Azzedine Alaïa
Azzedine Alaïa - EFE

Adiós Azzedine Alaïa: El gran modisto de los 80, escultor de formación, inventó las siluetas ceñidas

Apadrinó a Noemi Campbell y vistió a todas las grandes divas de la música mundial

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Nadie hubiera pronosticado hace 70 años que aquel niño con rasgos de enanismo, hijo de padres campesinos, nacido en una ciudad perdida de Túnez, llegaría a dominar la moda mundial en los años 80. Al joven Azzedine Alaïa, dotado de una gran creatividad desde su nacimiento, le influyeron algunas personas de su entorno para que volcase sus capacidades en el mundo de la moda. Todo un acierto.

Alaïa nació en Jemmal, Túnez, en 1935, una fecha que últimamente modificaba a su favor y a su gusto con gran humor. La zona de Jemmal, principalmente dedicada a la producción del trigo, se ha convertido posteriormente en un polo de la industria del tejido. Pero no había glamour en Jemmal, algo que no impidió a su hermana gemela soñar con la alta costura y las grandes casas de moda parisina. Las revistas de moda, los libros de pintura y los folletos de exposiciones artísticas que les traía una amiga francesa de su madre, comenzaron a ser el entretenimiento de los hermanos. Azzedine ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Túnez para estudiar escultura, algo que marcaría para siempre su estilo como modisto. Tras trabajar como ayudante de costura en un taller, comenzó a crear sus propios modelos para clientes particulares: en realidad no dejaba de hacer meras copias de los vestidos de los figurines, que su hermana le ayudaba a coser para las vecinas más sofisticadas.

Al poco tiempo, como tantos otros tunecinos del momento, se marchó a Paris, donde entró a trabajar en el estudio de Christian Dior; allí no duró mucho: a los pocos días de verse postrado a la tediosa tarea de coser las etiquetas con la marca, le despidieron por una regularidad en sus papeles de inmigración. Entró más tarde en Guy Laroche donde estuvo un año aprendiendo casi sin cobrar, mientras se aseguraba el sueldo como cuidador de los niños de la condesa Nicole de Blégiers, al tiempo que desde su «chambre de bonne» le cosía vestidos a ella. La realidad es que Azzedine sabía hacer de todo. De allí, y a través de la condesa, su salto a lo más granado de la sociedad local no tardó en llegar.

Colaboró con Charles Jourdan en los 70, pero en los 80 comenzó a brillar con luz propia. En la era de las top models, reinó agrupando a las grandes estrellas, ofreciendo una moda sexy, liberadora, fácil de llevar y cómoda, en la que predominaba el negro, siempre con alguna pincelada de «animal print». Reinventó el «Little Black Dress» dándole un tejido más elástico, unos escotes originales y una silueta muy ceñida, su principal seña de identidad.

Alaïa fue un gran valedor de Noemi Campbell, a quien impulsó con sus campañas y desfiles, convirtiéndose en una gran amiga. El estudio de Azzedine, en el barrio del Marais de París, resultaba siempre una dirección misteriosa con una enorme puerta que daba paso a un espacio reinterpretado en su interior por Julian Schnabel. Sus reuniones en casa eran famosas porque él mismo tomaba la batuta de los fogones, entreteniendo a sus invitados con enorme estilo. Su manera de construir atuendos, trabajando sobre la modelo directamente y con tejidos al bies, recordaba a las maneras de Vionnet, de quien era gran admirador. No obstante fue Balenciaga su inspirador: al igual que el maestro de Guetaria, Azzedine sabia construir un vestido de principio a fin y consideraba su trabajo parte confección parte arquitectura.

En la era del año 2000, tras un breve tiempo con Prada como accionista, pasó a tener como inversor al grupo Richemont. Madonna, Michelle Obama, Carla Bruni, Grace Jones, Noemi Campbell, Lady Gaga, Gwen Stefani, Heidi Klum, Victoria Beckham, Ashley Olsens, Katie Holmes, Julia Roberts, Stephanie Seymour o Cameron Diaz estaban entre sus clientas, aunque fueron probablemente Mariah Carey y Tina Turner las primeras que hicieron famosos sus ceñidos vestidos negros, ya que durante los 80, los videos musicales eran las grabaciones más vistas por el público en general. Todas confiaron en el para vestirse, sabiendo que Alaïa podía modelar sus cuerpos y crear la mejor versión de si mismas. Siempre ataviado con su «uniforme» chino en algodón negro, la pasión por su trabajo le llevaba a no tomar vacaciones. Su pareja, el pintor Christoph von Weyhe, y sus sobrinos, gestionaran el legado de un hombre genial, expansivo, luchador y amigo de sus amigos. Insustituible.