Javier Larraínzar deja la moda y monta un chiringuito
ERNESTO AGUDO

Javier Larraínzar deja la moda y monta un chiringuito

El reconocido diseñador deja la aguja para montar Sylt, un negocio en la playa de Las Chapas de Marbella

beatriz cortázar
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Cambio radical. Eso es lo que decidió hace más de un año el diseñador Javier Larraínzar, tras ver cómo el mercado de la moda caía en picado y las cosas se complicaban sin posibilidad de mejorar. Larraínzar vio con claridad cómo el sueño de su vida, tener su firma de moda y hacerla un negocio rentable, no solo no se cumplía, sino que podía convertirse en una pesadilla. Al igual que otros nombres de la moda de España, tras el nombre y el brillo de los desfiles apenas queda algo. Aquí no hay industria que respalde a nuestros creadores y de eso se llevan quejando todos durante los últimos treinta años.

En vista del panorama y los problemas que tuvo con algunos socios, Javier Larraínzar se despidió del diseño, de las pasarelas y de los nervios de los desfiles para instalarse en Marbella junto a su novia. Allí, en la playa de Las Chapas, descubrió lo que él considera su «tesoro»: un viejo chiringuito de playa sin ninguna gracia, pero en un lugar perfecto para sus planes. Tras negociar con la propietaria, consiguió los derechos de explotación de dicho chiringuito, que ha decorado durante este invierno y que ha abierto con el nombre de Sylt, que hace referencia a una isla alemana en la que veraneaba de niño. Hoy, la terraza de su chiringuito destaca frente a otras por sus enormes sombrillas blancas. «Soy un hombre feliz. Este proyecto me ha tenido loco de alegría y ahora es una realidad. Estoy encantado. La idea es tenerlo abierto todo el año, siempre que el tiempo lo permita», me comentó durante la Luxury Weekend de Marbella, al que acudió con su pare ja. El negocio lleva abierto cinco meses y promete ser uno de los puntos de referencia del verano marbellí.