Robin Wright junto a Kevin Spacey
Robin Wright junto a Kevin Spacey - EFE

Robin Wright pide «una segunda oportunidad» para Kevin Spacey

La Fiscalía de Los Ángeles rechaza procesar al actor por un caso de agresión sexual

María Estévez
LOS ÁNGELESActualizado:

Casi un año después de que estallara el bombazo de las acusaciones de acoso y agresiones sexuales contra decenas de mujeres por parte del productor Harvey Weinstein (66 años), lo que levantó un tsunami mediático que arrasó con la carrera profesional y la reputación de un buen número de celebridades de Hollywood, la situación procesal de algunos de los acusados comienza a despejarse. Entre ellos, Kevin Spacey (59), alejado de la escena pública desde que un rosario de denuncias por parte de jóvenes actores enterrara su prestigio. Ayer se supo que la Fiscalía de Los Ángeles no le procesará por los supuestos delitos sexuales que se le achacan en esa ciudad.

Pero no es el único beneficiado de esta decisión del ministerio público. El cómico Anthony Anderson (48) y la antaño estrella del cine de acción Steven Seagal (66) tampoco serán juzgados. En el caso de Anderson, la Policía de Los Ángeles abrió una investigación después de que una mujer le acusara de agresión sexual. Tras la negativa de la denunciante a ser entrevistada tras presentar el informe inicial, el caso ha sido rechazado. Los fiscales también han comunicado a Seagal que ha prescrito un presunto asalto sexual que tuvo lugar en 1993 cuando la víctima tenía 18 años de edad.

La caída de una estrella

La de Spacey es una situación análoga a la de Seagal: su supuesto ataque a un hombre, ocurrido en 1992 en la ciudad de Los Ángeles, se considera nulo debido al tiempo transcurrido desde entonces y a que la víctima no era menor de edad cuando supuestamente sucediron los hechos. De cualquier manera, esa y otras acusaciones obligaron al multipremiado actor -dos Oscar, un Globo de Oro y un Tony- a retirarse de la serie de Netflix «House of Cards» y verse reemplazado por Christopher Plummer (88) en «Todo el dinero del mundo», de Ridley Scott (80). En agosto, el estreno de su última película, «Billionaire Boys Club», obtuvo una recaudación de 126 dólares. De cualquier manera, Spacey -que tan solo se ha disculpado de un caso de acoso y ha negado el resto- empieza a ver la luz al final del túnel, y no sólo por la decisión judicial a su favor.

Steven Seagal con su familia en Venecia
Steven Seagal con su familia en Venecia

Ayer se estrenó el primer tráiler de la sexta temporada de «House of Cards», donde el personaje de Robin Wright (Claire Underwood) aparece frente a la tumba del personaje de Spacey (el despiadado Frank Underwood). El estreno será el 2 de noviembre. Y desde el despido de Spacey, Netflix ha guardado silencio sobre el actor. Nadie se había pronunciado sobre él... hasta ahora.

«No conocía al hombre»

Precisamente ha sido Robin Wright (52), su esposa en la ficción, la única que se ha atrevido a levantar la voz para, al menos, plantear sus dudas sobre la situación y echarle un capote. Si hace dos meses en el programa «Today» escurrió el bulto diciendo que solo conocía al actor y no al hombre, y que ella fue la primera sorprendida con las acusaciones, ahora Wright ha concedido una entrevista a «Net-A-Porter» en la que dice que cree en «las segundas oportunidades», incluso si se trata de Kevin Spacey. No hay que olvidar que la actriz estuvo casada con Sean Penn (58), quien fue acusado por Madonna (60), su primera esposa, de golpearla.

A propósito de si Spacey recibirá alguna vez el perdón de Hollywood, Wright dice que «creo que cada ser humano tiene la capacidad de reformarse. En ese sentido, las segundas oportunidades siempre son buenas. Creo en ellas. Se llama crecimiento».

Wright admitió que en los últimos meses no había estado en contacto con Spacey y dijo estar segura de que «cuando esté listo, tenderá la mano». Añadió que hasta cierto punto siente lástima por su ex compañero de serie, aunque eso no significa que quienes hablaron en su contra no estén en su derecho de hacerlo. E hizo un alegato contra la sobreexposición mediática. «Es una pesadilla, un tsunami. ¿Por qué nuestra vida privada tiene que ser tan pública? Creo que la vida personal de todos debería ser personal. Positivo, negativo, neutral, lo que sea, no es asunto de nadie... No me refiero al movimiento #MeToo. Estoy hablando de los medios. Es una sensación horrible que un extraño decida que sabe quién eres».