Las zapatillas pasaron de moda: la tendencia que se impone en el Rocío en 2026

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Elegir el calzado adecuado para el camino y la aldea puede marcar la diferencia entre disfrutar del Rocío o acabar la romería con ampollas, rozaduras y los pies destrozados

La Romería del Rocío no entiende de improvisaciones, y mucho menos cuando se habla del calzado. Porque si hay algo que cualquier rociero veterano repite cada año es que unos malos zapatos pueden arruinar por completo la experiencia. Kilómetros de arena, caminos de tierra, calor, polvo, largas jornadas andando y noches interminables en la aldea convierten los pies en uno de los grandes protagonistas. Por eso, elegir correctamente qué ponerse tanto para el camino como para la estancia en El Rocío se ha convertido casi en una cuestión de supervivencia.

El mejor calzado

Los expertos coinciden en que la comodidad manda, especialmente para quienes hacen el camino por primera vez. Y aquí hay una norma básica que todos repiten: jamás estrenar zapatos durante la romería. Los botos camperos continúan siendo la opción más recomendada para recorrer el camino. Este tipo de botas, tradicionalmente fabricadas en piel o serraje, ofrecen estabilidad, resistencia y permiten que el pie transpire correctamente durante horas. Firmas artesanas de Huelva defienden este tipo de calzado como el más adecuado para soportar terrenos irregulares, arena o incluso posibles lluvias inesperadas durante el recorrido. Suelas resistentes, materiales flexibles y diseños que sujetan bien el tobillo son algunas de las características que más valoran quienes llevan años haciendo el Rocío.

El secreto mejor guardado 

Además, quienes llevan años haciendo el camino conocen ya algunos de los trucos imprescindibles para evitar rozaduras con las botas altas camperas. Uno de los más utilizados consiste en ponerse primero un calcetín corto de tobillo y, encima, una media fina alta tipo calcetín hasta la rodilla. En lugar de dejar la media completamente subida , algo que puede apretar o resultar incómodo tras muchas horas andando, muchas rocieros prefieren doblarla hacia abajo y cubrir con ella la parte superior del boto. De esta forma se crea una especie de barrera protectora entre la piel y el cuero de la bota, evitando el roce directo y las heridas típicas del camino.

Aunque el boto campero sigue siendo el calzado más recomendado, especialmente porque evita que entre arena constantemente al caminar por las arenas y los senderos más blandos, muchas personas también optan por llevar tenis o zapatillas deportivas muy usadas y completamente adaptadas al pie. El problema de este tipo de calzado es que, al ser más bajo y abierto, la arena entra con mucha más facilidad y termina acumulándose dentro del zapato, algo especialmente incómodo en zonas donde el terreno es más profundo y el pie se hunde al andar. Precisamente por eso las botas altas siguen siendo las favoritas entre los rocieros más veteranos: aíslan mucho mejor el pie y hacen el camino bastante más llevadero.

El error más común

Ya en la aldea, el ambiente cambia ligeramente y permite estilismos algo más arreglados, especialmente durante la noche. Aun así, los expertos siguen desaconsejando los tacones finos. La arena continúa siendo protagonista en las calles de El Rocío y caminar sobre ella con un calzado inestable puede convertirse en una auténtica pesadilla. Por eso triunfan las cuñas cómodas, las plataformas ligeras o las botas camperas, que permiten bailar sevillanas, hacer las visitas correspondientes y aguantar largas jornadas sin molestias.

Además del zapato, los podólogos insisten cada año en la importancia de cuidar correctamente los pies durante la romería. Utilizar calcetines de algodón, mantener el pie seco, hidratar la piel al finalizar cada jornada y revisar posibles rozaduras puede marcar la diferencia entre disfrutar del Rocío o terminar sufriendo ampollas imposibles. Porque si algo saben quienes repiten cada Pentecostés es que el verdadero lujo en el camino no está en el vestido ni en los complementos, sino en llegar al final del día con los pies intactos.

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