La evolución del traje de flamenca
Trajes de flamenca de los años 70 - ABC

La evolución del traje de flamenca

Desde la bata de percal de las primeras ferias de ganado hasta los modelos de pasarela que se lucen hoy día en el real, el traje de flamenca ha sufrido números modificaciones

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El traje de flamenca ha experimentado muchas evoluciones según la moda de cada época, aunque como veremos en la próxima selección de fotos siempre hay algún elemento del mismo que se rescata de las tendencias más antiguas.

Su origen se remonta a las ferias de ganado en las que los tratantes acudían acompañados de sus mujeres, la mayoría de ellas de etnia gitana, que vestían con modestas batas de percal adornadas con volantes. Estos atuendos, bastante humildes, terminaban rematados con uno o más volantes.

Los adornos llegaron un poco más tarde: pasacintas, cordoncillos, encajes de bolillos, tiras bordadas, piquillos, etc. Cuando las clases pudientes copiaron el vestido de las trabajadoras del campo. A partir de la Feria de Abril celebrada en el año de 1929, el traje se consagró como la vestimenta oficial para acudir al evento, tradición que se ha mantenido hasta la actualidad.[

La hechura clásica del traje es el llamado «cuerpo de guitarra», que realza indudablemente la belleza de la mujer. El cuerpo del traje siempre ceñido, y según la tendencia del momento, el corte que los abre partía desde la cintura como en los años 70, marcando en otros la cadera, y llegando en los últimos años a quedar a media pierna e incluso para las más atrevidas y sufridas justo por encima de la rodilla.

Los largos también se adaptaron en su momento a las modas, en los años sesenta y setenta del pasado siglo sus dimensiones se acortaron hasta la media pierna o la rodilla. Fue la época de la niña Marisol, de los trajes cortos, los talles altos y los pasacintas de colores. Hoy este tipo de hechura lo podemos ver sobretodo en niñas entre los 3 y los 12 años.

Todos los tejidos valen para su confección, veremos también como han ido evolucionando desde el organdí y el percal, al algodón y el hilo. Adornados con cintas o tiras bordadas, o lisos terminados en cordoncillo. Los volantes, que pasan de ser fruncidos a ser por completo de capa, varían cada año su tamaño y número. Los escotes de pico o redondo, según las épocas, y con mantoncillo cruzado o caído sobre espalda y escote. Y como no las mangas, que pasan de cortarse en la sisa con muchos volantes a bajar al codo e incluso a la muñeca.

Este continuo reinventarse implica también a los complementos o avíos. Si un año se lleva la flor grande y algo más baja, al siguiente pequeña y alta; si un año el pendiente es de aro, al siguiente de pera; si un año el mantoncillo con flores pintadas, al siguiente de tela estampada o liso…