La condesa Gunilla von Bismarck posa en su casa de Marbella
La condesa Gunilla von Bismarck posa en su casa de Marbella - KORPA

La vida loca de los sobrinos de Gunilla von Bismarck

Un adicto a las drogas, un «diputado perezoso» y el amante de Kate Moss son los más díscolos del clan

MADRIDActualizado:

Los británicos hundieron el acorazado «Bismarck», pero los tabloides ingleses no podrán hacer zozobrar a la familia que dio nombre al legendario buque de la armada alemana. El «Daily Mail» publicó esta semana que el músico Jamie Hince, de 47 años, planea demandar a su mujer, la supermodelo Kate Moss, de 42, por supuesto adulterio. El líder de la banda The Kills y la top model están distanciados desde el verano y la antigua musa de Calvin Klein ya está saliendo con el hijo de una de sus mejores amigas. El nombre del apuesto tercero en discordia es Nikolai von Bismarck, un fotógrafo de 28 años que ostenta el título de conde y hace honor a la saga familiar.

La revista «Tatler», guía oficial de la alta sociedad británica, saca los trapos sucios de los Von Bismarck en su número del mes de febrero. «Si no están ofreciendo una fiesta, los Bismarck están en la de alguien más», asegura el veterano cronista Keith Dovkants en un extenso reportaje en el que aborda las alegrías y tragedias de una dinastía que se remonta al canciller Otto von Bismarck, padre fundador del Estado alemán moderno.

El actual jefe de esta casa principesca, Ferdinando, continúa viviendo en el centenario castillo familiar, el schloss Friedrichsruh, al este de Hamburgo. Allí nació el miembro más popular de la saga, Gunilla von Bismarck, a la que la prensa española coronó hace décadas como la «reina sin trono de Marbella». El castillo, en Aumühle, fue escenario de la boda de Gunilla con el madrileño Luis Ortiz en 1978. Pero la bisnieta del «canciller de Hierro» no tardó mucho en crear su propio reino lejos de su fría y sombría tierra natal.

Con sus cabellos rubios y unas piernas infinitas, la condesa Gunilla aterrizó en Marbella con ansias de conquista y la alta sociedad patria se rindió sin más, otorgándole títulos tan rimbombantes como el de «la princesa nibelunga». Durante sus casi 40 años de reinado, y para envidia de su gran amigo el Rey Carlos Gustavo de Suecia, solo protagonizó dos escándalos. En 1986 demandó a la revista «Tiempo» por publicar un reportaje en el que se decía, entre otras cosas, que no pagaba a su casero y al carnicero. La aristócrata alegó intromisión en su honor y la justicia desestimó la demanda. En 1999 volvió a pasar por los tribunales cuando Hacienda le embargó 89,2 millones de pesetas por no declarar lo que ganaba con sus entrevistas a revistas del corazón. Peccata minuta en comparación con los escándalos que han protagonizado sus sobrinos en los últimos años.

El verdadero sucesor

En el cénit de su romance con Kate Moss, el joven conde Nikolai planea su fuga de Londres. Volará a la República Democrática del Congo, donde seguirá disparando con su máquina de fotos. Pero Nikolai no es el único sobrino díscolo de Gunilla. La adicción a las drogas y la muerte por sobredosis de heroína de una gran amiga, Olivia Channon, hicieron que Gottfried von Bismarck, hijo del príncipe Ferdinando, se suicidara en su apartamento del barrio londinense de Chelsea, donde encontraron todo tipo de juguetes sexuales y donde, según la Policía, la noche anterior a su muerte había tenido lugar una bacanal. Su padre, tuvo que mandar a una persona de confianza para pagar todas sus deudas pendientes. Pero el sufrimiento del príncipe Ferdinando no terminó con él. A Carl-Eduard, que sería su sucesor al frente de la casa von Bismarck, le apodaron «el diputado más perezoso» del Bundestag, porque pasaba gran parte del tiempo en Nueva York.

Aunque parece que todo ha vuelto a la normalidad en la vida de los von Bismarck, el príncipe Ferdinando prefiere que el legado familiar lo dirija Gregor, su tercer y último hijo. Un nuevo escándalo se cierne sobre los descendientes del canciller.