Jordi Cruz, en una de las campañas de Manila, la nueva cerveza de San Miguel
Jordi Cruz, en una de las campañas de Manila, la nueva cerveza de San Miguel - ABC

Jordi Cruz: «Llevo cinco años sin tomarme un día de fiesta, curro como un lelo»

El cocinero habla con ABC sobre su trabajo en MasterChef y frente a los fogones en su restaurante, Abac. También sobre el reto que supone haber conseguido una tercera estrella Michelin

MADRIDActualizado:

La energía y ganas de trabajar de Jordi Cruz no tiene límites. Cuando faltan escasos días para que celebre («en Abac, trabajando») su 40 cumpleaños, el catalán considera que «la vida es demasiado chula como para perder el tiempo». «Ya descansaremos cuando no estemos aquí», comentó Cruz hace unos días en conversación telefónica con ABC. Fue a finales del mes de noviembre de 2017 cuando regresó a su casa de la gala de Michelin, en Tenerife, enfundado en una impecable chaquetilla blanca con tres macarons bordados. «La tercera estrella solo funciona con exigencia, estando al pie del cañón, currando un montón y metiéndole horas», afirmó. Por eso, el secreto de Cruz para compaginar su trabajo frente a los fogones con su papel como jurado en MasterChef está en la organización: «Tres mañanas a la semana me desplazo a Madrid a grabar y por la tarde estoy de vuelta en Barcelona para dar servicio en Abac».

«Intento organizarme bien, con tranquilidad y sentido común», asegura Cruz, respondiendo a la pregunta sobre cómo consigue combinar su vida personal con la profesional. «Le saco el máximo partido al día, pero sin estrés ni agobios. Me lo tomo con calma y dándolo todo». Dice Cruz que está feliz y, posiblemente, esté atravesando uno de sus mejores momentos. No solo porque «ahora los 40 son los 30 de hace años», sino porque siente una «gran satisfacción por el trabajo bien hecho». Aunque se considera «una persona muy joven», que anímicamente está «como cuando tenía 20 años». « La juventud se lleva dentro y se refleja fuera, pero siempre sale del interior», por eso cree que la motivación es la mejor herramienta para seguir siendo joven. Quizá por ello los últimos años no ha tenido demasiado tiempo para descansar: «Llevo cinco años sin tomarme un día de fiesta, pero estoy muy feliz y muy contento».

Tras seis ediciones de MasterChef, tanto Cruz, como sus compañeros Pepe Rodríguez y Samantha Vallejo-Nágera, se han convertido en rostros familiares en más de tres millones de hogares españoles. Cruz comparte desde hace años su vida sentimental con Cristina Jiménez, también trabajan juntos en Abac. Sin embargo, poco se sabe de la vida personal del cocinero, que siempre ha preferido dejar en un discreto segundo plano. «Eso está provocado por mí mismo. Mi faceta de cocinero, y mi trabajo en el restaurante, creo que es interesante y creo que esa faceta mía de serio que muestro en MasterChef y que refleja lo que es la cocina de Abac, tiene que estar y darse a conocer, pero mi vida privada no le importa a nadie», reflexiona. «No es que le diga a la gente “no os interesa mi vida personal” -matiza Cruz-, pero yo mismo pienso que a quién le puede interesar lo que haga un cocinero en sus dos horas libres que tiene a la semana». Y es que, mientras que algunos consideran a este cocinero triestrellado un fuera de serie, él solo percibe que lleva una «vida atípica» sin mayor trascendencia, donde lo único que hace es «currar como un lelo».

Ha comentado en alguna entrevista que es de «silicona», que muchas veces no sabe sentir. ¿Le ha ayudado esta condición para ser jurado en MasterChef?

En la vida todo tiene su parte buena y mala. Ser un poquito roca tiene a veces su parte negativa, y es que a veces no sabes transmitir tus sentimientos. Sin embargo, otras veces me tendrían que ofender cosas que dicen de mí, y no me ofenden porque me resbala todo lo que dicen cuando veo que no está dicho para aportarme algo o para hacer bien.

Y hablando de empatía. ¿Cómo ha vivido todo lo que ha ocurrido en Cataluña estos últimos meses?

Con cierta tristeza, porque es un tema que tendrían que haber solucionado los políticos hace mucho tiempo y ahora se nos está yendo un poco de madre, está llegando al pueblo, a la gente, y está generando una situación que no es buena para nadie. Hace tiempo que los políticos tendrían que haber hecho eso por lo que les hemos puesto ahí a mandar: que es entenderse entre ellos y no liarla parda. Y se está viciando la situación llegando a extremos que no son positivos. Yo que me dedico a la hostelería, y tengo un negocio público, acabamos de salir de una crisis y deberíamos de estar tirando del carro.

Sabedor de todo lo que se «cuece» en una buena sobremesa, sentencia sobre el tema catalán: «Esto, con diálogo y sentándose los políticos a la mesa, se arregla». «Dejémonos ya de tonterías, y de fronteras y de pijadas. Al final, lo que quiere todo hijo de vecino es currar bien, ganarse la vida, que no le toquen la pela, que todo funcione y que todo vaya bien», concluye, reconociendo además que el conflicto en Cataluña ya se le hace pesado. «A mí, y creo que a todos, tanto a los que piensan de una forma como a los que piensan de otra. Todos queremos que sean los políticos los que se pongan las pilas y arreglen esto». Quizá lo consigan sentándose en una de sus mesas donde, además, ha introducido la cerveza Manila de San Miguel para maridar sus creaciones.

¿Irá a por la cuarta estrella Michelin, o ya se planta?

Tengo esa pequeña enfermedad de la actividad y de la falta de estar saciado. Es un drama, no creo que sea algo bueno. Me encantaría sentirme realizado ya del todo y poder relajarme. Pero el cuerpo no me lo pide, tengo la maldición de la superación. Y ahí estoy: lo que el año pasado me parecía imposible, ya lo hemos asegurado y asentado. Esto es un no parar, te lo juro que estoy muy enfermito.