Alessandra Ambrosio en Ibiza con una langosta
Alessandra Ambrosio en Ibiza con una langosta - GTRES

Cuando Alessandra Ambrosio quiso ser como Homer Simpson

Hace unas semanas se pudo ver a la modelo de Victoria's Secret por las playas de Ibiza acompañada por una langosta

MADRIDActualizado:

Fue el pasado 2 de julio cuando Alessandra Ambrosio desfiló por las paradisíacas playas de Ibiza. Además de recalar en el cuerpo escultural de la modelo, los bañistas también repararon en la mascota que Ambrosio eligió para que la acompañase durante su baño en el mar: una langosta.

A algunos, este crustaceo les recordó a los que se exhiben en las marisquerías más emblemáticas de las ciudades, las mismas que después de chapotear en los grandes acuarios (y tras ser elegidas por sus futuros comensales) se sirven en bandejas de plata. Sin embargo, a otros bañistas el imaginario les llevó hasta Tenacitas, la langosta de la que Homer Simpson se encaprichó. «Si una langosta se asusta es porque se la está protegiendo demasiado», le decía un capitán de embarcación cuando la llevó a ver el mar. Homer la conoció en un acuario, no podía permitirse pagar mucho dinero por una langosta grande y decidió llevarse la más pequeña, a la que alimentó con huevos fritos y bacon, primero en una pecera y, más tarde, en una piscina hinchable, cuando Tenacitas ya había engordado.

Bart, Lisa y Marge, no paraban de decirle que el final de Tenacitas estaba escrito, que tenía que acabar hervida en el caldero. Pero él se negó durante semanas a tomar la decisión. Mientras tanto, regalaba a la audiencia momentos entrañables mientras la cogía en brazos, la llevaba a la playa con una correa de color verde y la protegía como a un hijo. Y de tanto cuidarla la mató. Una noche la metió en la bañera para darle un baño y el agua dulce acabó con Tenacitas. Siempre recordaremos a Homer, sentado a la mesa, llorando mientras se va comiendo a Tenacitas. « ¿Pero tú solito te la vas a comer entera?», le preguntaba Bart. «Tenacitas lo habría querido así», decía Homer entre sollozos. «Por fin descansas en paz, bonita», rezaba mientras la partía en dos y absorbía el jugo de la que había sido su mascota. «Qué sabrosa estás, ojalá estuvieras aquí para que te pudieras degustar», sentenciaba llorando.

Desconocemos si Ambrosio llegó a encariñarse tanto como Homer por esta langosta. Sí se la vio posar alegremente con ella. Pero seguro que habría preferido vivir en la ignorancia y no saber que, por una vez, se le ha comparado con un ser que dista mucho de parecerse a un dios del olimpo.

Tampoco la imaginamos diciéndole a la langosta que estaría más buena que ella cocinada al vino con tocino y perejil. Aunque, en realidad -y teniendo en cuenta que ella vive por y para el detox- Ambrosio también es humana y tiene (esperamos) sentido del humor.