Tom Barrack y Harvey Weinstein en 2013
Tom Barrack y Harvey Weinstein en 2013 - EFE

Tom Barrack, el amigo de Trump al rescate de los famosos en la ruina

Michael Jackson o Annie Leibovitz han sido algunos de los artistas con ahogos financieros a los que Barrack ha rescatado. Ahora está en el punto de mira por su relación con el presidente de EE.UU.

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Un tiburón de los negocios es alguien que detecta a su víctima antes que sus competidores. Hace una década, el magnate del ladrillo Tom Barrack olió sangre donde otros solo veían mansiones espléndidas, vidas de ensueño y portadas de revista. El inversor californiano, de 71 años, comprendió que el famoso en apuros era un activo del que se podía obtener una ganancia, como en cualquier otra inversión.

Su desembarco en este negocio fue en lo más alto del escalafón de la celebridad: Michael Jackson. En 2008, el Rey del Pop estaba en una situación crítica: llevaba años sin dar conciertos ni publicar discos, con un nivel de gastos alocado y con varios de sus principales activos en peligro. En especial, Neverland, el rancho de fantasía que construyó en California y que acaba de regresar a la primera plana como escenario de abusos sexuales por parte del artista a menores, descritos en un reciente documental de HBO. Este mismo mes, Barrack ha tenido que rebajar el precio de venta de Neverland de 100 a 31 millones de dólares.

Nueva línea de crédito

Jackson debía por aquel entonces 270 millones de dólares y estaba a punto de tener que entregar Neverland a sus deudores cuando Barrack apareció en escena. Ofreció una nueva línea de crédito al artista a cambio de quedarse con Neverland y recuperar su carrera musical. El retorno planeado de Jackson no se produjo: falleció poco antes de iniciar una esperada gira mundial. Pero se convirtió en una máquina de hacer dinero tras su muerte, cuando se dispararon los ingresos por sus trabajos discográficos y por el documental que contaba su preparación para la gira, y Barrack se benefició de ello.

No tardó en encontrar a otro famoso con ahogos financieros: la fotógrafa Annie Leibovitz, que se jugaba sus cuatro mansiones y los derechos de su obra -todos puestos como aval- ante un préstamo multimillonario que no era capaz de devolver. Barrack compró su deuda, aceptó las casas como aval y negoció cómo impulsar de nuevo su carrera, y quedarse con una parte de los beneficios generados.

Tom Barrack, Rob Lowe, Gwyneth Paltrow y Fred Savage en Los Ángeles, en 2015
Tom Barrack, Rob Lowe, Gwyneth Paltrow y Fred Savage en Los Ángeles, en 2015 - EFE

En una entrevista con la revista «New York» en 2010, Barrack aseguraba que su firma recibía «cientos» de peticiones de artistas y famosos para llegar a acuerdos similares. «Es un lodazal de oportunidades», decía sobre ese nicho de mercado.

Harvey Weinstein, el superproductor de Hollywood caído en desgracia por las acusaciones de abusos sexuales, también estuvo en la órbita de Barrack. Primero, compró la productora Miramax, fundada por Weinstein y su hermano Bob, a Disney por 660 millones. En 2016, la vendió al gigante catarí BeIn.

En 2017, se ofreció a rescatar financieramente a Weinstein, cuando la sangría de denuncias en su contra provocó el desplome de su productora, en una operación que finalmente no se llevó a cabo.

El hotel Plaza

En los últimos años, Barrack debe buena parte de su prominencia en la opinión pública a su relación con Donald Trump. Se conocieron en negocios del mundo del ladrillo neoyorquino de los años ochenta: cuando Trump compró el hotel Plaza, Barrack estaba en el otro lado de la mesa de negociación, en representación de los dueños del hotel. No fue una buena operación para el actual presidente -pagó de más y tuvo que vender el hotel en pocos años- pero forjaron una buena amistad basada en el amor por el ladrillo, el gusto por las mujeres jóvenes y la atracción por el ambiente del famoseo.

Barrack luce un tostado permanente de sus visitas a la Costa Azul y a Cerdeña, del surf en Bali y del polo -una de sus pasiones- en California y vive pegado a su avión privado, siempre de viaje, entre operaciones financieras y fiestas con celebridades, como su amigo íntimo Rob Lowe.

De Líbano a Los Ángeles

Su vida no siempre fue así. Sus orígenes son humildes, nieto de inmigrantes libaneses, creció en Culver City, un suburbio entre el centro de Los Ángeles y Venice Beach. Su padre tenía una tienda de comestibles y su madre, secretaria. Ya de abogado de un gran despacho, su conocimiento del árabe le permitió desarrollar una carrera en Oriente Medio, donde desarrolló una relación estrecha con la monarquía saudí.

Trump le ofreció un puesto en la Administración tras ganar las elecciones, pero Barrack lo rechazó porque estaba seguro de que tendría conflictos de interés. Acabó organizando -y ayudando a financiar- los fastos de la investidura en enero de 2017, un asunto por el que probablemente será interrogado este año en el Congreso de EE.UU. y del que habrá que ver si le salpica algún problema legal.