Beatriz Ferrer-Salat, durante una competición de doma clásica
Beatriz Ferrer-Salat, durante una competición de doma clásica - DAVID ALIAGA

Beatriz Ferrer-Salat: «Si alguien trabajó por el deporte fue mi padre»

La amazona de doma clásica charla con ABC sobre sus grandes logros en el mundo de la hípica con la vista puesta en la Copa del Mundo de Doma Clásica, que se celebra desde hoy y hasta el próximo domingo 25 de noviembre en el marco de Ifema Madrid Horse Week

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Aunque su nombre no resuena con tanta fuerza como el de otros deportistas de su talla, Beatriz Ferrer-Salat (Barcelona, 1966) es una eminencia en los circuitos hípicos. Se ha consagrado como uno de los referentes a nivel mundial en doma clásica a base de tenacidad y dedicación, siendo la única amazona española en conseguir una medalla olímpica individual en este deporte. Una hazaña de la que se siente muy orgullosa: «Es una gran satisfacción. He trabajado mucho y he tenido caballos buenos que me han permitido ganar, pero no me siento especialmente presionada porque ya haya ganado una medalla. Siempre intento hacer lo que puedo para que el equipo tenga el mejor resultado posible», dice en una entrevista concedida a ABC con la vista puesta en la Copa del Mundo de Doma Clásica, que se celebra desde hoy y hasta el próximo domingo 25 de noviembre en el marco de Ifema Madrid Horse Week, en la que participarán los grandes jinetes del mundo también de la modalidad de salto.

Ferrer-Salat entrena siete horas al día en Villa Equus, una finca situada en Gualba, Barcelona, en la que reside junto a sus caballos, además de sus trece perros, todos ellos adoptados. «Viven como reyes», comenta la amazona sobre sus équidos a los que no les falta de nada: cuadras grandes, un quiropráctico y hasta una masajista que le da los cuidados necesarios para relajar los músculos de los campeones. Vive tan entregada a sus animales que lleva una dieta vegana, se niega a comer nada que proceda de ellos. «No quiero comer animales, todo mi finca es vegana», dice.

Gran parte de sus logros se los debe a su padre, Carlos Ferrer-Salat, fundador de la CEOE y presidente del Comité Olímpico Español entre 1989 y 1998, quien le compró su primer caballo: «Era un señor muy ocupado, pero nuestra relación era muy buena y lo admiraba muchísimo. Desde luego, si alguien trabajó por el deporte, fue mi padre».

De difícil comprensión

Pese a la diversión y a lo emocionante que puede resultar practicar equitación o ser testigo de las hazañas de los jinetes en la pista, es un deporte complicado de entender. «Creo que es minoritario porque es un deporte complicado de compender, lo que atrae a menos público y, por lo tanto, menos televisión. Y al final lo que buscan los patrocinadores de deportes es que salga en televisión, es lo que les interesa...», explica sobre este apasionante deporte que, a veces, es tan incomprendido.