Desfile en La Alta Costura de París
Desfile en La Alta Costura de París - AFP
La Alta Costura de París

Entre el futurismo de los años 60 y el rigor de las nannies británicas

Maria Grazia Chiuri continuó con su vocación rompedora en Dior, mientras que casas de moda más recientes brillaron por su estilo retro renovado

ParísActualizado:

Una de las revelaciones más curiosas de estos primeros días de desfiles de la Semana de la Alta Costura de París, ha sido el hecho de que Dior y Chanel hayan coincidido curiosamente en la presentación de dos colecciones que -como mínimo- podríamos definir como paralelas. Abrigos largos, formas estrictas, lana y tweed, predomino de grises y, para colmo, casi idénticos sombreros de ala corta en tonos pardos. ¿Es coincidencia, beben de las mismas fuentes - bureaux de style que venden los mismos libros de tendencias a todas las marcas- o puede existir un flujo desconocido de información entre las dos «maisons»?

En cualquier caso, el estilo elegido por Lagerfeld y Chiuri para las colecciones de Alta Costura de Chanel y Dior respectivamente, es de una clara influencia Rottenmeier. Fue curioso ver a las modelos desfilar con abrigadísimos atuendos largos en gris hechos en materiales masculinos como el tweed o la franela. El resto de los atuendos, a excepción de varios modelos en seda, plisados o más vaporosos, siguió la inspiración en Mary Poppins con un toque de terror y futurismo. Ambas casas escogieron - y no fueron las únicas- calzado plano, ya fuese en forma de botín - como Chanel- o de zapato.

Lo que definitivamente desencadenó la voz de alarma fue la similitud de los poco favorecedores sombreritos de ala corta en tonos grises, de inspiración tan variopinta como poco favorecedora, que ambas marcas utilizaron en sus respectivos desfiles: algunos parecían los bombines «borsalino» de las bolivianas, que históricamente proceden de los sombreros de fieltro inspirados en los que los señores españoles llevaban hasta hace de 100 años. Otros modelos, tanto en Dior como en Chanel, sugerían de modo evidente a los de ala corta y poco volumen -casi podríamos decir «chafados» sobre la cabeza- que llevan las estrictas e incluso terroríficas tatas más chic del mundo anglosajón: hablamos, como no, de los ridículos sombreros de las nannies formadas en Norland, la más reconocida escuela de este tipo en Gran Bretaña -y probablemente en el mundo-, donde Kate Middleton y el príncipe Guillermo encontraron a su joya española: María Teresa Turrión Borrallo, actualmente a cargo de sus hijos George y Charlotte.

Modelo de Chanel en La Alta Costura de París
Modelo de Chanel en La Alta Costura de París -  AFP 

El contrapunto lo pusieron casas de moda relativamente jóvenes en comparación, como Ralph & Russo o Giambattista Valli, que hicieron un despliegue de estilo sesentero lleno de luminosidad y elegancia. El sombrero vertical blanco con el que Ralph & Russo comenzó el desfile, podría ser una versión del que Audrey Hepburn llevaba en «Cómo robar un millón» de Wyler, un extraño y voluminoso chapêau blanco de inspiración galáctica que probablemente se inspirase en las creaciones de Pierre Cardin por aquel entonces. Ralph & Russo también parecen haber «bebido» de fuentes del Nilo, adoptando el alto sombrero que los faraones y potentados del Antiguo Egipto llevaban, llamado «corona blanca».

Giambattista Valli hizo gala de portar la antorcha de la antigua feminidad, con una delicada suerte de tutús, vestidos de gasa, sedas floridas y románticas túnicas. Con su excelente trabajo, ha conseguido algo nada fácil para una marca que se bate en duelo con los clásicos de la costura parisina: vender. Y para colmo, las reinas, princesas y las actrices de Hollywood se sortean al italiano para pasear por las más sonoras alfombras rojas del mundo. Stephane Rolland cumplió sus 10 años en la pasarela de París y no faltó en su desfile su musa, la española Nieves Álvarez, luciendo uno de los sorprendentes y atrevidos atuendos del creador, inspirados en una onírica e inexistente «Batwoman» o en la mismísima «Maléfica» de Angelina Jolie. Schiaparelli deleitó con una colección de clásica modernidad no exenta de surrealismo, pero más bella y ponible que nunca.