El presidente alemán y su esposa en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid
El presidente alemán y su esposa en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid - EFE

La primera dama «salvada» tras recibir un riñón de su marido

Elke Büdenbender, una carismática jueza que esta semana acompañó a Frank-Walter Steinmeier, presidente de Alemania, en su viaje por España y Gran Bretaña

Actualizado:

Varios periodistas lloraron durante la rueda de prensa en la que Frank-Walter Steinmeieranunció, el 23 de agosto de 2010, que se retiraba durante dos meses de todos sus cargos para convertirse en donante de riñón para su mujer, Elke Büdenbender. «Ha estado muy enferma estos últimos meses y los médicos coinciden en que lo único que de verdad puede ayudarle es un trasplante», explicó. «Según las pruebas realizadas, el mío es compatible, así que yo voy a ser el donante», añadió.

El entonces vicecanciller y ministro de Exteriores de Alemania no quiso esperar los seis meses de media que tardaba entones en producirse una donación de riñón en Alemania y con esa decisión se ganó el respeto de los suyos y de los contrarios, convirtiéndose en una figura política incontestada por los diferentes partidos políticos. Esto facilitó que más tarde fuese designado por Merkel como presidente de Alemania, un cargo que debe ocupar una personalidad con reconocimiento generalizado en el país.

Operación inmediata

La operación, que tuvo lugar esa misma tarde, resultó un éxito y Elke se recuperó satisfactoriamente, por lo que no pudo negarle el favor cuando Steinmeier fue nombrado presidente de Alemania y ella tuvo que dejar su trabajo en el Tribunal Administrativo de Berlín para instalarse como primera dama en el Palacio de Bellevue, en el centro de la capital alemana. Todos los que la conocen saben que lo aceptó a regañadientes, al igual que todos saben que no era la primera vez que anteponía la carrera de Steinmeier a la suya propia.

Elke Büdenbender conversa con el Rey Don Felipe durante un almuerzo en el Palacio Real
Elke Büdenbender conversa con el Rey Don Felipe durante un almuerzo en el Palacio Real - EFE

Se conocieron a finales de los años 80, cuando ambos estudiaban Derecho en Giessen. Elke, además de atender a sus exámenes trabajaba en el departamento de investigación como asistente, para financiarse la carrera, y cuando Frank-Walter abrió su propio bufete en Baja Sajonia, en 1991, ella se trasladó también y terminó allí su formación. Se casaron en 1995 y un año después nació su hija, Merit. Para entonces la carrera política de Steinmeier era ya una prioridad clara y Elke había tenido que aceptar una nueva mudanza, esta vez a Berlín, ciudad en la que confiesa vivir muy a gusto y que le permite hacer la vida discreta que a ella le gusta.

En bicicleta

La residencia familiar está en el distrito de Zehlendorf, una casa con jardín de la que se ocupa personalmente a excepción de la tarea de cortar el césped, que está asignada a su marido. Disfruta desplazándose en bicicleta o en transporte público y suele ser muy crítica con el Partido Socialdemócrata, a cuyos miembros, incluso a los amigos de su marido, no suele hacer concesión alguna. «Es una gran mujer, segura, inteligente, simplemente genial», ha dicho de ella el excanciller alemán Gerhard Schröder. También tienen una casita de fin de semana en Brandemburgo que les garantiza en estos últimos años tiempo libre con total intimidad.

Solamente una vez abandonó Elke su disciplinada discreción, durante la campaña de 2009. Le indignó que los medios describiesen a su marido como «aburrido» y «poco carismático», así que dio una entrevista a la revista «Stern» en la que defendió que «de un hombre que llega cansado de un viaje al extranjero a la doce de la noche y se queda hasta las dos de la mañana ayudando a su hija a montar una estantería de Ikea solo puede decirse que es un gran tipo».

Fue durante esa campaña electoral, en la que su marido era el candidato socialdemócrata a la Cancillería de Berlín, cuando le preguntaron durante una cena con colegas del partido cuál sería su papel como primera dama, en caso de éxito electoral. Y ella dio una respuesta que seguiría siendo aplicable a su rol como esposa del presidente de Alemania: «El papel de Elke Büdenbender».