Carmina Pairet, experta en moda flamenca: “Para elegir un mantón hay que seguir la regla de los tres colores”

Consejos para elegir el mantón de Manila ideal: desde la regla de los tres colores hasta cómo combinarlo con el vestido y el tono de piel

El mantón de Manila ha dejado de ser un complemento reservado únicamente a la tradición para convertirse en una pieza versátil que acompaña estilismos de invitada, looks de feria, romerías e incluso propuestas más contemporáneas. Sin embargo, elegir el adecuado, especialmente cuando se trata de una primera inversión, no siempre es sencillo. El color, más que un detalle, es el factor que determina si el conjunto funciona o no. Así lo explica Carmina Pairet, estudiosa del mantón de Manila y fundadora de la firma Vestir Arte, quien lleva décadas analizando estas piezas. “Un mantón puede sostener un estilismo o arruinarlo por completo. La diferencia casi siempre está en el color”.

El color, la clave del equilibrio

A la hora de elegir un mantón, la armonía con el conjunto es fundamental. No se trata de que destaque por encima de todo, sino de que acompañe con equilibrio. El objetivo es que aporte riqueza visual sin restar protagonismo al vestido. El primer aspecto a tener en cuenta es la ocasión. Para eventos de día, como bodas, comuniones o celebraciones primaverales, los tonos suaves suelen ser los más acertados. Colores como el marfil, el rosa palo, el malva o el turquesa aportan luminosidad. En cambio, cuando se trata de eventos de tarde o noche, o en los meses más fríos, los tonos intensos cobran protagonismo. El negro, los colores profundos o incluso los mantones con mayor carga cromática aportan carácter y sofisticación.

“Regla de los tres colores”

El mantón no debe elegirse de forma aislada, sino en relación directa con el vestido. La textura del tejido influye en el resultado final. Un vestido mate admite mejor un mantón con brillo o relieve, mientras que un diseño recargado, con encajes o bordados, requiere un mantón más contenido. El contraste también juega un papel clave. Un vestido en tonos neutros puede transformarse por completo con un mantón en rojo, verde o buganvilla. Sin embargo, conviene evitar combinaciones excesivas que saturen el conjunto.

En este sentido, una pauta útil es la conocida como “regla de los tres colores”: un tono principal (el vestido), un secundario (el mantón) y un acento (en accesorios como zapatos o pendientes). Este equilibrio ayuda a construir un estilismo coherente y elegante.

El tono según la piel y el cabello

Más allá del conjunto, el mantón también debe dialogar con quien lo lleva. La colorimetría personal influye directamente en cómo se percibe el resultado. Las pieles claras suelen favorecerse con tonos que aporten contraste sin endurecer el rostro, como rojos, azules o verdes. Las pieles medias funcionan especialmente bien con colores cálidos como el coral o los tonos tierra, mientras que en las pieles oscuras destacan los tonos intensos, como el fucsia, el turquesa o el amarillo.

El color del cabello también influye en la elección. Los tonos claros suelen armonizar con colores como el blanco, el azul o el rojo, mientras que los cabellos oscuros admiten desde tonos pastel hasta colores más profundos como el verde o el burdeos. Además, el peinado modifica la percepción del mantón. No es lo mismo lucirlo con el cabello suelto que con un recogido, ya que cambia la proporción de color visible en el conjunto.

Mantones monocromáticos y bicolor: menos es más

Frente a la idea de que los mantones multicolor son más fáciles de combinar, las versiones monocromáticas y bicolor se presentan como una alternativa cada vez más valorada.

Los mantones de un solo tono ofrecen un resultado más limpio y sofisticado, especialmente en estilismos contemporáneos. Aunque el bordado queda más integrado y menos visible, aportan elegancia y versatilidad, pudiendo utilizarse en distintos contextos, desde una boda hasta un traje regional.

Por su parte, los mantones bicolor, con fondo en un tono y bordado en otro, permiten introducir contraste sin recargar el conjunto. Históricamente, este tipo de piezas tuvo gran presencia en las primeras décadas del siglo XX, cuando el mantón comenzó a integrarse en una moda más urbana y refinada.

No es solo una cuestión de gusto

Elegir un mantón de Manila no es solo una cuestión de gusto, sino de equilibrio entre color, tejido, ocasión y características personales. Lejos de ser un complemento secundario, se trata de una pieza con capacidad para transformar un estilismo. Por eso, acertar con el tono no solo garantiza un resultado armónico, sino que convierte el mantón en el verdadero hilo conductor del conjunto.