Elio Berhanyer y Charo Palacios, en el año 2000
Elio Berhanyer y Charo Palacios, en el año 2000 - Ernesto Agudo

Rabo de toro para Antonio Gala en casa de Elio Berhanyer

Alejandra de Rojas y Tessa de Baviera evocan cómo era en la intimidad el último grande de la moda española

MADRIDActualizado:

Elio Berenguer, el último grande de la moda española, fallecía el jueves, a los 89 años, en su casa de Madrid. Más conocido como Elio Berhanyer, el propio diseñador contó en 2013 en un documental de RTVE que su padre le quiso llamar Elio porque en griego significa «sol». Cuando supo que lo iban a fusilar en la Guerra Civil, su progenitor dejó una nota para Berhanyer que decía: «Te puse de nombre Sol para que te iluminaras con tu propio resplandor». Por eso Elio deshechó su apellido cuando tenía 9 años. «Si mi padre creó mi nombre, yo tenía que crear el resto. Entonces cogí, puse Berenguer y empecé a cambiar letras», explicó. Desde entonces, cada vez que le preguntaban su nombre, él respondía que se llamaba Elio Berhanyer.

Juan Duyos decía ayer en estas páginas que Berhanyer «disfrutó de la vida como nadie», algo que Alejandra de Rojas -hija de Charo Palacios, musa de Berhanyer- confirma a ABC: «Elio era una persona extremadamente sencilla a quien le gustaba mucho vivir». Alejandra no concibe su infancia sin él. Berhanyer ha sido parte de su familia. «Estaba muy unido a mi madre, era una persona muy cercana y se llevaba muy bien con mi padre», relata. La hija de la condesa de Montarco destaca que Berhanyer «era una persona extremadamente culta, muy leída» y que tenía «una visión futurista de la moda, que le llevó a que su estilo se diera a conocer fuera de las fronteras», viajes que siempre hacía con su madre.

Macondo, el guepardo

Durante estos días, se ha destacado de Berhanyer su elegancia y lo impecable que iba siempre, Alejandra también recuerda su perfume, «un olor muy intenso y fuerte» con el que podía anunciar su llegada a casa: «Mis padres tenían un dúplex, y yo sabía que había llegado Elio porque el olor llegaba hasta la planta de arriba. No era un olor desagradable; al revés, era muy atractivo. Siempre recuerdo el mismo olor». Con Berhanyer, Alejandra compartía su pasión por los felinos: «Se moría por los animales y eso denota sensibilidad». Tenía un guepardo que se llamaba Macondo, como el pueblo de «Cien años de soledad». «Lo paseaba por Madrid en un descapotable. De los felinos a Elio le atraía mucho su carácter independiente, creo que se veía un poco reflejado en ellos», cuenta.

Macondo vivió con Berhanyer en su chalet de la zona de Arturo Soria. «Era muy amigo de sus amigos y le encantaba recibir en su casa. Lo hacía siempre impecable, le estoy viendo con esos pantalones blancos y una especie de caftán... y siempre que podía iba descalzo», recordaba ayer Tessa de Baviera, a quien le unía una gran amistad con Berhanyer gracias a Charo Palacios. Era un gran anfitrión y un excelente cocinero, una faceta que se desconoce sobre él. «Como buen cordobés hacía muy bien el rabo de toro. Le echaba muchas horas. Todos los sábados lo cocinaba en su casa para Antonio Gala», concluye Alejandra de Rojas. Con la muerte de Elio Berhanyer termina una época.