Mila Montero, experta en mantillas, explica cómo se elaboran estas piezas artesanales y qué detalles permiten diferenciarlas de las mantillas industriales
La mantilla es una de las piezas más emblemáticas de la tradición española. Aunque su presencia se asocia principalmente a la Semana Santa, las bodas o los actos taurinos, esta prenda también forma parte del protocolo en determinados actos institucionales y religiosos de gran relevancia. Uno de los ejemplos más recientes se produjo en el Vaticano durante la proclamación del nuevo Pontífice, cuando la Reina Letizia lució una mantilla confeccionada en Sevilla por la firma Lina. Según explica Mila Montero, experta en mantillas, la pieza fue encargada expresamente para la ocasión. “Nos pidieron una mantilla ligera, que no pesara mucho y que fuera más pequeña de lo habitual porque se iba a llevar como tocado”, señala.
El color natural, elegido para la ocasión
A diferencia de las mantillas negras que suelen utilizarse en contextos como la Semana Santa o por las madrinas en bodas, en este caso se optó por un tono más claro. “Tenía que ser una mantilla de color claro y le aconsejamos que fuera en color natural”. La pieza presentaba un tamaño menor que las mantillas triangulares tradicionales, pensada para colocarse sobre la cabeza de manera más discreta. El resultado, según recuerdan desde el taller sevillano, fue una mantilla elegante y ligera que cumplía con el protocolo requerido para este tipo de actos.

Las claves para diferenciar una mantilla
La mantilla que lució la Reina Letizia para este acto fue una pieza artesanal. Este tipo de mantillas se caracteriza por su proceso de elaboración, que sigue técnicas tradicionales del encaje y del bordado. Una mantilla artesanal suele realizarse mediante métodos manuales o con maquinaria artesanal, donde el encaje se trabaja con un único hilo que recorre toda la pieza. Posteriormente, muchas de estas mantillas se rematan a mano, especialmente en los bordes o en determinados detalles del dibujo, lo que aporta mayor delicadeza al resultado final.
Entre la mantilla completamente artesanal y la industrial existen también mantillas semiartesanales, elaboradas con máquinas tradicionales pero con terminaciones realizadas manualmente. En estos casos, aunque parte del proceso está mecanizado, el acabado final continúa dependiendo del trabajo del artesano.

Para quienes no están familiarizados con este tipo de piezas, diferenciar una mantilla artesanal de una industrial puede resultar complicado a simple vista. Sin embargo, existen algunos detalles que permiten identificarlas. Uno de ellos es el dibujo del encaje. En las mantillas hechas a mano, los bordados suelen ocupar una mayor superficie y presentan formas más irregulares y naturales. En cambio, las mantillas industriales suelen repetir un mismo patrón de forma muy regular. También el tacto del tejido puede ofrecer pistas. Las mantillas artesanales se realizan con un único hilo que atraviesa el encaje, mientras que las fabricadas a máquina utilizan un sistema de doble hilo, lo que les aporta una textura diferente.
Otro aspecto que revela la calidad de una mantilla es la presencia o ausencia de costuras. En muchas mantillas industriales, el tul central y la blonda del borde están unidos mediante costuras visibles, especialmente en las esquinas. En cambio, las mantillas de mayor calidad se confeccionan de una sola pieza, sin uniones visibles entre el tul y el encaje. “Cuando una mantilla no tiene costuras ni uniones en el centro o en los bordes, suele indicar que se trata de una pieza de mayor calidad”, explica la especialista.