«No, si a mí no me gusta la Feria, yo vengo por los niños»
«No, si a mí no me gusta la Feria, yo vengo por los niños» - kako rangel
feria de abril de sevilla

Frases de Feria: del «yo este año solo iré un día» al «de verdad que es la última, cariño»

Ni el tío de la tómbola se repite tanto como este repertorio de frases que resuenan año tras año por todos los rincones del real

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Si uno se para a pensar en las frases más típicas que se oyen en los días de la Feria de Abril de Sevilla - o de cualquier otra feria - rápidamente se nos vienen a la cabeza los estribillos de las sevillanas más famosas o el típico grito de «¡Qué alegría, qué alboroto otro perrito piloto!» que sale de los altavoces de la tómbola. Pero basta con escucharnos a nosotros mismos antes de salir hacia el real, estando ya en pleno ambiente, o saliendo de vuelta a casa para darnos cuenta de que hay sentencias que se repiten más que la comanda de tortilla.

El hashtag en Twitter #frasesdeferia viene sacando a relucir algunos de estos ejemplos, entre los que no faltan las frases como:

«Yo este año no iré más de un día». Total, si la Feria lleva ya muchos años inventada y todos son iguales. Y es que plantarse en Los Remedios da tanta pereza... Pero al final, guste más o guste menos, toca atender a las visitas foráneas y los compromisos familiares y echar más horas en la Feria que la gitana de los buñuelos.

«El año que viene me busco un abono del parking, fijo». Pero fijo que no. Otro añito más toca marearse dando mil vueltas tratando de dejar el coche cerca de la Feria. Pero la cosa está imposible. Y el móvil que ya está sonando: «Fulanito, ¿donde estás?»«Es que aquí el señor agente no me deja pasar. Pero tranquilo, que 'me he quedao' con su cara». Pero no con la copla, porque el año que viene, más de lo mismo.

«No, si a mí no me gusta la Feria, vengo por los niños». Como padre sacrificado toca hacer un esfuerzo y cargarse con el carro, los pañales y el biberón de la niña pequeña. Es una lata tirar del carrito por el albero con tanta bulla. Y por el empedrado todavía peor, con tanto bache, y con tanto caballo... y las huellas que van soltando. Pero es que a la peque le gusta tanto la Feria que ni el tronar de las corraleras le impide quedarse frita. Será por los farolillos, que le recuerdan al móvil que tiene sobre la cuna.

«Yo ahí no me monto». Ahora que la niña está dormida es hora de darle una vuelta a Alejandrito y lleváserlo a la calle del Infierno. También, porqué no de decirlo, para dar esquinazo por un rato a la suegra, que echa más horas en la caseta que el camarero. Pero al llegar a los cacharritos, tragedia: el niño ya no le ve la gracia al castillo flotante y ha decidido que este año, como ya es mayor, quiere probar cositas nuevas. El reclamo martilleante del Ratón Vacilón lo cautiva. Pero todavía es pequeño para que se pueda subir solo. Pero por más que haga ojitos le puede ir quedando claro: «Yo ahí no me pienso subir»

«Pásate por mi caseta». ¿Quién no se ha encontrado con el típico compadre que te da un efusivo abrazo y te dice aquello de «Y este año, pásate por mi caseta»? Pero claro, no va a uno a responderle con la cuestión de rigor: «¿Y tu caseta cuál era? Porque si alguna vez he estado no me acuerdo donde queda...»

«El último año que se viene tu madre». Bien podría la señora hacer por quedarse en casa pendiente de los niños. O por lo menos, de Juan y Medio, que no se lo pierde nunca y parece que se echa al real solo por ver si se lo encuentra. O a María del Monte. A ella le da lo mismo. Lo importante es dar un poquito de calor en la Feria, como si no hubiera bastante con la que está cayendo...

«Pasad, pasad, que está todo pagado». Hombre, se agradece una invitación tan directa. Las cosas claras, como Dios manda. Menos en el rebujito hombre, que este que ponéis aquí es solo refresco...

«¿Que no sabes bailar? Tú déjate llevar». Todo un clásico que año tras año escuchan los desdichados que sin tener ni idea del baile por sevillanas son forzados a hacerlo. La frase tiene otras variantes. Y es que si se juntan dos valientes que sin haber pisado la academia se animan a bailar, es típico que se miren entre ellos y se pregunten: «¿Y esta cuál es? ¿La primera o la segunda..? ¡Da igual!»

«Tengo dos entradas para los toros para esta tarde». Si pereza da meterse en la Feria, más da a veces tener que salir de allí. Y es por eso que en la sobremesa se le presentan a uno ocasiones insólitas para plantarse en la Maestranza por la patilla. El típico abonado que va al real al mediodía y cuando se acerca la hora de la corrida lleva una agustera tan grande encima que no quiere moverse ni aunque lo acerquen al Baratillo en coche de caballos. Así que se mira el reloj, se acuerda de que esa tarde no torea Morante y lanza su proclama por si alguien hace por aporvechar los tickets, que su dinero le han costado.

«Papá, ¿no puedo quedarme un ratito más?». Ojú con la niña lo que le gusta la Feria. Hasta en eso ha tenido que salir a su abuela. Y encima me viene con el cuento de que la amiga la acompaña más tarde a casa. Pero yo no me chupo el dedo. Tú te quedas auí ya y te vienes con nosotros para casa. A no ser que tu madre diga lo contrario, claro.

«De verdad que esta es la última, cariño». Y pasan las horas y las horas sin hablar de nada de lo que al día siguiente se vaya a acordar uno. Y pasan las jarras de rebujito como si nunca se acabaran. Y pasa una flamenca tan guapa que uno se la queda mirando tan fijo como la misma señora del prenda lo mira a uno mirar. Y te suelta con el ceño fruncido: «venga, que nos vamos». Pero espérate mujer que esta jarrita la acaban de traer y es una pena tirarla.

«Me tengo que ir, ahora que le estoy encontrando el puntito». No, si tu verás. Al final se tiene que ir uno a casa antes que la niña. Y justo ahora que me estaba ambientando. Pero es que está la abuela ya a punto de quedarse tan frita como la niña chica. Si al final va a ser mejor irse antes de que esta mujer monte aquí un espectáculo. Pues nada, a recoger y a buscar un taxi que ya no está uno ni para coger el coche de vuelta.

«¿Pero tu has visto como está la cola de los taxis? Para el tiempo que vamos a esperar mejor nos vamos andando...». Además eso sería lo mejor para irse despegando de la papa. Pero, como no podía ser de otra manera, a la señora suegra no le hace gracia la idea. Ni darse el paseíto ni esperar un taxi. Ya puestos a hacer cola lo mejor es hacerlo para coger el autobús, que deja cerquita de casa y es mucho más barato.

«¿Cogemos este autobús o esperamos al siguiente para sentarnos?». Después de una hora en la cola de Tussam, con los pies machacados y la cabeza como un bombo, llega el turno de entrar en el autobús, Y uno se va sacando la cartera - otra vez -cuando ve la suegra que aquello va como una lata de sardinas. La mujer se frena en seco y proclama: «Mejor esperamos al siguiente que yo me pueda sentar».

«Yo mañana no voy a la Feria». ¡A quién le quedan ganas de Feria después de aquel esperpento! Madre mía, qué calor, qué hartón tan malo manzanilla y de empujones por el real. Y la cartera que está ya tiritando. Pero claro cariño, si resulta que mañana vienen tus primos desde Albacete pues tendremos que ir. ¿A qué hora dices que recogemos a tu madre?