Bismarck está considerada como la «reina sin trono de Marbella», donde en esta época se reúne con numerosos amigos de la alta sociedad
Bismarck está considerada como la «reina sin trono de Marbella», donde en esta época se reúne con numerosos amigos de la alta sociedad - KORPA

Gunilla von Bismarck: «Somos una raza que está a punto de extinguirse»

La bisnieta del «canciller de hierro» lleva medio siglo reinando en Marbella. «Antes todo era más alegre, ahora todo es mucho más feo. No me gusta el mundo de hoy», dice en exclusiva para ABC

MADRIDActualizado:

Hubo un tiempo en que la condesa Gunilla von Bismarck-Schönhausen (Schleswig-Holstein, 1949), bisnieta del canciller alemán Otto von Bismarck, dedicaba sus días a dormir y sus noches a ir de fiesta en fiesta en su amada Marbella. Hoy, la reina de la jet set, la abanderada de la belle époque marbellí, la exmujer pero eterna pareja de Luis Ortiz, sigue siendo fiel a sí misma. Con una cabeza y un físico a prueba de la «Tardis» del Doctor Who, responde a nuestras preguntas desde su residencia alemana haciendo las maletas para irse hacia la Costa del Sol.

«Llamas cinco minutos tarde», es lo primero que se oye al otro lado del teléfono. Desde luego, hace gala de su vena germánica o, para más inri, prusiana. «Hay cosas que llevo muy mal (risas), como la impuntualidad. Pero te lo paso por alto», se apresura a decir. Para ella no pasa el tiempo, pero para el resto sí. Ya es abuela, aunque no lo parece. «Y me encanta serlo. Tengo dos gitanitos simpáticos y divertidos con ojos negros como los de Luis (su exmarido), y me río mucho con ellos», dice.

—¿Cuál es su secreto?

—No fumo, ni bebo ni me drogo. Tengo endorfinas naturales que vienen de dentro. No necesitas nada para ser feliz, y menos estimulantes... solo gente estimulante.

—¿En qué ha cambiado la Gunilla que conocimos en los ochenta?

—Me he vuelto más exigente, ya no aguanto tonterías ni que en una cena saquen el móvil y se pongan a tuitear. He cambiado, aunque menos físicamente que por dentro. En mi interior estoy más tranquila y soy más crítica. No me gusta el mundo de hoy. En los setenta y ochenta todo era más alegre, ahora todo es mucho más feo.

—¿Qué queda de la vieja Marbella?

—La maravilla del enclave, su clima, el aire libre. Cada vez conozco a menos gente porque muchos han muerto y los jóvenes son diferentes. Ya no voy a una boîte, porque no me gusta esa música, ni acostarme a las siete de la mañana como hacía antes... ¡Soy más vieja! Pero aquello sigue siendo mágico.

—Quienes la conocen dicen que es sincera y cercana...

—No sé si me ha querido mucha gente... Además, yo tengo muchas fachadas: puedo ser agradable, antipática, mandona, un amor. Tengo muchos cojones (arrastrando la jota).

—¿Cajones?

—(Risas) Según con quién me encuentre y dónde me pulsen, sale un compartimento u otro. Soy multifachada.

—¿Le gusta o le molesta el apelativo de «reina sin trono marbellí»?

—Yo me divierto porque sigo buscando el trono (risas).

—Y eso que lo traía de cuna...

—(Risas) ¡En Marbella no hace falta trono! ¿Sabes? Me divierte todo lo que dicen de mí.

«Era único. Hablaba nueve idiomas, contaba historias increíbles y era un cachondo mental», recuerda Gunilla de Jaime de Mora y Aragón. En la imagen, con Ortiz, Jaime y Margit Ohlson, en 1985
«Era único. Hablaba nueve idiomas, contaba historias increíbles y era un cachondo mental», recuerda Gunilla de Jaime de Mora y Aragón. En la imagen, con Ortiz, Jaime y Margit Ohlson, en 1985 - ABC

—¿Sigue haciendo lo que cree y lo que quiere?

—Sinceramente, sí. Me encanta la naturaleza, los animales, mi hijo, mis nietos, Luis... Bueno, Luis ¡lo que más! Y me encanto yo, cosa que no puede decir todo el mundo. Soy muy positiva, a pesar del tiempo en que vivimos.

—¿Qué tiempo?

—El terrorismo yihadista, los partidos de extrema izquierda, que todos vayan contra el PP y gobiernen cuatro partidos. Yo me siento afín a la ideología liberal alemana. Pedro Sánchez debería entenderse con Rajoy, porque él ha ganado las elecciones y deberían pensar todos en lo que queremos para España. También tengo un poco de «verde» y de «animalista»... Salvo de Podemos, hay un poco de todas las ideologías dentro de mí.

—¿Y por qué nada de Podemos?

—Porque, en el fondo, la gente tiene miedo a esa formación. De haber salido, se habrían ido muchísimos grandes inversores de España.

—Su bisabuelo hizo cosas bien y cosas mal, pero logró la unificación alemana... Usted ¿cómo ve el Brexit?

—Mi bisabuelo lo intentó y lo logró. A mí, el Brexit me parece un desastre tanto para Europa como para Inglaterra. Es más, creo que no se saldrán porque son conscientes de que no van a vivir mejor sin Europa. No solo es una tontería, sino que es un desastre, y creo que han votado sin pensar.

—Formada en Ciencias Políticas... ¿Nunca se le ocurrió dar un paso en algún partido?

—No, déjalo. Cuando veo a los políticos me doy cuenta de que estoy muy bien. No por ello dejo de pensar y opinar.

—Volviendo a un tema más amable, como Marbella, ¿alguien puede sustituir a Alfonso de Hohenlohe, Jaime de Mora o Menchu?

—Imposible. No hay nadie.

—¿Ustedes eran más locos?

—Fuimos únicos. Un soplo de aire fresco para Marbella, muy locos, muy libres... Y sin hacer daño a nadie. Yo ahora quiero que vengan el Rey Felipe y la Reina Letizia. Me encantaría. Su abuelo y su padre vinieron, aunque no de forma oficial. Sería bueno para esta ciudad que vinieran con sus hijas, igual que van a Palma. Además la Reina me encanta. ¡Me brindo a que vengan a mi casa!

—Gunilla, ¿cómo eran aquellos años en los que las fiestas duraban días?

—Una maravilla. Una de las más divertidas que recuerdo fue en Mau-Mau. Cantaba Roberto Carlos y estuvimos bailando y cantando hasta desgañitarnos, luego nos fuimos a la parte vieja de la ciudad y terminamos a las ocho de la mañana. Todo era impresionante, elegante. Guardo muchos recuerdos, como cuando me encontraba con Lola Flores en el Casino. Toda Marbella era elegante, impresionante... He conocido a grandes personas que, para mi desgracia, han muerto. Se han ido todos los divertidos.

—Por cierto, ¿qué hace con la ropa?

—Regalo mucha, pero también la guardo. Tengo ropa en Alemania, Suiza y Marbella. Me gusta ver fotos de fiestas de las que todavía guardo los trajes.

—¿Quién le ha impresionado más de toda la nómina de VIP marbellíes?

—La Princesa Grace y Rainiero de Mónaco, Gina Lollobrigida... es irrepetible. Pero, sin duda, una de las personas más impactantes fue Jaime de Mora. Era único. Hablaba nueve idiomas, contaba unas historias increíbles y era un cachondo mental. Pero ya no hay gente así. Ni en Marbella ni en ningún sitio. Somos una raza que está a punto de extinguirse.

—También su madre, Ann-Mari Tengbom, fue una anfitriona indiscutible en Marbella

—Es cierto, lo fue. Una mujer muy brillante, con mucha clase, que sabía hacerse querer y respetar. Se me fue en 1999. Sabía combinar a todo tipo de gente en las fiestas. Yo me pregunto: si en Marbella la gente de todas las razas, nacionalidades y religiones se entiende, ¿por qué no toma nota el resto del mundo?

—¿Qué personajes le resultan inolvidables?

—Sean Connery era impresionante. Y Audrey Hepburn y Mel Ferrer. Estuvieron en casa de mi madre. Aquellas amistades me las llevo en mi mochila emocional y tengo deuda con Marbella por todo lo que me ha dado. De los recientes, me quedo con Antonio Banderas y Melanie, entre otros muchos... Ahora ya voy más a fiestas privadas.

Bismarck saludando al escritor Camilo José Cela durante la inauguración del hotel Coral Beach, en 1990. «Ya no hay gente así, ni en Marbella ni en ningún sitio», se lamenta
Bismarck saludando al escritor Camilo José Cela durante la inauguración del hotel Coral Beach, en 1990. «Ya no hay gente así, ni en Marbella ni en ningún sitio», se lamenta - ABC

—Gunilla, se llegó a publicar que había sido novia del Rey Carlos Gustavo de Suecia...

—¿Y cómo sabes que no es verdad? (risas). No lo es. Estudiamos en el mismo colegio. Somos amigos de siempre. La Reina Silvia es madrina de mi hijo y sus chavales son fantásticos. Preparados y guapísimos. Me llevo bien con todos los reyes: los de Dinamarca, Holanda, Suecia... Me faltan el Rey Felipe y su mujer, que no la conozco.

—Eso hay que arreglarlo

—Pues me tendréis que ayudar. Ella me encanta y nos llevaríamos muy bien. De hecho, les invitaría a casa.

—Por último: ¿qué le ha dado Luis Ortiz para llevar tanto tiempo juntos?

—Está en la piscina y te está oyendo. No hay nadie como él: buena gente, decente, no distingue entre un rey y un jornalero. Es increíble, no me lo creo ni yo. Nos llevamos mejor que nunca: jugamos al pimpón, bailamos, vemos a los amigos... nos divertimos.