleja tanto en el dibujo del encaje como en la calidad de las terminaciones. Frente a ellas se encuentran las mantillas industriales, fabricadas en serie en talleres textiles. Aunque dentro de esta categoría existen distintos niveles de calidad, la diferencia de precio entre ambas puede ser notable, llegando a multiplicarse por tres en el caso de las piezas artesanales, como explica Mila Montero, directora creativa de Lina, que recuerda que el trabajo artesanal “requiere muchas más horas de elaboración y cuidado en los detalles”.
Las formas de la mantilla
Además del color o la técnica de elaboración, la mantilla también varía en su forma. La más tradicional es la rectangular, conocida popularmente como “velo de toalla”. Sin embargo, en los últimos años ha ganado popularidad la mantilla triangular, formada por tres picos, que aporta un efecto más ligero y favorecedor. Este tipo de mantilla se ha convertido en una de las más demandadas actualmente, ya que permite colocar el encaje de forma que las blondas enmarquen el rostro, creando un efecto muy elegante.
Para quienes deciden vestirse de mantilla durante la Semana Santa, el traje suele ser de largo midi o a media pierna, preferiblemente liso y de tejido sencillo para que la mantilla, al ser de encaje, destaque sobre el conjunto. Las mangas deben cubrir al menos hasta debajo del codo y el escote se mantiene discreto. El look se completa con medias negras finas, zapatos de salón negros con tacón medio y la peineta, un elemento fundamental para sujetar la mantilla. Según las expertas, cuanto más alta sea la peineta, más elegante resultará la caída del encaje. A ello se suman otros complementos tradicionales como pendientes, broches a juego e incluso rosarios o pequeños bolsos de mano.
Uno de los aspectos más importantes es la posición del encaje sobre la cabeza. La mantilla no debe cubrir la frente, sino que lo habitual es colocarla ligeramente por detrás del nacimiento del cabello, dejando visibles unos centímetros de la frente. De esta forma, las blondas del encaje enmarcan el rostro y crean un efecto más armonioso. También es habitual fijarla discretamente a los hombros para evitar que se desplace con el movimiento o el viento, algo especialmente importante durante las procesiones de Semana Santa. “La mantilla debe cogerse en los hombros para que no se mueva y siempre favorezca al rostro”, explica Mila, hija de la fundadora de la firma de moda flamenca Lina.
Protocolo en bodas y otras celebraciones
En las bodas, la mantilla suele asociarse especialmente a la figura de la madrina. Aunque el protocolo puede variar según cada celebración, lo habitual es que la madrina la lleve durante la ceremonia y el almuerzo o la cena, retirándola después del banquete. En cualquier caso, el uso de la mantilla se adapta hoy a la comodidad de quien la lleva. Algunas madrinas optan por quitársela al salir de la iglesia, mientras que otras la mantienen durante todo el evento. Además, cada vez es más frecuente que las novias incorporen la mantilla como velo, recuperando una tradición muy ligada a la estética nupcial española y aportando un toque clásico y elegante al conjunto.