Manolete
Manolete - ABC

Manolete, el primer torero fashionista

«El Monstruo» de Córdoba revolucionó la tauromaquia y la moda masculina de los años 40

MadridActualizado:

Cada año por el mes de agosto, los cordobeses de pro y los aficionados a la tauromaquia recordamos con un pinchazo en el corazón la pérdida de Manolete. Y es que Manuel Laureano Rodríguez Sánchez (Córdoba, 4 de julio de 1917-Linares, 29 de agosto de 1947), revolucionó los ruedos y supuso un antes y un después en el mundo del toro. Pero el astro de Córdoba, que tan bien representó los valores de su ciudad natal, fue además un revulsivo para la rancia moda masculina española de la época.

El IV Califa del Toreo, tan elegante, reservado, serio e inimitable como la ciudad que lo parió, marcó la España de la posguerra con su gran personalidad a la hora de lidiar un toro y de enfrentarse a la vida. «El Monstruo», apodado así por ser referente de una manera de entender el toreo, fue siempre un enigma, por más que se hayan escrito 600 libros sobre él. El «suicida inconsciente», leyenda e icono español donde los haya, toreó con maestría, finura y pases mirando al público, citando de lado con su postura mayestática e inmóvil.

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Alto, delgado, de frente despejada y ojos de triste magnetismo, el elegante y peculiar porte de Manolete seguía impresionando fuera del ruedo. Sus impecables trajes de chaquetacruzados con pañuelo en el bolsillo izquierdo rivalizaban con su mirada penetrante, su perfil griego y ese eterno cigarrillo a medio consumir en la mano. Las gafas, vanguardistas y compradas en el extranjero, fueron otro de sus amuletos fuera de la plaza. Sus calcetines, curiosos y con más de un color, no se han puesto de moda hasta recientemente. Los pantalones con vuelta en los bajos, los trajes de chaqueta blancos en lino -más propios de un actor de Hollywood que de un torero andaluz- y sus eternos zapatos bicolor ingleses, fueron otros de sus clásicos.

Pero quizás lo que más sorprenda sea ver a un Manolete ataviado con pantalones vaqueros y cazadora oscura, un atuendo que no se popularizó hasta 10 años después de su muerte y que Marilyn Monroe lanzó a la fama mundial solo a principios de los 60. Esto muestra lo viajado que estaba el diestro cordobés, quien, además de reponer su armario en una entonces modernísima Cuba, visitaba con cierta frecuencia EE.UU. De allí se había traído una gran nevera norteamericana para su preciosa casa de Córdoba, que había pertenecido al padre de Ortega y Gasset.