Lalo Álvarez

La moda de rentabilizar la enfermedad

La frivolización de algunos famosos que padecen cáncer

Pilar Vidal
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Hay que remontarse a septiembre de 2004, en una multitudinaria rueda de prensa en el jardín de la casa de Rocío Jurado en La Moraleja (Madrid), para hablar por primera vez de cáncer en un famoso en nuestro país. La cantante explicó con detalles cómo había sido su intervención, a la vez que anunciaba que se marchaba a EE.UU. para continuar el tratamiento porque allí se iba a sentir «más segura y más tranquila».

Nadie hasta entonces se había atrevido mencionar la palabra «cáncer» de una forma tan clara ante los medios. Luego llegaría, en 2007, la cantante gallega Luz Casal, quien logró superar un cáncer de mama. Ella ha sido uno de los rostros comprometidos con la enfermedad y que con su ayuda ha concienciado a muchas mujeres.

Concha Velasco o Pau Donés también han reconocido públicamente tener un cáncer. Todos ellos no han cobrado ni un duro por hablar de la enfermedad y todas sus intervenciones han sido de carácter altruista o para apoyar campañas destinadas a la investigación o a la ayuda de otros enfermos anónimos.

Fue Terelu Campos la que en 2018 abrió la veda a la comercialización de la enfermedad. La presentadora ha protagonizado el caso más mediático de cáncer que hemos vivido y siendo la que más dinero se ha embolsado a través de ocho exclusivas entre portadas de revistas y programas de televisión, este año. En todas ellas ha hablado de su enfermedad, de su recuperación y de las secuelas que le dejaron la operación. Dar una cifra sobre cuánto beneficio le ha reportado es difícil, pero lo que es seguro es que más de 150.000 euros.

Su primera confesión causó mucha empatía en el publico, que se solidarizó de inmediato con ella; pero las repetidas apariciones -la última incluso para dar detalles de la reconstrucción de su pecho-, la han abocado a las críticas y le han hecho perder credibilidad.

Oportunista

El último en subirse al carro, y quizás antes de tiempo, ha sido Kiko Matamoros. El colaborador de «Sálvame» anunciaba en la portada de una revista: «Tengo varios tumores y me van a operar de urgencia». Unas declaraciones que convertían los tumores en tema de debate de programas de contenido rosa. Apenas un mes después y tras ser intervenido, se le detectó solo un tumor benigno en la vejiga. Su reincorporación ha sido inmediata y también muy criticada, porque se le acusa de vender la piel del oso antes de cazarlo.

Expertos en salud están alarmados pues en según qué programas se habla de determinados contenidos que luego pueden ser perjudiciales para el sistema sanitario. «Escuchar que no hace falta una biopsia para realizar un diagnóstico de cáncer o que todo el mundo opine de algo que solo conoce el médico que hace el informe y el propio paciente es muy alarmante», asegura un cirujano consultado. Es curioso que ninguno de los sanitarios que atienden a los rostros populares en sus enfermedades quieran dar la cara, prefieren guardar el anonimato y reservarse para publicaciones estrictamente científicas. De ahí, que algunos colaboradores televisivos parece que sepan más que los propios facultativos, cuando realmente no es así.

También es diferente cuando el paciente pide al hospital que emita un parte médico para informar a la prensa sobre los detalles de su enfermedad. En el caso de Matamoros, no lo hubo. «Un centro médico no está obligado a emitir nada. Solo si el paciente lo solicita en consenso con el centro. Los médicos es algo que no buscamos, excepto aquellos que lo que buscan es publicidad o reconocimiento», aclara otra fuente sanitaria.